“Esperamos que el mercado de infraestructuras continúe creciendo a un ritmo atractivo y sostenido”

Las infraestructuras privadas se encuentran en el centro de las grandes fuerzas que están reconfigurando el entorno de inversión.

“Esperamos que el mercado de infraestructuras continúe creciendo a un ritmo atractivo y sostenido durante los próximos años”, explicó ayer Pierre Sáenz Lafourcade, socio y responsable de infraestructuras en Arcano Partners.

Saénz explicó que esta situación vendría provocada por su baja correlación con los mercados financieros, su protección contra la inflación, el atractivo riesgo-retorno y la diversificación que ofrece a las carteras.

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Más en concreto, en Arcano afirmaron que su tesis de inversión era: “invierte en algo que sea sostenible o no lo vas a poder vender”.

El punto de partida macroeconómico, según Arcano, es que vivimos un entorno complejo, con volatilidad e inflación persistente (ha venido para quedarse) y estructural (no coyuntural).

El actual entorno macro no solo pone a prueba a las infraestructuras como clase de activo; en muchos sentidos, refuerza su atractivo. Las mismas dinámicas que están tensionando las carteras tradicionales, inflación persistente, inseguridad energética, reconfiguración de las cadenas de suministro, mayor gasto en defensa e infraestructuras y creciente incertidumbre geopolítica, están impulsando, al mismo tiempo, la demanda de los activos, servicios y redes que los inversores en infraestructuras financian y operan.

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A lo largo de una reunión con periodistas, Sáenz, manifestó también que “no casa bolsas la alza con tanta incertidumbre, y que las prioridades en defensa y seguridad energética no ayudan a bajar la deuda pública”.

“Trump ha cambiado al presidente de la Reserva Federal, pero lo sensato es pensar en subida de tipos más que en bajadas”.  Y en un petróleo en niveles elevados hasta 2030.

Hospital de Turín. Fuente: Sacyr
Hospital de Turín. Fuente: Sacyr

Arcano: invertir en infraestructuras

En este contexto, las infraestructuras privadas deben entenderse no solo como una asignación defensiva, sino como una fuente de valor dual: protección y participación. Protección, gracias a ingresos contratados, marcos regulatorios estables, demanda estructural y menor volatilidad relativa. Participación, al ofrecer acceso directo al ciclo de inversión real necesario para construir una economía más segura, electrificada, digital y resiliente.

Según la firma, 15 billones de dólares es el déficit acumulado de financiación en infraestructuras en 2040 y las tres mega tendencias son la digitalización, la descarbonización y la desglobalización, con los principales sectores de las infraestructuras sostenibles siendo las infraestructuras digitales, la transición energética, y el transporte sostenible y la logística.

Para Arcano, “el deterioro de las infraestructuras obsoletas, la descarbonización del transporte y la re-localización de la industria impulsan las oportunidades de inversión. Las tres mega tendencias convergen y se apoyan unas en otras”, señaló Sáenz.

Cada uno de estos ámbitos presenta dinámicas propias, pero todos comparten un denominador común: una demanda estructural creciente, un fuerte respaldo institucional y una necesidad sostenida de inversión.

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Los sistemas energéticos deben ser más seguros y flexibles. Las infraestructuras digitales deben dar respuesta a la aceleración de la IA y al crecimiento del consumo de datos. Las redes de transporte y logística deben adaptarse a la reconfiguración de las cadenas de suministro, la electrificación y unas rutas comerciales más resilientes.

En definitiva, las infraestructuras privadas en 2026 no deben entenderse como una simple exposición pasiva a tendencias de largo plazo, sino como una inversión directa en los sistemas que las economías necesitan construir, adaptar y reforzar.

Para los inversores, representan una propuesta cada vez más estratégica: una combinación única de diversificación, visibilidad de ingresos, protección frente a la inflación, preservación de capital y exposición al crecimiento real.

De cara a 2026, las infraestructuras privadas se encuentran en el centro de las grandes fuerzas que están reconfigurando el entorno de inversión: fragmentación geopolítica, seguridad energética, digitalización, electrificación, resiliencia de las cadenas de suministro y restricciones al gasto público. Estas dinámicas ya se están traduciendo en necesidades de capital en sistemas energéticos, infraestructuras digitales, redes de transporte y activos logísticos, ámbitos en los que las infraestructuras privadas pueden aportar capital a largo plazo, disciplina operativa y capacidad de ejecución.


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