Lagarde discurso BCE: claves del dinero en transición que cambiarán los tipos

El eurosistema pondrá en marcha este año el proyecto Pontes para liquidar transacciones tokenizadas con dinero de banco central. Más del 60% de los pagos con tarjeta en la eurozona dependen de redes extranjeras.

Más del 60% de los pagos con tarjeta en la zona euro circulan por redes que Europa no controla. Christine Lagarde ha puesto cifras esta mañana al déficit de soberanía financiera que el BCE quiere atajar con el euro digital. En su intervención en la conferencia ‘Money in transition’, la presidenta del Banco Central Europeo ha desvelado una hoja de ruta en tres frentes —mayorista, minorista y transfronterizo— que aspira a reconfigurar los pagos europeos antes de que la dependencia externa sea irreversible.

Tres proyectos para un mercado único de pagos digitales

El discurso celebrado en Fráncfort ha servido para anunciar hitos concretos. El proyecto Pontes comenzará a liquidar transacciones tokenizadas con dinero de banco central este mismo año, según Lagarde. Es la respuesta a una exigencia clara de la industria: más de 60 participantes consultados por el Eurosistema dijeron que no emitirán activos digitales a escala sin la posibilidad de liquidar en moneda de banco central. El argumento es que ningún token respaldado euro por euro ofrece la misma confianza ni la elasticidad de liquidez que el dinero público.

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Paralelamente, el proyecto Appia va un paso más allá. Traza el diseño de un mercado paneuropeo de finanzas tokenizadas, con estándares compartidos que eviten que las redes queden aisladas entre sí. Hoy existen 32 depositarios centrales de valores en la UE, frente a los dos de Estados Unidos, y esa fragmentación lastra la unión de los mercados de capitales. La tokenización permite registrar la propiedad una sola vez y liquidar valores y efectivo en el mismo instante, con las condiciones escritas en el propio instrumento.

El euro digital rompe el círculo vicioso de las tarjetas

En el frente minorista, Lagarde ha recordado que 13 de los 21 países de la zona euro carecen de un esquema nacional de tarjetas. Los circuitos internacionales acaparan más del 60% de los pagos con tarjeta. El problema es un bucle que el euro digital aspira a romper: ningún comercio adopta lo que pocos clientes usan, y ningún cliente usa lo que pocos comercios aceptan. Al ser de curso legal, el euro digital deberá ser aceptado en todas partes, y sus estándares técnicos abiertos permitirán que cualquier proveedor europeo compita desde el primer día.

Con ello, Europa podría contar por primera vez con un instrumento de pago que funcione en todo el territorio de la Unión. La presidenta del BCE ha subrayado que el efectivo no desaparecerá —la nueva serie de billetes está en camino—, pero ha advertido de que los ciudadanos corren el riesgo de perder la conexión con el dinero público si su vida se digitaliza por completo sin una alternativa soberana.

Europa lleva décadas intentando tejer sus sistemas nacionales en uno solo. Ahora puede construir una capa nueva que nazca completa.

Geopolítica tras los pagos: soberanía que antes no importaba

El discurso entrelaza innovación y seguridad económica. Lagarde ha reconocido que la geopolítica ha convertido la propiedad de las infraestructuras financieras en un instrumento de poder, de modo que la soberanía importa donde antes no. Las stablecoins denominadas en dólares estadounidenses ya se posicionan para ocupar el hueco de los pagos transfronterizos, aún lentos y costosos a través de las largas cadenas de bancos corresponsales.

El Eurosistema también mueve ficha aquí. La interconexión del sistema TIPS con la red india UPI, la mayor de pagos instantáneos del mundo, está ya en construcción. Otros enlaces con la red Nexus Global Payments del sudeste asiático y con el sistema suizo SIC IP están en fases avanzadas de análisis. El objetivo: que los europeos transfieran dinero a un número creciente de países en segundos y sobre raíles propios.

La presidenta ha enmarcado todos estos proyectos como la base para reforzar el papel internacional del euro. Un mercado profundo, integrado y anclado en dinero público es la vía para que otras regiones quieran usar la moneda única. Pero ha insistido en que el BCE no puede lograrlo solo. Necesita que el sector privado invierta en tecnología y que los gobiernos proporcionen seguridad jurídica mediante un marco común para los activos digitales. De lo contrario, los regímenes nacionales que ya proliferan reproducirán en el ámbito legal la fragmentación que la tecnología está disolviendo.

Ocho siglos después de que la Europa medieval liquidara sus cuentas en las ferias de Champaña sin apenas mover monedas, el BCE intenta que la era tokenizada extienda la liquidación única en lugar de fracturarla. Esta vez, la promesa es que dure.


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