La inversión extranjera directa en España cayó un 21,8% en 2025, pero la llegada de capital estadounidense marcó un récord de 10.000 millones de euros. Pese a esa aparente fortaleza, el choque diplomático entre Pedro Sánchez y Donald Trump está frenando nuevos proyectos de centros de datos y defensa: los dos sectores donde Estados Unidos es socio imprescindible.
Claves de la operación
- Récord de inversión estadounidense con sombras. Los 10.000 millones recibidos en 2025, un 55,4% más que en 2024, chocan con la mayor desinversión desde hace 30 años y con la parálisis de nuevos proyectos.
- Centros de datos: Francia cuadruplica la apuesta. Con 320 instalaciones activas frente a 145 en España, el país galo se consolida como destino preferente por la estabilidad regulatoria y energética, un diferencial que se acentúa.
- Defensa, puentes rotos. La negativa a dejar operar a bombarderos estadounidenses desde bases andaluzas ha bloqueado la cooperación militar y, sobre todo, la actualización de software de los equipos del Ejército español, dependiente de las empresas de EE. UU.
La guerra del data center: Francia saca ventaja mientras España se enreda en la diplomacia
España aspiraba a convertirse en la meca de los centros de datos en la Europa mediterránea. Lo hacía con argumentos de peso: suelo más barato, conexión privilegiada con Hispanoamérica y África y, sobre todo, abundante energía renovable. Sin embargo el acceso a la red eléctrica y la maraña regulatoria son su talón de Aquiles, y el enrarecido clima político con Washington agrava la situación. Las cifras de la Comisión Europea revelan la brecha: 320 centros de datos activos en Francia frente a 145 en España.
El 33% de los proyectos de data center en desarrollo en España se concentra en Aragón, gracias a las políticas del ejecutivo de Jorge Azcón, que ha mimado la relación con inversores estadounidenses. La Comunidad de Madrid, con el 24% de los proyectos y 4.500 millones de captación en 2025, es el otro polo. Mientras, Cataluña se queda en 1.139 millones. Pero el frenazo general es innegable: según Gregorio Izquierdo, director general del Instituto de Estudios Económicos (IEE), “hay un parón en algunos proyectos de inversión” por las relaciones políticas de los últimos meses.
No es que la inversión estadounidense caiga bruscamente: es que se están perdiendo oportunidades que podrían haberse materializado ahora.
Esa es la lectura más precisa de lo que está ocurriendo. El mero hecho de que las grandes tecnológicas (Amazon, Microsoft, Meta) sigan sobre la mesa con planes millonarios no elimina el lastre. “El hub tecnológico de Málaga ya experimenta una menor llegada de inversión estadounidense”, advierte Carlos Tordesillas, profesor de Comillas-Icade. Y añade un dato preocupante: la inversión americana en startups españolas acumula una caída del 33% en cuatro años. La desconfianza se traduce en redirección del capital hacia países vecinos con menos ruido político, como Francia o incluso Portugal.
Defensa: el puente roto con el Pentágono deja en tierra la actualización del software militar
Si en tecnología la parálisis es sutil, en el ámbito de la defensa la ruptura es casi total. La negativa de Moncloa a permitir que bombarderos estadounidenses hicieran escala y repostaran en bases del sur de España durante la Operación Furia Épica en Irán fue el punto de no retorno. Donald Trump calificó a España de “socio terrible”, y las fuentes consultadas aseveran que “la mayoría de los puentes se encuentran rotos”.
El perjuicio va más allá de la compra de armamento. “La guerra actual no es cuestión de quién tiene más cazas o submarinos, sino de que el software de todo ese equipo se actualice adecuadamente”, explica un analista de defensa. Esa puesta al día depende de la colaboración con las empresas estadounidenses, y sin ella las Fuerzas Armadas españolas corren el riesgo de quedarse con material semicaduco. Un desafío de ciberseguridad que, en un contexto de tensiones con Irán, no parece menor.
Lorenzo Bernaldo de Quirós, presidente de Freemarket Corporative Intelligence, subraya un rasgo del inversor estadounidense: “son ejecutivos muy disciplinados a los que no les gustan las circunstancias que rodean las relaciones diplomáticas”. El clima hostil hace que el inversor no esté dispuesto a asumir riesgo político ni regulatorio adicional.
El coste de un antiamericanismo que la economía digital no puede permitirse
La llegada de capital foráneo a España sufrió en 2025 una contracción del 21,82%, hasta los 30.765 millones de euros, y el deterioro de la confianza inversora va más allá de lo coyuntural. El enrarecido ambiente diplomático entre Madrid y Washington se produce cuando las empresas estadounidenses aportan el 15% del PIB nacional —unos 248.000 millones de euros de facturación agregada, según la Cámara de Comercio de EE. UU. en España— y sostienen más de un millón de empleos. Ahora mismo, el riesgo no es un desplome súbito, sino la pérdida gradual de oportunidades futuras.
La propia arquitectura económica española revela la contradicción. Históricamente, gigantes como Telefónica o Indra han tejido alianzas tecnológicas con proveedores estadounidenses para sus infraestructuras críticas, un modelo que ahora choca con la hostilidad diplomática. Francia, con su estabilidad nuclear y un marco regulatorio más predecible, se lleva los proyectos de hyperscalers mientras Aragón y Madrid tratan de mantener viva la llama. La competencia autonómica puede ser un bálsamo, pero no sustituye la necesidad de un discurso nacional que no aleje la inversión.
El próximo trimestre será clave: si los proyectos de Microsoft y Amazon en España mantienen su calendario o, por el contrario, se ralentizan por miedo a un contexto político adverso. La economía digital española necesita esos centros de datos tanto como la defensa necesita actualizar su software. Dos sectores que, hoy, ven cómo el antiamericanismo se convierte en un lastre más caro de lo que parece.




