Nature revela un cementerio de ballenas fósiles de 5,3 millones de años en el océano Índico

Los sumergibles chinos Fendouzhe hallan a más de 4.000 metros de profundidad el mayor cementerio de cetáceos jamás documentado. La datación isotópica sitúa los fósiles más antiguos hace 5,3 millones de años, en el Plioceno temprano.

El océano Índico esconde un secreto que ha permanecido oculto bajo kilómetros de agua durante millones de años. Un equipo de científicos ha descubierto en la remota Zona Diamantina, a entre 4.616 y 7.001 metros de profundidad, el mayor cementerio de ballenas fósiles jamás documentado. La investigación, publicada esta semana en Nature, revela la existencia de más de 476 restos fósiles de cetáceos, entre ellos varias decenas de esqueletos parciales y cinco caídas de ballena aún activas, que albergan ecosistemas quimiosintéticos únicos.

El hallazgo no solo bate récords por su extensión —1.200 kilómetros a lo largo del lecho marino—, sino por su profundidad temporal. Las dataciones isotópicas de estroncio sitúan los fósiles más antiguos en 5,3 millones de años, remontándose al Plioceno temprano. Se trata de una ventana inédita a la evolución de los cetáceos y a las comunidades que prosperan alrededor de sus cadáveres en las profundidades abisales.

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Los investigadores, a bordo del sumergible tripulado chino Fendouzhe —capaz de descender hasta los 11.000 metros—, realizaron 32 inmersiones en 2023 para cartografiar la zona. Lo que encontraron superó todas las expectativas: una densidad de restos de ballena que alcanza los 759,5 individuos por kilómetro cuadrado en algunos puntos. “Es como si el fondo marino fuera un archivo paleontológico de ballenas”, explica el equipo, liderado por científicos del Instituto de Oceanografía de la Academia China de Ciencias.

El cementerio de ballenas más extenso jamás documentado

Hasta ahora, las llamadas whale falls —caídas de ballenas— se habían documentado de forma dispersa, con unos 70 yacimientos repartidos por los océanos del mundo, la mayoría a profundidades inferiores a 4.000 metros. La Zona Diamantina, una fractura tectónica que se extiende al sur de la dorsal del Índico sudoriental, nunca se había asociado a este tipo de fenómenos. Pero el Fendouzhe demostró que en sus sedimentos se acumulan restos de cetáceos desde hace millones de años.

Los cinco cadáveres activos se encuentran en la fase sulfofílica de descomposición. Sus huesos aparecen cubiertos de densas alfombras microbianas blanquecinas y colonias de gusanos perforadores del género Osedax, señal de que llevan en el fondo el tiempo suficiente para desarrollar una comunidad especializada. El ejemplar más grande, un rorcual antártico (Balaenoptera bonaerensis) de 5 metros de longitud, conserva incluso el hueso timpánico, que permitió identificarlo con certeza mediante su morfología y un genoma mitocondrial casi completo.

La fauna asociada a estas carcasas es sorprendentemente rica. Los investigadores identificaron 35 taxones de macrofauna, dominados por anélidos, crustáceos y moluscos. Pero lo que más llama la atención es la presencia de especies quimiosintéticas. Bivalvos del género Abyssogena y Adipicola albergan bacterias simbióticas que oxidan azufre y sostienen la cadena trófica sin necesidad de luz solar. En total, los huesos albergan densidades de hasta 2.840 individuos por metro cuadrado. Un oasis de vida en el desierto alimenticio de las profundidades.

El fondo marino de la Zona Diamantina se ha convertido en un archivo natural que conserva la historia evolutiva de los cetáceos a lo largo de más de cinco millones de años.

necrópolis ballenas

Lo que esconden los huesos: las especies fósiles y su datación

De los 43 fósiles recuperados para análisis paleontológico, la mayoría pertenecen a zifios o ballenas picudas. Los científicos identificaron dos especies vivas actualmente (Mesoplodon bowdoini y Mesoplodon layardii) y dos géneros extintos: Pterocetus e Izikoziphius. Este último es un pariente cercano del actual zifio de Cuvier, pero con un cráneo más alargado y una peculiar depresión en el premaxilar. Uno de los ejemplares de Pterocetus ha sido descrito como una nueva especie: Pterocetus diamantinae.

Los restos de ballenas barbadas son más escasos y peor conservados, aunque se ha recuperado la bulla timpánica de un rorcual boreal (Balaenoptera borealis). La razón es bioestratinómica: los huesos de zifio, extremadamente densos (hiperostóticos), resisten mejor la degradación en el fondo marino que los de los misticetos. “Es la misma razón por la que los fósiles de ballenas picudas son tan frecuentes en este yacimiento”, señalan los autores.

Para datar los fósiles, el equipo recurrió a la relación isotópica de estroncio (87Sr/86Sr) en el hueso. Esta técnica compara la firma geoquímica con la curva conocida de isótopos de estroncio en el agua de mar a lo largo del tiempo. Veinticinco muestras ofrecieron edades fiables: las más antiguas, correspondientes a Pterocetus benguelae e Izikoziphius rossi, alcanzan 5,26 y 2,44 millones de años, respectivamente. Los fósiles de especies modernas datan de apenas unos cientos de miles de años. La Zona Diamantina ha estado recibiendo ballenas muertas, por tanto, desde el Plioceno temprano.

Por qué este hallazgo cambia lo que sabíamos sobre los ecosistemas de caída de ballenas

La acumulación excepcional de restos en la Zona Diamantina obliga a replantear los modelos biogeográficos de las whale falls. Hasta ahora se pensaba que estos ecosistemas eran efímeros y aleatorios, dependientes de la ruta migratoria de los cetáceos y de las corrientes. Pero este cementerio sugiere que ciertas fracturas oceánicas pueden actuar como trampas sedimentarias que concentran los cadáveres durante millones de años, creando auténticos archivos paleontológicos.

Los autores del estudio sostienen que la topografía irregular de la Zona Diamantina, con fallas y fosas profundas, favorece la acumulación de materia orgánica y dificulta el transporte de los restos por las corrientes. Esta hipótesis, no obstante, necesita ser contrastada con más datos. El equipo reconoce que ocho de las muestras isotópicas mostraron intercambio geoquímico con el agua moderna y no pudieron datarse, lo que añade incertidumbre a la antigüedad de algunos especímenes. Además, la elevada densidad de fósiles en una zona tan extensa aún no se ha comparado con otras regiones abisales, por lo que no se puede descartar que existan necrópolis similares en otras dorsales o fosas.

Con todo, el trabajo establece las profundidades como un laboratorio natural para rastrear la evolución de los cetáceos. La descripción de nuevas especies extintas, como Pterocetus diamantinae, amplía el árbol genealógico de los zifios y aporta pistas sobre su adaptación al buceo profundo. Y la persistencia de comunidades quimiosintéticas idénticas a las actuales durante más de cinco millones de años confirma la estabilidad evolutiva de estos oasis abisales. El equipo planea nuevas campañas para explorar los límites de este cementerio y estudiar si la biodiversidad que alberga se repite en otras fracturas oceánicas. Porque, como sugieren los datos, el fondo del mar sigue guardando secretos que apenas empezamos a desvelar.

🔬 Ficha del Descubrimiento

  • Qué se ha descubierto: Un cementerio de ballenas fósiles con más de 476 restos de cetáceos y cinco caídas de ballena activas, el mayor yacimiento de este tipo jamás encontrado.
  • Dónde: En la Zona Diamantina, fractura oceánica del Índico sudoriental, a profundidades de 4.616 a 7.001 metros.
  • Institución responsable: Instituto de Oceanografía de la Academia China de Ciencias, con el sumergible Fendouzhe. Estudio publicado en Nature.
  • Cuándo: Las inmersiones se realizaron en febrero-marzo de 2023; el análisis se publica en junio de 2026.
  • Impacto a futuro: Convierte las fosas abisales en archivos fósiles para la evolución de los cetáceos y abre la puerta a descubrir necrópolis similares en otras dorsales oceánicas.

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