La inflación de EE.UU. en 2026 se dispara al 5,5% por el crudo y la tensión con Irán: la Fed, atrapada

El IPC interanual de abril marca el mayor repunte desde 2023 impulsado por la gasolina, y atenaza a la Reserva Federal en vísperas de su primera reunión bajo la presidencia de Kevin Warsh.

La inflación en Estados Unidos ha vuelto a descarrilar. El IPC general se disparó un 5,5% interanual en abril, el peor registro desde 2023, mientras que el indicador de precios del gasto en consumo personal (PCE), el favorito de la Reserva Federal, escaló un 3,8%, muy por encima del objetivo del 2%. La causa principal es clara: la guerra con Irán ha disparado el precio del combustible. Lo he analizado detenidamente y lo que más me preocupa es que la inflación subyacente también muestra signos de agarrotamiento.

Los datos en detalle

El informe de la Oficina de Análisis Económico (BEA) correspondiente a abril desvela una aceleración casi generalizada:

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  • El PCE subyacente (sin alimentos ni energía) avanzó un 0,4% mensual, tras el 0,7% de marzo.
  • Los precios de la gasolina se dispararon un 5,5% en solo un mes, situando el galón (3,78 litros) en 4,42 dólares, frente a los 2,98 dólares de finales de febrero, antes de los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán.
  • Los alimentos subieron un 0,5%, la mayor alza mensual desde noviembre de 2022.
  • Los costes de vivienda y suministros repuntaron un 0,6%.
  • El gasto de los consumidores creció un 0,5%, pero la tasa de ahorro cayó 2,6 puntos, señal de que los hogares están tirando de sus reservas.

Estas cifras, especialmente la escalada del combustible, alimentan un cóctel inflacionista que va mucho más allá del surtidor. El efecto de segunda ronda sobre el transporte, los bienes industriales y las expectativas de los agentes económicos ya es visible.

La Fed, en un callejón sin salida

La presión recae ahora sobre la Reserva Federal en vísperas de su primera reunión de política monetaria bajo la presidencia del nuevo chair, Kevin Warsh, que se celebrará los días 16 y 17 de junio. El banco central mantiene los tipos oficiales en la horquilla del 3,50%–3,75% desde hace meses, y el consenso de mercado apunta a que no habrá recortes hasta bien entrado 2027. De hecho, las actas de la reunión del 28 y 29 de abril filtradas recientemente muestran que varios miembros del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) se inclinan más por subidas que por bajadas de tipos.

Un análisis de JPMorgan Chase, citado por Al Jazeera, sugiere que los tipos se mantendrán estables hasta mediados de 2027, momento en el que sería más probable una subida que un recorte. Este giro hawkish refleja la gravedad de una inflación que la Fed no puede ignorar, aunque su origen sea un shock de oferta.

“The inflation picture is becoming increasingly uncomfortable for the Fed. Price pressures are likely to persist over the next few months, and while the Fed cannot fix a supply shock, it cannot ignore one that is feeding into underlying inflation.” — Olu Sonola, jefe de economía para EE.UU. de Fitch Ratings, en declaraciones a Reuters

Análisis: la sombra de la estanflación

Lo que veo en estos datos es un escenario muy incómodo para cualquier banquero central. La Fed se enfrenta a un choque de oferta —la guerra con Irán— que eleva los precios de la energía y, por extensión, los costes de producción en toda la economía. No puede arreglarlo con tipos de interés, pero tampoco puede mirar hacia otro lado si ese impulso se cuela en la inflación subyacente y en las expectativas de los agentes.

La caída de la tasa de ahorro, que ya ha bajado 2,6 puntos porcentuales, demuestra que los consumidores están recurriendo a sus ahorros para mantener el gasto. Eso da algo de oxígeno al crecimiento a corto plazo, pero también es una señal de debilidad estructural. Si la Fed se ve forzada a subir los tipos para contener la inflación —algo que las actas de abril ya insinúan—, el freno al crédito podría llevar a la economía estadounidense a una recesión, mientras los precios siguen altos. Es el peor de los mundos: la sombra de la estanflación planea sobre el horizonte.

Los mercados, sin embargo, parecen ignorar este riesgo: en la sesión de hoy el Nasdaq sube un 0,6% y el S&P 500 un 0,5%, mientras el Dow Jones apenas se mueve. Esta desconexión entre la macro real y los índices bursátiles merece un seguimiento muy cercano. La próxima cita clave será la publicación del IPC de mayo y, sobre todo, la decisión de tipos de junio, donde el tono de Kevin Warsh marcará la hoja de ruta para el resto del año.

🌍 El impacto en España y Europa

Para el lector español, la escalada inflacionaria en Estados Unidos no es un problema lejano. El encarecimiento del petróleo y de los carburantes se traslada directamente a la inflación europea —el IPC armonizado de la eurozona podría recibir un nuevo empujón en mayo— y, por tanto, al poder adquisitivo de los hogares españoles. Además, si la Fed mantiene los tipos altos durante más tiempo y el BCE se ve forzado a imitarla para evitar una depreciación excesiva del euro, el Euríbor a 12 meses podría prolongar su estancia por encima del 3,5%, encareciendo las cuotas de las hipotecas variables que aún soportan millones de familias. Las empresas exportadoras del IBEX con exposición a materias primas notarán también el encarecimiento de los costes energéticos y logísticos. En definitiva, aunque la guerra y los datos se produzcan al otro lado del Atlántico, sus consecuencias se pagan en euros.


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