El artista cántabro Óscar San Miguel, Okuda, ha dado un paso más allá del grafiti y la escultura urbana. Ha cerrado un contrato de alquiler con opción a compra con el Ministerio del Interior para tomar las llaves del Palacio de Cortiguera, un edificio histórico de Santander abandonado durante décadas. El objetivo: convertirlo en el Museo del Kolor, un espacio dedicado a su propia obra y a la creación contemporánea emergente.
Una operación inmobiliaria atípica para el arte urbano
El palacio, situado en la calle López Dóriga, es un inmueble catalogado que llevaba años rodeado de maleza y señales de deterioro. Hasta ahora, ni el Ayuntamiento ni el propio Ministerio habían encontrado una salida. Okuda ha optado por un esquema mixto: un alquiler que le permite rehabilitar ahora mismo el edificio, con una opción de compra más adelante si el proyecto consolida su viabilidad. La fórmula se ajusta mal a los cánones del arte callejero —donde importan más la pared y la ubicación— y mucho más a la lógica empresarial de quien apuesta por un activo inmobiliario con potencial de revalorización.
La operación no ha trascendido en cifras. Pero el hecho de que el Ministerio del Interior acceda a ceder un palacio protegido mediante un alquiler con opción a compra a un artista —sin concurso público ni desembolso inmediato— dice bastante sobre la urgencia de dar salida a un edificio que llevaba años generando gastos y ninguna expectativa de uso.
Museo del Kolor: de la exposición a la plataforma de formación
El proyecto va mucho más allá de exhibir los coloristas murales del creador de la ‘Catedral del Skate’ (Llanera, Asturias). Okuda quiere que el Museo del Kolor sirva también de taller, residencia y escaparate para artistas emergentes. En la práctica, es un modelo de hub creativo que ya funciona en otras ciudades europeas —piénsese en el WIELS de Bruselas o la Tabakalera donostiarra—, pero que Santander no había probado con un nombre propio y una marca reconocible.

La presentación oficial está prevista para este jueves a las 11:00 y contará con la presencia del delegado del Gobierno, Pedro Casares; la alcaldesa, Gema Igual; y el consejero de Cultura, Luis Martínez Abad. Junto a Okuda comparecerán el presidente de la Fundación Coloring the World, Óscar Sanz, y el director, Juan Vera. La fundación se define como colectivo ‘artivista’ y aporta al proyecto una dimensión de intervención social que va más allá del simple ocio cultural.
No ha comprado el palacio, pero el contrato de alquiler con opción a compra le permite financiar la rehabilitación sin asumir el coste completo desde el inicio. Es una jugada de artista con mentalidad empresarial.
Por qué el Museo del Kolor puede redefinir la oferta cultural de Santander (y más allá)
La irrupción de Okuda en el Palacio de Cortiguera no es solo una noticia de agenda cultural. Es un movimiento que pone a prueba la capacidad de una ciudad media como Santander para fijar talento mediante la rehabilitación de patrimonio. El artista ha demostrado con su trayectoria que el arte urbano puede ser un producto turístico y un motor de regeneración. Basta con recordar el impacto que tuvo su intervención en el Faro de Ajo o la citada Catedral del Skate para atraer visitantes a enclaves fuera de los circuitos convencionales.
Sin embargo, el riesgo existe. El Palacio de Cortiguera es un inmueble protegido, y la rehabilitación exigirá una inversión considerable. La opción de compra —si se ejerce— trasladará el coste final al artista, que deberá asegurar la sostenibilidad económica del espacio en un entorno donde las subvenciones públicas son volátiles. La ecuación no es sencilla.
Lo que sí resulta innegable es que el proyecto forzará al Ayuntamiento y a la propia comunidad cultural a posicionarse. Hasta ahora, Santander había apostado por el Centro Botín o el Palacio de Festivales como grandes referentes. El Museo del Kolor introduce un lenguaje distinto —el arte callejero y emergente— que puede complementar o competir con la oferta consolidada. De cómo se gestione esa convivencia dependerá, en buena medida, que el palacio abandonado se convierta en un activo o en un elefante blanco.




