Cultura local vs globalización: The Economist desvela un cambio que redefine Netflix y Spotify

Plataformas como Netflix y Spotify nacieron para unificar gustos, pero los datos muestran un giro inesperado: la música, las series y los virales se enraízan cada vez más en lo local, según un nuevo análisis de The Economist.

Si hubiera que jugar a los trileros con la cultura global, la bolita no estaría debajo del cubilete que todos esperaban. The Economist acaba de mostrar, con datos y ejemplos contundentes, que la música, las series y hasta los vídeos virales se están volviendo mucho más locales de lo que la era del streaming prometía. Plataformas como Spotify y Netflix nacieron para unificar gustos, pero el analisis del semanario británico revela que la desglobalización cultural avanza con paso firme y que, en realidad, nadie quiere escuchar lo mismo.

El dominio silencioso de los artistas locales en Spotify

El video de The Economist desmonta un mito muy extendido: la idea de que Spotify nos llevaría a todos a oír las mismas canciones. Los datos que maneja la publicación muestran justo lo contrario. Al repasar las listas de éxitos de una veintena de países entre 2019 y 2025, la cuota de artistas locales dentro del top 20 de canciones más reproducidas ha aumentado en casi todas partes. En México, por ejemplo, pasó de seis a catorce; en Brasil el crecimiento fue tan marcado que, durante la semana consultada, 96 de los 100 artistas más escuchados en el país eran brasileños.

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Ese patrón se repite en Europa, América Latina y los países nórdicos. Según The Economist, no se trata de un brote aislado: es una transformación estructural que está reordenando la industria musical global. Los oyentes, lejos de dejarse llevar por un canon anglosajón, eligen cada vez más la banda sonora de su propia calle.

Idioma e identidad: las dos anclas de la escucha

El análisis apunta a dos motores clave: el idioma y la identidad nacional. “La gente quiere escuchar música que hable de su experiencia, que represente su experiencia”, explica el reportero de The Economist. Donde más se nota la excepción que confirma la regla es en los países que comparten lengua con vecinos mucho más grandes. Portugal sigue teniendo las listas dominadas por artistas brasileños; Irlanda y Australia, por estadounidenses y británicos. La barrera —o el puente— lingüístico pesa más que la geografía.

Cómo Netflix pasó de ‘Marco Polo’ a los éxitos hiperlocales

El giro también ha llegado a las series. Hace apenas una década, Netflix intentaba fabricar superproducciones que gustaran a todo el mundo. The Economist recuerda el caso de Marco Polo, una ficción pensada para un público planetario que, en realidad, no enamoró a nadie. El cambio de estrategia fue radical: ahora la plataforma apuesta por un modelo local-first: algo tiene que ser un pelotazo en casa antes de aspirar a cruzar fronteras.

El ejemplo perfecto es una comedia polaca ambientada en el siglo XVII, 1670, que probablemente nunca se habría producido con la mentalidad global previa. El video subraya que otro fenómeno británico, Adolescence, muy crudo y muy poco pensado para extranjeros, acabó siendo un éxito internacional tras arrasar en Reino Unido. “El enfoque actual de Netflix es buscar estos fenómenos locales profundos y esperar que algunos viajen”, sintetiza la pieza.

“Pensábamos que la globalización era una fuerza imparable, pero la gente sigue teniendo gustos muy nacionales o locales. Si acaso, la globalización parece estar en retirada.”

— The Economist

Viral pero nacional: la paradoja de YouTube

Esa misma lógica se replica en el vídeo social. The Economist cita una investigación que examinó las listas de tendencias de YouTube en más de cien países a lo largo de tres años. El hallazgo fue demoledor: tres de cada cuatro vídeos que llegaban a ser tendencia solo lo eran en un único país. La plataforma global es un escaparate, pero los virales siguen naciendo dentro de fronteras muy concretas.

La razón es tan sencilla como poderosa: la tecnología ha abaratado tanto la producción como la distribución. Hacer vídeo ya no cuesta una fortuna, y subirlo a la red tiene un coste marginal casi nulo. Eso ha multiplicado la oferta de contenido en todos los idiomas y ha facilitado que la gente encuentre historias que le hablan desde muy cerca. La economía digital, en vez de homogeneizar, ha fertilizado los ecosistemas locales.

La radio pensaba que solo queríamos canciones en inglés

Uno de los tramos más reveladores del análisis desempolva un dato alemán. En un año reciente, de las cien canciones más radiadas en la radio germana solo cuatro eran en alemán. Ese mismo año, en streaming, donde el oyente elige sin intermediarios, 44 de las cien más reproducidas estaban cantadas en la lengua del país. Es decir, los gustos locales estaban ahí, solo que no se veían porque unos pocos programadores decidían lo que sonaba.

The Economist aplaude que el streaming permita ahora a la gente expresar sus preferencias reales. La desglobalización cultural, vista así, no es una pérdida de cosmopolitismo sino una conquista de autonomía. Las élites culturales habían subestimado la querencia por lo propio.

¿Se está desglobalizando la cultura? Lo que ganamos y lo que perdemos

El vídeo deja un poso agridulce. Por un lado, la oferta digital nunca había sido tan rica ni tan variada. Por otro, que cada país mire hacia dentro puede reducir los puentes que durante décadas tejieron artistas como los Beatles, BTS o La casa de papel —esta última, paradójicamente, un éxito local que sí saltó barreras—. Pero el reportero se inclina por el vaso medio lleno: “Me gusta que el streaming deje cada vez más margen para que la gente tome sus propias decisiones”.

El gran interrogante que flota sobre el análisis es si esta tendencia continuará o si los algoritmos, hoy por hoy los nuevos programadores, acabarán creando burbujas nacionales tan cerradas como las antiguas parrillas radiofónicas. Por ahora, los datos cantan en portugués, polaco o coreano. Y bastante más fuerte que en inglés.

Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de The Economist en YouTube.

Youtube video

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