Lo que ha ocurrido este jueves no es un simple salto en la tabla de posiciones de la inteligencia artificial. Anthropic, la startup creadora de Claude, ha cerrado una ronda de financiación de 65.000 millones de dólares que eleva su valoración hasta los 965.000 millones, arrebatando a OpenAI el título de empresa de IA más valiosa del mundo. La operación, liderada por Altimeter Capital, Greenoaks, Dragoneer y Sequoia Capital, marca un antes y un después en la fiebre inversora que domina Silicon Valley.
La ronda que lo cambia todo
Los números de la ampliación de capital son abrumadores. Con esos 65.000 millones, Anthropic supera los 852.000 millones de dólares que OpenAI consiguió en su última ronda, en marzo de 2026. De un plumazo, el fabricante de ChatGPT pasa a ser la tercera empresa de IA por capitalización en manos privadas, a la espera de las salidas a bolsa que se anticipan en el sector.
Lo que me parece especialmente revelador es el perfil de los inversores. Altimeter Capital y Greenoaks son fondos que suelen apostar por etapas previas a la OPV, lo que sugiere que la salida al parqué de Anthropic está más cerca de lo que el mercado descuenta. De hecho, el consenso entre analistas sitúa a Anthropic, OpenAI y SpaceX como las tres grandes candidatas a protagonizar las mayores ofertas públicas iniciales de la historia.
Claude, el motor de la demanda
La razón del apetito inversor tiene un nombre: Claude. El asistente conversacional de Anthropic, lanzado por primera vez en 2023, ya supera el millón de nuevos registros diarios. La firma de San Francisco ha sabido capturar la demanda de organizaciones que buscan productividad y codificación de software, un segmento donde, según el profesor Jay R. Ritter, de la Universidad de Florida, el producto de Anthropic es el mejor del mercado.
«Esta financiación nos ayudará a satisfacer la demanda histórica que estamos experimentando, mantenernos en la frontera de la investigación y llevar a Claude a más lugares donde se trabaja», declaró Krishna Rao, director financiero de Anthropic.
Esa confianza la comparte el CEO de Altimeter Capital, Brad Gerstner, quien calificó la adopción de Claude entre las «organizaciones más exigentes del mundo» como la prueba del liderazgo de Anthropic y añadió que ese impulso sitúa a la compañía en condiciones de liderar la próxima fase de innovación en IA.
El mismo jueves, Anthropic presentó Opus 4.8, la última versión de su modelo, un avance «modesto pero tangible» que refuerza la competitividad de la plataforma en un entorno donde la carrera por el rendimiento no da tregua. Sin embargo, la empresa no está exenta de turbulencias: la administración Trump la ha señalado como «riesgo para la cadena de suministro» por su negativa a conceder acceso irrestricto a sus herramientas con fines militares, un pulso que podría condicionar su despliegue en el sector público estadounidense.
¿Se prepara el sector para una salida a bolsa masiva?
El salto de valoración de Anthropic, que en menos de dos años ha pasado de ser un proyecto de antiguos investigadores de OpenAI a rozar el billón de dólares, es, en palabras de Ritter, «un hecho sin precedentes para una startup». Aunque compañías cotizadas como Nvidia o Alphabet han registrado incrementos absolutos mayores, el ritmo porcentual de Anthropic asombra incluso en un ecosistema acostumbrado a las hipérboles.
«El aumento de valoración en un periodo tan corto es inaudito. Nadie quiere utilizar el octavo mejor producto; estas empresas o están entre el puñado de ganadoras, o se quedan sin cuota de mercado», explicó el catedrático emérito de la Universidad de Florida.
En mi análisis, esa dinámica de «el ganador se lo lleva todo» es la clave para entender por qué los inversores están dispuestos a pagar múltiplos siderales. Si la IA generativa sigue una lógica de plataforma, el valor se concentrará en muy pocos jugadores. El riesgo de burbuja, por tanto, no reside tanto en que el dinero fluya hacia el sector —en 2026 la inversión global en IA supera holgadamente los 200.000 millones de dólares— sino en que la mayoría de los aspirantes acaben sin ingresos recurrentes. Ritter advierte que, a diferencia de la restauración, la tecnología tiene enormes economías de escala; de ahí la necesidad de apostar por los líderes.
🌍 El impacto en España y Europa
La escalada de valoraciones en IA tiene consecuencias indirectas pero tangibles para la economía europea. El Euríbor, referencia de la mayoría de hipotecas variables en España, no se mueve por operaciones de capital privado, pero el apetito inversor global refuerza un entorno de liquidez abundante que mantiene bajos los costes de financiación a corto plazo. Sin embargo, la concentración de flujos hacia Estados Unidos puede restar atractivo a las startups europeas del sector, que compiten por los mismos fondos de capital riesgo. Además, el uso masivo de modelos como Claude en empresas españolas promete ganancias de productividad, pero también plantea un desafío de dependencia tecnológica. El verdadero riesgo para el consumidor europeo reside en una posible corrección brusca: si la sobreinversión actual desembocara en un ajuste, la volatilidad financiera podría encarecer la deuda de empresas y Gobiernos. Por ahora, la fiebre de la IA respalda las valoraciones de los gigantes tecnológicos y, con ellas, los índices bursátiles globales, un escenario que el BCE vigila con atención desde su mandato de estabilidad financiera.





