VisualPolitik alerta: la euforia por las OPV tecnológicas de SpaceX y OpenAI amenaza con corrección

VisualPolitik desmenuza los tres motivos que están haciendo saltar las alarmas entre los analistas: valoraciones cercanas a los 4 billones, canibalización de las grandes tecnológicas y el recuerdo de cómo terminan casi todas las OPV que salen en plena euforia.

VisualPolitik lo tiene claro: la fiesta bursátil que llevamos viviendo los últimos años podría estar a punto de tropezar con una resaca de dimensiones históricas. La mecha no es la inflacción, ni la Reserva Federal, ni las tensiones geopolíticas. Son tres simples letras: OPV. SpaceX, OpenAI y Anthropic se preparan para saltar al parqué casi al mismo tiempo, y desde el canal especializado advierten de que el cóctel de valoraciones estratosféricas y euforia colectiva es el mayor peligro que afrontan hoy los mercados.

SpaceX, OpenAI y Anthropic: tres gigantes en el momento más caliente del mercado

La cifra que maneja VisualPolitik es mareante. Juntas, estas tres compañías aspiran a una valoración conjunta de unos 4 billones de dólares, más que el PIB de la India y el doble de lo que vale la saudí Aramco, actual líder en capitalización bursátil. SpaceX, que controla el 65% de los satélites activos en órbita, buscará captar 75.000 millones de dólares en el Nasdaq con una valoración de 1,75 billones. Y eso a pesar de acumular pérdidas anuales y de no tener una fecha clara para entrar en números verdes. La rentabilidad inmediata, sencillamente, no parece ser una prioridad para los inversores.

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OpenAI y Anthropic no se quedan atrás en ambición. En un folleto de salida se habla sin rubor de construir una ciudad en Marte. El relato de futuro es tan potente que muchos analistas, según el canal, empiezan a ver paralelismos con los momentos previos al estallido de la burbuja de las puntocom.

Un mercado excesivamente concentrado y peligrosamente sobrevalorado

El contexto en el que aterrizan estas megacolocaciones es, cuando menos, inquietante. VisualPolitik recuerda que el S&P 500 se ha revalorizado más de un 70% en los últimos tres años, con una rentabilidad media anual cercana al 20%. La inteligencia artificial y los centros de datos han llevado la euforia a niveles que convierten al mercado estadounidense en uno de los más concentrados de la historia: las diez mayores tecnológicas pesan ya cerca del 40% de todo el índice y las diez principales ligadas a la IA representan, por sí solas, dos quintas partes del valor del S&P 500.

Con ese punto de partida, la relación precio-beneficios del índice se sitúa en 26 veces beneficios actuales y supera las 40 veces si se utiliza la media de beneficios de la última década ajustada a inflación. Son niveles históricamente muy altos, que VisualPolitik ilustra con un dato demoledor: el mercado se ha convertido, en realidad, en una apuesta gigantesca y concentrada en un puñado de valores. Todo lo demás es ruido.

La OPV no crea dinero, solo lo recoloca

El primer gran riesgo que señala el canal es puramente mecánico. Una oferta pública de venta no genera dinero nuevo; simplemente reasigna el que ya existe. Para comprar acciones de SpaceX, OpenAI o Anthropic, los inversores tendrán que vender otras. ¿Cuáles? Principalmente los grandes valores tecnológicos que ya dominan sus carteras: Apple, Nvidia, Microsoft, Meta o Alphabet.

El problema se agrava con la gestión pasiva y los cambios de reglas anunciados por el Nasdaq. Aunque el S&P 500 exige doce meses de cotización antes de incorporar un valor, el Nasdaq ha modificado sus normas para incluir estas compañías en sus índices con apenas quince días, y ha triplicado su ponderación para que tengan un impacto inmediato. El MSCI ya contemplaba algo similar. VisualPolitik advierte de que ese redireccionamiento forzoso de capitales puede generar un efecto canibalización que presione a la baja los múltiplos de las tecnológicas establecidas. Y si los múltiplos se ajustan, el sentimiento del mercado podría cambiar de golpe.

‘Las empresas salen a bolsa cuando más dinero pueden recabar, no cuando mejor oportunidad de compra son para los inversores’, sostienen desde VisualPolitik.

— VisualPolitik

El espejismo del ‘lock-up’: calma antes de la tormenta vendedora

La segunda clave que explica el miedo de muchos analistas es el famoso período de bloqueo o lock-up. Cuando una compañía debuta, suele sacar al mercado una porción muy pequeña de su capital —SpaceX planea liberar apenas un 3 o 4%—, lo que, combinado con un intenso bombo mediático, dispara el precio por escasez artificial. Pero el verdadero peligro llega después.

Durante los 180 días posteriores a la salida, empleados y primeros inversores no pueden vender sus títulos. VisualPolitik recuerda que esa cláusula no elimina la presión vendedora, solo la pospone. Cuando el lock-up expire, los trabajadores que llevan años cobrando parte de su sueldo en acciones y los fondos que acumulan plusvalías astronómicas se convertirán en vendedores potenciales. La historia demuestra que los primeros inversores creen en el dinero, no en la misión. Con empresas tan colosales, ese aluvión de papel puede inundar el mercado y romper el equilibrio entre oferta y demanda.

La historia nunca miente: las OPV suelen ser una mala inversión

Los datos académicos que cita VisualPolitik son tozudos. El profesor Jitter, de la Universidad de Florida, ha analizado el comportamiento de las empresas tras su salida a bolsa entre 1980 y 2024. El resultado es contundente: de media, una acción recién estrenada rinde 20 puntos porcentuales por debajo del mercado en los tres años siguientes. Y las compañías que cotizan a más de 40 veces sus ingresos lo hacen 58 puntos peor. SpaceX, con una valoración que supera las 90 veces sus ingresos, queda muy lejos de cualquier zona de confort.

El canal también pone ejemplos concretos. De las grandes OPV de la historia —Visa, Meta, General Motors, UPS o la propia Aramco—, solo Visa cotizaba por encima de su precio de salida seis meses después. Facebook se desplomó cerca de un 50% justo después de que expirara su lock-up. Y el gran crash de las puntocom no lo provocó una sola empresa, sino una cadena de debuts alimentados por vencimientos de bloqueos. Ahora, con SpaceX liberando acciones en verano y los siguientes gigantes en otoño, muchos analistas ven el mismo patrón a cámara lenta.

Lectura editorial: ¿prepararse para la resaca o para otra ronda de euforia?

Nada de esto es una profecía. El propio VisualPolitik admite que también puede suceder que una de estas grandes colocaciones simplemente no cuaje y enfríe el sentimiento, o, por el contrario, que la euforia se retroalimente y no pase absolutamente nada. Pero lo que sí resulta evidente, tras más de una década cubriendo mercados, es que cuando las valoraciones rozan lo irracional y los inversores compran relatos en lugar de balances, la probabilidad de disgusto se dispara.

Para el pequeño ahorrador, el mensaje es claro: si la OPV de SpaceX se convierte en el evento de la temporada y la tentación de subirse al cohete es irresistible, conviene recordar que las compañías debutan cuando más caro pueden venderse, no cuando más baratas resultan para el comprador. La euforia, bien gestionada, es oportunidad; mal digerida, es condena. Y con tres mastodontes llamando a la puerta casi a la vez, el margen de error es mínimo. Toca observa, estudiar y, sobre todo, no confundir ambición con garantía.

Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de VisualPolitik:

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