El croata Boris Vujcic relevó ayer a Luis de Guindos como vicepresidente del Banco Central Europeo (BCE), poniendo fin a ocho años de mandato del español en la cúpula de Fráncfort. La toma de posesión, celebrada el lunes 1 de junio, marca un relevo generacional y estratégico en plena fase de ajuste de la política monetaria.
Un halcón con 25 años de experiencia en el banco central croata
Vujcic no es un recién llegado a los pasillos del BCE. Atesora 25 años de experiencia entre los roles de gobernador y subgobernador del Banco de Croacia, y jugó un papel decisivo en la adopción del euro por parte de su país hace apenas tres años. Desde entonces, ha sido miembro del Consejo de Gobierno del BCE, el órgano que fija los tipos de interés cada seis semanas.
La presidenta Christine Lagarde le dio una bienvenida pública: “Su liderazgo en la integración de Croacia al euro refleja su firme compromiso con nuestra moneda única”. En el seno del Consejo, se le considera un halcón, es decir, un banquero central que prefiere condiciones financieras más estrictas para mantener la inflación bajo control, aunque sin caer en el extremismo de otras voces del ala dura.
La herencia de Guindos: carteras y el factor español
De entrada, Vujcic hereda las dos carteras que pilotaba su antecesor: la dirección general de Política Macroprudencial y Estabilidad Financiera y la de Gestión de Riesgos. Pero no son responsabilidades blindadas; Lagarde puede redistribuir las competencias del Comité Ejecutivo del BCE en cualquier momento, como ya hizo con el portugués Vítor Constâncio.
De hecho, el propio Guindos, aseguró en su entrevista de despedida con EXPANSIÓN que “España recuperará la silla en la Ejecutiva del BCE en los próximos trimestres”. Una frase que conecta directamente con las aspiraciones españolas a la futura presidencia del organismo.
Vujcic llega a la vicepresidencia con 25 años de experiencia y el aval de haber metido a Croacia en el euro; un perfil que le da peso en el Consejo de Gobierno.
Su perfil de halcón, combinado con la experiencia acumulada, puede ser una carta valiosa para los intereses españoles. Históricamente, los equilibrios internos del BCE han dependido tanto de las carteras como de la orientación doctrinal de sus miembros. Un vicepresidente con sensibilidad hacia la estabilidad de precios puede compensar las presiones de las palomas cuando la economía flaquea.
El factor español: ¿presidencia del BCE en el horizonte?
La designación de Vujcic encaja en una estrategia de largo plazo de Madrid. La vicepresidencia ocupada ahora por un croata deja expedito el camino para que España reivindique la presidencia cuando Lagarde complete su mandato —algo que varios analistas sitúan en 2028— sin cargar con el lastre de haber copado el número dos. La paradoja es que un vicepresidente halcón puede allanar esas aspiraciones: demuestra que no hay bloques nacionales monolíticos y que la experiencia pesa más que la bandera.
A corto plazo, la llegada de Vujcic no alterará de inmediato las decisiones de tipos —la próxima reunión es en julio—, pero sí añade un contrapeso en el debate que podría endurecer el tono del comunicado si la inflación repunta. Los mercados, siempre atentos a los matices del Consejo, ya están reajustando sus expectativas de recortes para el segundo semestre.




