La amenaza de Donald Trump de bombardear Omán si este país coopera con Irán en el control del estrecho de Ormuz ha encendido hoy las alarmas en los mercados energéticos globales. Durante una reunión de gabinete este miércoles, el presidente estadounidense respondió a una pregunta sobre un posible pacto entre Teherán y Mascate diciendo: “Nadie va a controlarlo. Son aguas internacionales, y Omán se comportará como todos los demás, o tendremos que reventarlos”. La frase, que en un primer momento se creyó que confundía Omán con Irán, fue confirmada horas después por el propio Departamento de Estado, que difundió la transcripción en redes sociales con la misma referencia explícita al sultanato árabe.
El desglose de la amenaza y sus protagonistas
Lo que me ha llamado la atención no es solo la dureza del lenguaje, sino el contexto. Omán es uno de los aliados más antiguos de Estados Unidos en la región, con más de dos siglos de relaciones diplomáticas y múltiples tratados de cooperación —incluido un acuerdo de libre comercio y una asociación de seguridad—. Además, el país ha ejercido históricamente como mediador neutral entre Washington y Teherán, un papel que desempeñó de forma activa tras el inicio del conflicto armado del 28 de febrero, cuando EE. UU. e Israel bombardearon Irán.
La chispa de la furia presidencial fue un informe de la televisión estatal iraní que apuntaba a un memorando de entendimiento entre Irán y Omán para gestionar de forma conjunta el paso marítimo. Aunque la Administración Trump calificó ese documento de “completa invención”, el presidente optó por elevar la presión a un nivel inédito. De hecho, en la misma comparecencia, Trump volvió a insistir en que Arabia Saudí y Qatar normalicen relaciones con Israel como parte de un hipotético alto el fuego, llegando a afirmar que “me lo deben, para ser honestos”.
“Nadie va a controlarlo. Son aguas internacionales, y Omán se comportará como todos los demás, o tendremos que reventarlos.” — Donald Trump, presidente de Estados Unidos, reunión de gabinete, 27 de mayo de 2026
Análisis: entre la diplomacia de cañonero y la fragilidad energética global
Desde mi punto de vista, esta escalada verbal no es un exabrupto aislado, sino la manifestación más clara —y peligrosa— de la gunboat diplomacy que marca la segunda Administración Trump. El mandatario ya había amenazado con retirarse de las negociaciones si no se cumplían sus exigencias sobre la normalización árabe-israelí, pero señalar explícitamente a un aliado de dos siglos y advertir con “reventarlo” supera cualquier línea roja diplomática previa. Raed Jarrar, director de incidencia de la organización de derechos humanos DAWN, fue contundente al calificar el tono de “lógica de jefe mafioso” y recordar que la Carta de la ONU prohíbe la amenaza del uso de la fuerza contra cualquier Estado, vínculo que obliga a Estados Unidos exactamente igual que al resto de miembros.
El trasfondo económico es aún más inquietante. El estrecho de Ormuz canaliza más del 20% del tráfico mundial de petróleo y una porción creciente de gas natural licuado. Desde febrero, cuando Irán cerró la vía marítima tras el inicio de los bombardeos, los mercados ya operan con una prima de riesgo estructural. Una ruptura con Omán cerraría la última vía diplomática que podría facilitar la reapertura del paso, generando un escenario de estrangulamiento energético que los consumidores europeos empezarían a notar en cuestión de semanas.
🌍 El impacto en España y Europa
¿Qué significa esto para el bolsillo del ciudadano español? La posibilidad de que el conflicto del Ormuz se cronifique está directamente correlacionada con el precio del gas natural en el índice TTF, referencia para la factura energética europea. Si la tensión se mantiene, el TTF puede superar de nuevo los 50 €/MWh, empujando al alza el IPC subyacente y retrasando la normalización de tipos del BCE. Para España, que importa prácticamente todo el gas que consume y donde el Euríbor sigue siendo la referencia de siete de cada diez hipotecas, la combinación de inflación energética y tipos altos prolongaría el enfriamiento del consumo interno. Las empresas del IBEX con exposición a materias primas, como Repsol o las grandes constructoras con proyectos en Oriente Medio, verían aumentada la volatilidad de sus ingresos. En definitiva, la amenaza de Trump no es solo un ruido lejano: tiene el potencial inmediato de encarecer el recibo de la luz y postergar la bajada de las cuotas hipotecarias.




