Marruecos y sus energías renovables: la superpotencia que ya compite con España en energía limpia

El país magrebí impulsa una cartera de 4 GW en solar y eólica y planea que el 52% de su electricidad provenga de renovables en 2030, con el hidrógeno verde como gran baza para vender a la UE. La interconexión eléctrica con España, hoy de 1.400 MW, se ampliará para tejer una autop

Marruecos ya no es solo la puerta de África. En los últimos cinco años, el reino alauí ha desplegado una estrategia energética que le ha convertido en un competidor directo de España en la carrera por la energía limpia. Con más de 4.000 megavatios (MW) de renovables en operación y un objetivo del 52% de electricidad limpia para 2030, Rabat está construyendo un nuevo perfil de potencia exportadora que mira fijamente a Europa.

Hasta hace muy poco, el país dependía de los combustibles fósiles para más del 90% de su consumo primario, con el carbón supliendo en torno al 60% de la generación eléctrica, según los datos de la Agencia Internacional de la Energía. Pero ese modelo ha entrado en fase de extinción acelerada. La alta irradiación solar —alrededor de 3.000 horas de sol al año en muchas zonas— y los vientos constantes del Atlántico están atrayendo inversión privada como no se veía desde la liberalización del sector de las telecomunicaciones.

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El despegue solar y eólico que cambia el mapa energético

El buque insignia de esta transformación es el complejo Noor Ouarzazate, una de las mayores plantas termosolares del mundo, con 580 MW de capacidad y un sistema de almacenamiento en sales fundidas que permite generar electricidad hasta siete horas después de la puesta de sol. A su lado, parques eólicos como Tarfaya (300 MW) y Taza (150 MW) han ido sumando gigavatios a una cartera que ya supera los 4.000 MW instalados.

La apuesta por la tecnología fotovoltaica ha sido especialmente agresiva. Según la Agencia Marroquí de Energía Sostenible (MASEN), el país ha licitado más de 2.000 MW en nuevos proyectos solares solo entre 2024 y 2026, atrayendo a operadores internacionales como ACWA Power, EDF Renouvelables e Iberdrola. Esta inyección de capital privado, en alianza con el Estado, ha permitido multiplicar por diez la capacidad instalada en los últimos diez años.

La costa atlántica alberga algunos de los mejores emplazamientos eólicos del mundo, con factores de capacidad superiores al 45% en zonas como Essaouira y Laayoune. El proyecto Koudia Al Baida (50 MW), ampliado en 2024 hasta 100 MW, ha demostrado que la hibridación eólica-solar permite factores de planta cercanos al 60%, un umbral que pocos países pueden alcanzar.

El marco regulatorio marroquí, con contratos de compraventa de energía a largo plazo y un apoyo decidido de la monarquía, ha generado la certidumbre que los inversores exigen. En paralelo, la inversión privada en renovables ha superado los 5.000 millones de dólares en el último bienio, y el país ha avanzado en la liberalización parcial del mercado eléctrico y en la construcción de nuevas líneas de muy alta tensión para unir el sur productor con el norte consumidor.

Marruecos ha pasado de importador neto de energía a planificar exportaciones masivas de electricidad verde e hidrógeno a Europa en apenas una década.

Hidrógeno verde: el nuevo filón del Estrecho

La gran baza con la que Rabat aspira a disputar el liderazgo de España no está solo en los electrones. El hidrógeno verde se ha convertido en el vector estratégico sobre el que pivota la política industrial del país. Con una de las curvas de coste más bajas del mundo gracias a la combinación de sol y viento, Marruecos podría producir hidrógeno renovable a menos de 2 euros por kilogramo en la próxima década, según estimaciones del consorcio público-privado IRESEN.

El plan alcanza dimensiones colosales. El Grupo OCP, mayor exportador mundial de fosfatos y uno de los grandes consumidores de amoniaco, ha anunciado una inversión de 13.000 millones de euros para sustituir su consumo de amoniaco gris por amoniaco verde de producción propia. Para 2032, OCP quiere abastecer el 100% de sus necesidades a partir de hidrógeno limpio, lo que convertirá al país en uno de los mayores electrolizadores del mundo.

Junto a OCP, el consorcio Total Eren-Grupo Nareva ha presentado el proyecto ‘Amun’, una gigafactoría de electrolizadores de 10 GW que utilizaría exclusivamente energía renovable. Si sale adelante, Amun podría producir hasta 1,2 millones de toneladas de hidrógeno verde al año, destinadas en su mayor parte a la exportación por gasoducto o barco, y competiría directamente con los planes del hidroducto H2Med que España y Portugal defienden ante Bruselas.

hidrógeno verde Marruecos

El puerto de Tánger Med, ya convertido en el principal centro logístico del Mediterráneo, aspira a ser el gran hub de suministro de amoniaco verde para la flota marítima europea, aprovechando los nuevos requerimientos de la Organización Marítima Internacional sobre combustibles limpios. Mientras España debate la instalación de electrolizadores en sus puertos, Marruecos está ejecutando.

Competencia y cooperación con España: la partida no es a suma cero

La irrupción de Marruecos como superpotencia renovable ha encendido algunas alarmas en el sector energético español. Después de años liderando el ranking europeo de penetración de eólica y solar, España ve cómo su vecino del sur pasa de ser un mercado potencial a un competidor real por el mismo cliente: la industria alemana, francesa y belga ávida de energía descarbonizada.

La infraestructura que lo cambiará todo está bajo el mar. La interconexión eléctrica entre España y Marruecos, actualmente limitada a dos cables de 700 MW cada uno, se ampliará con un tercer enlace de 700 MW que entrará en servicio previsiblemente en 2028, y se estudia un cuarto que podría llegar hasta los 1.000 MW adicionales. En total, la capacidad de intercambio podría superar los 2.800 MW en menos de diez años, equivalente a dos reactores nucleares completos.

Mientras tanto, España no se queda quieta: con más de 68.000 MW de renovables instalados —entre eólica, solar e hidráulica— y un objetivo de 160 GW para 2030, el país ha generado hasta el 58% de su electricidad a partir de fuentes limpias en 2025. Pero la demanda interna no crece al mismo ritmo, y la opción de exportar a Europa choca con las limitaciones de la interconexión pirenaica, que apenas supera los 3.000 MW. Marruecos, con menor mercado interior, puede dedicar un porcentaje mayor de su producción a la venta exterior.

Las exportaciones netas ya se han invertido en algunos meses de alta generación renovable: en abril de 2026, Marruecos envió a España más electricidad de la que importó, según los registros de Red Eléctrica. Para España, el riesgo de un “dumping” renovable es real, pero la complementariedad puede ser mayor. Las horas de sol marroquíes coinciden en parte con los picos de demanda europeos, y los vientos del Atlántico soplan cuando en la Península Ibérica hay calmas anticiclónicas. Además, el hidrógeno verde puede almacenarse y transportarse, configurando un mercado de futuros que aún no existe.

Sin embargo, las incertidumbres no son menores. La certificación del hidrógeno renovable en la UE exigirá trazabilidad rigurosa y el cumplimiento de los criterios de adicionalidad, algo que Marruecos aún no ha cerrado. El consumo de agua para electrólisis en un país con estrés hídrico crónico es otro punto de fricción, y la estabilidad política regional, con Argelia al este y el Sáhara Occidental como frente abierto, introduce primas de riesgo que los inversores no pueden ignorar.

A largo plazo, el escenario más probable es el de una intensa cooperación bilateral con picos de fricción comercial. Marruecos no desplazará a España del mapa renovable europeo, pero sí le obligará a acelerar sus propias inversiones y a no dormirse en la ventaja regulatoria. La partida no es a suma cero: Europa necesita toda la energía limpia que ambos puedan generar, y el estrecho de Gibraltar podría convertirse en el nuevo mar del Norte de la energía verde, con dos orillas compitiendo por ser el socio preferente.


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