EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? El Gobierno británico estudia un nuevo recargo fiscal a los compradores no residentes de viviendas de lujo, que se sumaría al ‘impuesto a las mansiones’ (mansion tax) que entra en vigor en abril de 2028.
- ¿Quién está detrás? El Tesoro británico, liderado por la ministra de Hacienda Rachel Reeves, con el respaldo del ala laborista más partidaria de gravar a las grandes fortunas.
- ¿Qué impacto tiene? Para los inversores españoles con propiedades en zonas prime de Londres como Mayfair o Knightsbridge, este tributo adicional encarecería aún más la tenencia. Para el mercado español, la medida podría inspirar iniciativas similares en plazas como Marbella, Mallorca o Barcelona.
El gobierno laborista de Keir Starmer sopesa añadir un ‘impuesto para oligarcas’ a los compradores de viviendas de lujo que no residan habitualmente en el Reino Unido. La iniciativa, desvelada en una consulta pública del Tesoro, afectaría a las propiedades valoradas en más de 2 millones de libras (2,3 millones de euros al cambio actual) y se superpondría al nuevo mansion tax, el recargo al impuesto municipal que ya está aprobado y que empezará a aplicarse de forma progresiva a partir de abril de 2028.
El doble golpe fiscal: ‘impuesto a las mansiones’ más recargo a no residentes
El mansion tax británico, anunciado por Rachel Reeves el pasado otoño, gravará al 1% de las viviendas más caras del país. Para propiedades de entre 2 y 2,5 millones de libras, el recargo será de 2.500 libras anuales (unos 2.894 euros); sube a 3.500 libras (4.052 euros) para las de hasta 3,5 millones; a 5.000 libras (5.788 euros) para las de hasta 5 millones; y a 7.500 libras (8.682 euros) anuales para las que superen esa cifra. La previsión oficial apunta a recaudar 430 millones de libras (498 millones de euros) cada año a partir de 2028.
Ahora el Tesoro quiere añadir una capa adicional. La consulta lanzada admite que «en mercados inmobiliarios con alta presión, especialmente en zonas como Londres, existe interés en comprender si la demanda de los propietarios no residentes puede estar contribuyendo a la presión sobre los precios». De ahí que se estudie un recargo extra sobre las mismas mansiones, pero solo para los dueños que no tributan como residentes fiscales en el Reino Unido.
Londres y el capital español: quiénes serían los más afectados
La medida apunta directamente a los barrios donde se concentra la inversión extranjera: Mayfair, Knightsbridge, Belgravia, Kensington o Chelsea. En esas zonas, el comprador español —desde el inversor patrimonial hasta la family office con exposición internacional— ha sido un actor habitual, atraído por la estabilidad jurídica británica y, hasta hace poco, por el régimen de non-dom. Aunque el número de propietarios españoles afectados no es masivo, el impacto simbólico y fiscal es relevante: una vivienda de 3 millones de libras en Mayfair ya tendrá que pagar 3.500 libras anuales desde 2028, y ese coste podría aumentar sustancialmente si el nuevo recargo a no residentes se fija, por ejemplo, en un 1% o 2% del valor catastral. Para el inversor, eso significa que el yield neto —la rentabilidad por alquiler después de impuestos— podría caer por debajo del 2%, lo que haría perder atractivo frente a otras plazas europeas.
La visión del ala más izquierdista del Partido Laborista es clara: «Una mansión de 10 millones de libras en Mayfair no debería pagar menos impuestos municipales que una vivienda familiar común en Darlington o Blackpool», ha declarado el secretario de Estado del Tesoro, Dan Tomlinson. La revisión del mansion tax prevista para 2033 podría incorporar este criterio de residencia, aunque el recargo específico podría llegar antes, a través de los próximos presupuestos generales.
El recargo a no residentes demuestra que los gobiernos están dispuestos a usar la fiscalidad para enfriar los mercados inmobiliarios de lujo, incluso en países que históricamente han sido refugio del capital extranjero.
La Ficha del Inversor: ¿podría España replicar este modelo fiscal?
La métrica clave para el inversor español con intereses en Londres es sencilla: un sobrecoste anual que puede rondar entre el 0,1% y el 0,3% del valor de la propiedad, dependiendo del diseño del recargo. Para una vivienda de 2,5 millones de libras (2,9 millones de euros), eso podría traducirse en un desembolso adicional de entre 2.500 y 7.500 libras al año, que se sumaría a los gastos de council tax, seguros y mantenimiento. La rentabilidad neta en las zonas prime de Londres ya era baja antes de estos cambios —rondaba el 2,5%-3% bruto en alquileres—, por lo que la nueva carga fiscal consolida la percepción de que la City ya no es un destino tan atractivo para la inversión patrimonial pasiva.
En los próximos seis meses, la tendencia es claramente alcista para esta medida. El Gobierno laborista tiene mayoría absoluta y el ala más intervencionista del partido empuja para que el recargo se incluya en el presupuesto de otoño de 2026. Aunque las asociaciones de agentes inmobiliarios y los bufetes especializados en prime ya han expresado su malestar —advierten de una posible caída de las transacciones de alto standing—, el viento político sopla a favor de mayores impuestos al no residente.
Ahora bien, ¿cómo se aplicaría este modelo al mercado español? En España, los movimientos anti-especulación en zonas tensionadas son constantes: el Ayuntamiento de Barcelona ya ha planteado limitar la compra por parte de extranjeros y en Baleares se estudian fórmulas para gravar las viviendas vacías de no residentes. Marbella, con una de las mayores concentraciones de inversores no residentes de Europa, observa de cerca estos debates. Un impuesto adicional sobre las viviendas de más de 2 millones de euros en manos de no residentes podría ser políticamente viable en comunidades autónomas con alta presión turística y precios al alza, aunque tropezaría con los límites que marca la normativa europea sobre libre circulación de capitales. La experiencia británica servirá de laboratorio: si Londres consigue aprobar el recargo sin que los tribunales lo tumben, otros países con mercados prime —España incluida— tendrán un argumento para seguir ese camino.
El precedente histórico más cercano no está en Europa, sino en Canadá y Singapur, donde las tasas a compradores extranjeros lograron contener momentáneamente los precios. La diferencia es que esos mercados estaban en fase alcista cuando se impuso el gravamen, mientras que Londres lleva tres años de ajuste en el segmento de lujo. Si el recargo británico se aplica en un momento de debilidad, podría acelerar la salida de capital extranjero hacia otras plazas, como Dubái, Lisboa o incluso Madrid, que ofrecen fiscalidades más amables y expectativas de revalorización superiores.
El perfil recomendado para el inversor español es, por tanto, la prudencia. Quienes ya tengan una propiedad en Londres deberían revisar sus estructuras fiscales y plantearse si una venta antes de 2028 evita una pérdida de atractivo. Para quienes estén valorando comprar, la opción de esperar a ver el diseño final del recargo o explorar mercados alternativos como París o Milán, donde las reglas son más predecibles, gana enteros. En cualquier caso, el mensaje que lanza el Tesoro británico es inequívoco: la edad dorada del no residente con cartera pasiva en Londres está tocando a su fin. La próxima cita clave será la presentación del presupuesto de otoño, donde se concretará o descartará este nuevo impuesto.




