David Hoffman, cofundador del influyente medio Bankless y uno de los defensores más visibles de Ethereum, ha dado un paso que pocos esperaban: ha vendido todas sus tenencias de ether. Su decisión, adelantada por Cointelegraph, no parte del pesimismo hacia la red, sino de una lectura fría sobre la maduración de la tesis que durante años animó a muchos a acumular ETH.
Aunque Hoffman sigue siendo «masivamente alcista» con Ethereum como infraestructura, cree que la tesis ‘ETH es dinero’ ya ha llegado a su destino. En sus propias palabras, esa tesis no fracasó, sino que se cumplió. Y, precisamente por haberse cumplido, el activo ha dejado de tener un camino claro hacia una revalorización estructural. El ether rondaba los 2.080 dólares al cierre de esta nota.
Para que el ether funcionara como dinero, explica Hoffman, debían alinearse múltiples capas al mismo tiempo: gobernanza descentralizada, ejecución técnica rápida, incentivos coherentes para las capas 2 (las redes que alivian la carga de la cadena principal), y un dominio de mercado tal que el éter se convirtiera en el punto de referencia monetario natural del ecosistema. Esa alineación, argumenta, era un camino muy estrecho.
Su lectura es que Ethereum hizo la elección arquitectónica más difícil. Mientras Bitcoin simplificó su capa base para elevar el papel monetario de BTC, Ethereum añadió programabilidad y buscó maximizar el uso de su espacio de bloques. Eso abrió las puertas a miles de aplicaciones, pero dispersó el valor. «Ethereum es un dador, no un tomador», resume. Y cita un ejemplo revelador: en 2020 la red albergaba apenas 3.000 millones de dólares en stablecoins; hoy roza los 163.000 millones. La red ha triunfado como infraestructura de liquidación, pero ese triunfo ha fortalecido sobre todo al dólar digitalizado, no al ether como dinero.
Hoffman también apunta que el momento en que el ether funcionó de forma más convincente como dinero de internet coincidió con el auge del COVID, cuando todo el mundo estaba en línea y la fascinación por lo cripto alcanzó su pico. Aquella ventana, dice, no se ha repetido. Y sin un nuevo ciclo de atención cultural masiva, la prima monetaria del ether pierde fuelle.
Ethereum es un dador, no un tomador: cede su seguridad al ecosistema sin quedarse con los márgenes.
El problema de la captura de valor en Ethereum
Los tokens de las cadenas de contratos inteligentes, recuerda Hoffman, tienden a revalorizarse cuando sus comisiones y sus ingresos crecen. Ocurrió con ETH en 2021, con Solana en 2024 y con NEAR en este mismo 2026. Ethereum, en cambio, ha optado por una hoja de ruta centrada en rollups: las capas 2 se llevan la mayor parte de las comisiones, las aplicaciones capturan el margen de cara al usuario, y la red principal se queda con una fracción mínima. El resultado es una estructura que reparte el valor fuera de la moneda base.
El cofundador de Bankless subraya que esto no es un fallo del diseño de Ethereum, sino una decisión consciente de maximizar la utilidad del espacio de bloques. Pero desde el punto de vista del inversor en ether, la consecuencia es clara: si el éxito del ecosistema no se traduce en una mayor demanda estructural del activo, su precio puede quedarse estancado incluso mientras la red prospera.
La lección para los inversores de Ethereum
La lección para los inversores de Ethereum no es que la red esté condenada. De hecho, Hoffman insiste en que sigue siendo «masivamente alcista» respecto a Ethereum como plataforma. Su movimiento es, ante todo, una decisión de asignación de capital tras ver cómo una tesis de inversión alcanzaba un punto de madurez del que ya no espera nuevos saltos.
Esta reflexión conecta con varios precedentes relevantes. Durante la burbuja de 2017, muchos creían que el ether desplazaría al bitcoin como reserva de valor; tras el verano DeFi de 2020, la tesis del «dinero ultrasónico» ganó adeptos. La realidad, sin embargo, ha mostrado que el valor capturado por la capa de liquidación no siempre se refleja en el precio del token nativo. La aprobación de los ETF de ether en 2024 trajo una oleada institucional, pero no impidió que el activo cediera frente a otros dentro del propio ecosistema.
La pregunta que deja abierta Hoffman es si el ether volverá a brillar si la actividad económica tokenizada se dispara en los próximos años. Por ahora, uno de sus más fervientes defensores ha movido ficha. Y el mercado, con el ether en torno a los 2.080 dólares, parece compartir su prudencia.




