EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? La filial polaca de Ferrovial, Budimex, se alía con Polimex y Sinevia para captar contratos de reconstrucción en Ucrania, estimados en más de 500.000 millones de euros.
- ¿Quién está detrás? El gobierno polaco impulsa el consorcio, en el que Ferrovial participa a través de Budimex, junto a las mayores constructoras locales.
- ¿Qué impacto tiene? Abre una oportunidad estratégica para la ingeniería y construcción española en el mayor programa de infraestructuras de Europa, con un primer escaparate en la Conferencia de Gdansk en junio.
Ferrovial, a través de su filial polaca Budimex, ha sellado una alianza estratégica con dos pesos pesados locales, Polimex y Sinevia, para optar a los contratos de reconstrucción de Ucrania tras más de cuatro años de guerra. El movimiento, bendecido por el gobierno de Varsovia, sitúa al grupo español en la pole position para uno de los mayores mercados de infraestructuras y edificación de las próximas décadas, con una inversión estimada superior a los 500.000 millones de euros.
La iniciativa parte del Ministerio de Patrimonio polaco, que ve en la futura reconstrucción del país vecino una oportunidad histórica para sus empresas y para la estabilidad de la región. Polonia comparte la frontera más extensa de la UE con Ucrania y quiere ser el centro logístico y financiero del proceso. Por eso ha impulsado activamente la creación de este consorcio, que agrupa a la mayor constructora del país, Budimex —controlada por Ferrovial desde hace años y con una posición dominante en el mercado polaco—, con Polimex, el gigante de la construcción pública, y Sinevia, otra firma local de primer orden.
Un mercado de 500.000 millones y la anticipación del gobierno polaco
La alianza se materializó a mediados de mayo, apenas dos semanas antes de la publicación de este acuerdo, con la firma de un memorando de colaboración que contempla la identificación conjunta de proyectos, especialmente en movilidad, redes logísticas y generación y transporte de energía. La foto de los presidentes y el ministro polaco de Patrimonio, Wojciech Balczun, fue el pistoletazo de salida para una maquinaria que aspira a capturar buena parte de los contratos de reconstrucción ucraniana, un pastel que el Banco Europeo de Inversiones y otras instituciones multilaterales empezarán a financiar en cuanto las condiciones de seguridad lo permitan.
“Las empresas que normalmente compiten en el mercado polaco han llegado a la conclusión de que, en un proyecto tan grande, vale la pena aunar esfuerzos”, subrayó Balczun. La declaración refleja el pragmatismo de un gobierno que quiere evitar que los consorcios internacionales —principalmente estadounidenses y chinos— devoren un mercado que considera natural para su industria.
El próximo hito será la Conferencia para la Recuperación de Ucrania (URC 2026), que se celebrará en Gdansk el 25 y 26 de junio. Será el primer gran escaparate para la alianza, con más de 100 delegaciones y la presencia de financiadores públicos, privados e incluso representantes militares. Polonia propone añadir una dimensión de Seguridad y Defensa, incluyendo defensa aérea y protección de infraestructuras críticas.
La alianza demuestra que, en la reconstrucción de Ucrania, la ventaja no será solo de quien construya, sino de quien sepa coordinar financiación, logística y relaciones institucionales a escala continental.
Budimex, la joya de Ferrovial en el Báltico
La apuesta de Ferrovial por la región no es nueva. Budimex facturó 353 millones de euros hasta marzo —un 12% menos interanual—, pero mantiene una cartera de proyectos que la consolida como el referente local. En enero presentó la mejor oferta para renovar una línea ferroviaria en el noreste de Polonia por 961 millones de euros, dentro del ambicioso corredor Rail Baltica, que conectará los países bálticos con el resto de Europa. No es su único contrato en esa red: en 2023 ganó un tramo en Letonia por 3.600 millones, y en 2024 se adjudicó otro en Estonia por 332 millones en consorcio con Bouygues y otras ingenierías.
Además, Budimex se ha convertido en uno de los proveedores acreditados para la primera planta nuclear de Polonia, un megaproyecto de 50.000 millones de euros, y participa en el nuevo aeropuerto central de Varsovia y su conexión ferroviaria de alta velocidad. Toda esa experiencia en gestión de grandes obras, financiación europea y colaboración con autoridades locales es lo que Ferrovial quiere trasladar ahora al otro lado de la frontera.
Artur Popko, presidente de Budimex, lo expresó con claridad: “En la reconstrucción de Ucrania, la ventaja no residirá únicamente en las empresas constructoras, sino también en aquellas que comprendan la lógica de una gran inversión: desde la preparación del proyecto, pasando por la financiación, el cumplimiento normativo, la logística y la gestión de riesgos, hasta la ejecución a gran escala”.
La Ficha del Inversor
Para los inversores que siguen de cerca a Ferrovial, este movimiento tiene una lectura directa. La métrica clave es la exposición al riesgo-recompensa de un mercado valorado en medio billón de euros, con el respaldo de un gobierno anfitrión y con contratos que, previsiblemente, estarán blindados por garantías de la UE. Budimex ya genera márgenes de EBIT en torno al 3,5%, en línea con la media del sector, pero la escala de los contratos ucranianos podría dar un salto cualitativo a la división de construcción, tradicionalmente eclipsada por las concesiones de autopistas y aeropuertos del grupo.
La tendencia a seis meses apunta a una fase de preparación y primeras licitaciones. La conferencia de Gdansk marcará el ritmo, pero los analistas asumen que el grueso de la facturación no llegará hasta 2028-2030. A corto plazo, lo relevante es la construcción de la reputación y las alianzas locales: quien esté bien posicionado ahora tendrá ventaja cuando la maquinaria de la reconstrucción se active.
El perfil recomendado es el de un inversor institucional con horizonte de largo plazo, que entienda que la reconstrucción de Ucrania es un proceso generacional y no un trade de trimestres. También resultará atractivo para family offices y fondos de infraestructuras que busquen exposición a la futura convergencia europea del Este, un equivalente a un nuevo Plan Marshall.
En cuanto al pulso entre operadores, ACS, FCC y OHLA también están posicionadas en grandes proyectos internacionales, pero Ferrovial ha sido la primera en articular una alianza formal con el paraguas gubernamental polaco. El hecho de contar con una filial arraigada, la mayor constructora del país, le otorga una ventaja de partida difícil de replicar. La competencia se intensificará, y el verdadero termómetro será ver cuántas de las adjudicaciones iniciales caen del lado del consorcio.
A largo plazo, y esta es una lectura a cinco o diez años que no conviene perder de vista, si la paz se consolida la reconstrucción de un país del tamaño de Francia podría redibujar el balance de Ferrovial. Su actual dependencia de los ingresos recurrentes por concesiones (autopistas, aeropuertos) daría paso a un mix donde la construcción pura vuelva a pesar, pero con márgenes protegidos por el escudo institucional. El riesgo político sigue siendo elevado, pero la apuesta estratégica está hecha y los próximos pasos se medirán en Gdansk.




