Faltan más de un millón de albañiles en España: la construcción industrializada es la solución

El déficit de mano de obra cualificada encarece los proyectos y lastra la oferta de vivienda asequible. La industrialización, que solo supone el 1% del sector en España, es la alternativa según los expertos.

España carece de un millón de albañiles para cubrir las necesidades del sector de la construcción, un déficit que está disparando los costes y lastrando la oferta de vivienda asequible. La solución, según defiende el arquitecto Juan Manuel Rojas, pasa por abrazar la construcción industrializada, que hoy apenas representa el 1% del total de la obra en el país.

Rojas, fundador del estudio Hombre de Piedra Arquitectos y profesor en la Escuela de Arquitectura de Sevilla, advierte de que la escasez de profesionales cualificados no tiene marcha atrás. «Los hijos de albañil ya no quieren ser albañiles. Los pocos que quedan carecen del oficio necesario», señala en declaraciones a ABC.

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Rojas impulsa la industrialización desde el ámbito colegial como miembro del grupo intercolegial Arquitectura Industrializada Colaborativa (AIC) y del Clúster de Construcción Avanzada e Industrializada de Andalucía (CAI). Su estudio ha recibido premios como el Andalucía Inmobiliaria al mejor proyecto innovador por la Terminal de Cruceros del Puerto de Sevilla.

El encarecimiento de la mano de obra, unido al alza de los materiales, ha llevado a incrementos del coste de construcción superiores al 20% en los últimos tres años, lastrando la viabilidad de promociones de renta media. “Si ahora mismo hay escasa mano de obra y, además, hay que pagarle mucho, eso hace que los costes se hayan disparado”, resume Rojas.

Un déficit de mano de obra que estrangula la vivienda

El contraste con otros países europeos es revelador. En los Países Bajos, el 50% de la construcción es industrializada, lo que ha permitido mejorar la productividad un 50% en tres décadas. Alemania y Reino Unido superan el 10%. España, con apenas un 1%, se sitúa a la cola. “No vamos a poder afrontar la producción de vivienda si no hacemos un pacto a nivel nacional para mejorar la productividad”, insiste Rojas.

Esa diferencia se traduce en plazos de ejecución mucho más cortos y en una calidad final más homogénea. En España, donde el 99% de la obra se ejecuta en modo tradicional, los retrasos y los defectos de acabado son la norma, no la excepción.

La construcción tradicional se ha basado en procesos artesanales que apenas han evolucionado. “En los últimos 5.000 años no ha mejorado mucho el proceso: básicamente se siguen colocando ladrillos uno a uno”, ironiza el profesor. La industrialización, por el contrario, traslada la edificación a la fábrica, donde los componentes se producen con precisión y se ensamblan in situ, reduciendo plazos y dependencia de la mano de obra especializada.

La industrialización permite acortar los tiempos de construcción en hasta un 30%, según los expertos, pero requiere una inversión inicial en fábricas y en I+D que el pequeño promotor no puede asumir en solitario. Por eso el modelo solo ha cuajado, de momento, en el segmento alto.

La construcción tradicional no ha mejorado su productividad en milenios. Solo la fábrica permite controlar los procesos y romper el ciclo de escasez.

El salto de la artesanía a la fábrica

La construcción industrializada exige un cambio integral en el diseño de los proyectos. “No se puede hacer un proyecto tradicional y luego pretender que una fábrica lo ejecute. Hay que pensar en módulos, logística y montaje desde el primer boceto”, explica Rojas. Su estudio, pionero en Andalucía, ha levantado viviendas unifamiliares, terminales de cruceros y hasta villas de lujo en Sotogrande y Marbella con este sistema, precisamente por la falta de confianza en los albañiles locales y la necesidad de garantizar plazos y calidades.

crisis vivienda España

Sin embargo, la generalización del modelo choca con barreras culturales y administrativas. Los concursos públicos, lamenta Rojas, siguen primando el precio más bajo y toleran bajas temerarias de hasta el 40%, lo que hace inviable un proyecto industrializado bien definido. “El sector de la construcción se basa en la desconfianza: el contratista busca defectos en el proyecto para recuperar luego el margen en la ejecución. En la industria, el proyecto es el aliado, no el enemigo”, subraya.

Análisis: un cambio de paradigma que no admite atajos

La industrialización de la construcción no es una mera cuestión tecnológica; implica desmontar décadas de inercias y de un modelo de negocio basado en la opacidad. Frente al sistema tradicional, donde los sobrecostes se negocian sobre la marcha, el industrializado exige contratos colaborativos, precios objetivo cerrados y una planificación milimétrica. “Es pasar de hacer negocios a base de desconfianza a basarlos en la transparencia”, afirma el arquitecto.

La paradoja histórica es que la modernidad arquitectónica nació, en los años 20, con el sueño de la producción en serie. La Bauhaus y Le Corbusier imaginaron la casa como una máquina de habitar fabricada industrialmente. Solo que entonces la mano de obra era abundante y barata, y no hizo falta. Ahora, un siglo después, la escasez de albañiles nos obliga a retomar aquel camino.

El reto es mayúsculo. La administración pública, que debería ser el principal tractor de vivienda asequible, aún licita sin considerar las ventajas de la construcción off-site. Además, la falta de formación de los profesionales que diseñan para la fábrica y la escasa inversión en plantas de producción local ralentizan la adopción. Si no se modifican la Ley de Contratación del Estado y los criterios de los colegios profesionales, España corre el riesgo de quedarse en el 1% durante otra década.

La construcción industrializada es capaz de ofrecer vivienda de calidad a costes predecibles, pero necesita un marco regulatorio que la impulse y un sector que abandone la cultura del litigio. “Los albañiles no van a volver. La sociedad y la vocación han cambiado”, sentencia Rojas. El debate no es si la industrialización será la solución, sino cuánto tardaremos en asumir que sin ella no habrá vivienda para todos. La fecha clave: cuando el déficit de mano de obra empiece a paralizar promociones enteras, la decisión ya no será opcional.


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