Las reservas mundiales de petróleo se derriten a un ritmo que no se veía desde la crisis energética de 1973. El Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial acaban de emitir una advertencia conjunta: la caída de los inventarios globales de crudo se ha acelerado hasta marcar un ritmo récord, algo que, en sus palabras, «plantea un riesgo sistémico para la estabilidad económica». El detonante es bien conocido: el cierre del estrecho de Ormuz por el conflicto abierto entre Estados Unidos e Irán.
El drenaje de crudo ante el colapso de Ormuz
Ormuz es el cuello de botella más importante del comercio energético. Según los datos de la AIE, por sus aguas transitan cada día 21 millones de barriles de petróleo, aproximadamente el 20% del consumo mundial. Desde que los ayatolás minaron el paso en respuesta a las sanciones, la oferta global se ha contraído de golpe y las reservas estratégicas de los países miembros de la Agencia Internacional de la Energía han tenido que activarse a un ritmo sin precedentes. El FMI y el Banco Mundial hablan ya de una «reducción récord»: los niveles de inventario medidos en días de consumo futuro están en mínimos de la última década, según los datos preliminares que manejan ambos organismos.
La situación recuerda, salvando las distancias, al embargo petrolero de 1973. Entonces, el bloqueo de los países árabes disparó los precios y llevó a la economía mundial a una recesión. Ahora, la combinación del cierre de Ormuz, las sanciones cruzadas y la retirada de inversión en nuevos proyectos de exploración desde la pandemia ha creado un cóctel perfecto. La Agencia Internacional de la Energía ha confirmado que los países miembros han drenado sus reservas estratégicas a la velocidad más rápida desde 1991: los inventarios comerciales de crudo en la OCDE están un 12% por debajo de la media de los últimos cinco años. La AIE, el FMI, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio se reunieron esta semana en París para evaluar las repercusiones. El consenso es que, sin una solución diplomática rápida, la escasez física de barriles se trasladará inevitablemente a los surtidores.
El barril de Brent coquetea con los 100 dólares y la inflación global se tensa
El mercado está cerca de romper la barrera psicológica de los 100 dólares por barril de Brent. Mientras algunos analistas creen que la OPEP+ podría compensar parte del suministro perdido —Irán y Arabia Saudí mantienen un pulso geopolítico que complica esa opción—, otros advierten de que la capacidad ociosa real es menor de lo que oficialmente se declara. La volatilidad es extrema y los contratos de futuros descuentan precios elevados al menos hasta finales de año.
Más allá de la industria energética, el impacto se extiende. El analista Umair Waqas, en declaraciones recogidas por medios económicos, ha subrayado que «el cierre de Ormuz no acabará con el turismo de masas, pero los viajes serán menos frecuentes y más caros». Para un país como España, que lidera el turismo mundial con más de 85 millones de visitantes al año, un aumento persistente del queroseno podría mermar la recuperación del sector. La subida del combustible se está filtrando ya en los billetes aéreos y en el transporte de mercancías, con un coste del diésel que acumula un alza del 18% en lo que va de 2026.

El mundo no se ha quedado sin petróleo, pero las reservas disponibles para amortiguar un shock se están consumiendo a la velocidad de un incendio en un polvorín.
Más allá del petróleo: lecciones de los años 70 para una economía con menos margen
Personalmente, creo que la alerta del FMI y del Banco Mundial no es un simple aviso técnico. Es la constatación de que la economía global sigue siendo dramáticamente frágil ante interrupciones en el suministro de hidrocarburos, a pesar de dos décadas de inversión en renovables. La transición energética avanza, sí, pero el petróleo todavía mueve el 90% del transporte mundial. Y en el actual escenario, llenar un depósito de gasolina en una gasolinera de Madrid cuesta un 15% más que hace tres meses, según los datos del Ministerio de Transición Ecológica.
La diferencia con los años 70 es que hoy los bancos centrales están obsesionados con controlar la inflación, y un repunte de los precios energéticos puede forzar subidas de tipos que asfixien el crecimiento. Por eso la reunión de París incluyó a la OMC: las perturbaciones en el comercio de crudo están generando cuellos de botella en las cadenas de suministro que recuerdan a los días más oscuros de la pandemia. España, que importa el 99% del petróleo que consume, necesita ese crudo para para mantener su movilidad y alimentar su industria turística.
A mi juicio, el verdadero riesgo no está en el pico de precio momentáneo, sino en la duración del conflicto. Si Ormuz permanece cerrado más allá del verano, veremos una destrucción de inventarios que obligará a los gobiernos a imponer medidas de racionamiento o a liberar las reservas estratégicas hasta niveles peligrosamente bajos. El FMI ha sido claro: la reducción de las reservas de petróleo, a este ritmo, es insostenible. Y no hablo solo de barriles; hablo de la confianza de los mercados en que el flujo energético mundial está garantizado. De momento, esa confianza está en el punto de mira, y los 100 dólares son solo la guarnición.




