Ataques de EE.UU. en Irán: bombardeo a bases militares en plenas conversaciones de paz

Washington pone fin a la tregua con ataques al sur de Irán mientras las negociaciones siguen en Catar. Israel intensifica los bombardeos en Líbano y Trump exige ampliar los Acuerdos de Abraham.

No hay tregua que aguante dos semanas de desconfianza. Estados Unidos puso fin ayer al frágil alto el fuego con Irán bombardeando bases militares en el sur del país y embarcaciones que intentaban minar el estrecho de Ormuz, según informó el Mando Central estadounidense. La escalada militar coincide con la reanudación de las hostilidades en un tablero donde las conversaciones de paz, lejos de romperse, siguen su curso en Catar.

El fin de la fragil tregua

El ataque marca el colapso práctico de una pausa que apenas había durado unas semanas. Para Mikel Ayestarán, periodista que analiza la región en este vídeo de DW Español, el reinicio de los combates era previsible: durante la tregua ambos bandos repusieron municiones y descansaron tropas. «Es habitual que en este tipo de procesos se den picos de violencia», matiza Ayestarán, aunque reconoce que la vía diplomática sigue abierta y de forma muy intensa.

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Esa misma mañana, el secretario de Estado Marco Rubio había calificado de «inminente» un acuerdo con Teherán; horas después corrigió y afirmó que «tomará todavía varios días». La contradicción es un síntoma de la volatilidad que rodea las negociaciones, donde el jefe negociador iraní se encuentra en Doha mientras las bombas vuelven a caer. Catar y Pakistán se han convertido en los grandes mediadores de un conflicto que amenaza con descarrilar cada vez que un misil toca suelo iraní.

Negociaciones vivas pese al ruido de bombas

A pesar de la retórica belicista, el correo diplomático no se ha detenido. Ayestarán subraya que la presencia del equipo negociador en Qatar demuestra que ninguna de las partes quiere cerrar la puerta del todo. «Es muy significativo que las armas hablen de esta forma, pero también lo es que la vía diplomática no se caiga», comenta el periodista desde Estambul. La mediación catarí se antoja crucial: el emirato demostró su eficacia en el acuerdo de Gaza y ahora intenta replicar el modelo con Irán.

La noche previa, la aviación israelí bombardeó más de 100 objetivos en el sur y este de Líbano y emitió alertas de evacuación a la población civil, señal de que prepara nuevos ataques. Este movimiento coincide con la firme oposición del gobierno de Benjamin Netanyahu a cualquier pacto que limite su libertad de acción, como reclamó el propio primer ministro. Para Israel, el frente libanés es la prioridad absoluta, porque Hezbolá ha introducido un factor disruptivo: los drones de Hezbolá que penetran el espacio aéreo israelí casi a diario.

«La República islámica ha sido traicionada en tres ocasiones por Donald Trump», recuerda Mikel Ayestarán, que enumera la ruptura del pacto nuclear en 2018 y las dos ofensivas lanzadas mientras se negociaba.

— Mikel Ayestarán, en DW Español

Irán, desconfianza y el control del estrecho

El analista explica por qué la desconfianza iraní es el mayor obstáculo para la paz. Trump rompió unilateralmente el acuerdo nuclear de 2015, y durante esta guerra, los estadounidenses han atacado dos veces al país en plenas conversaciones. Teherán exige ahora garantías de potencias como China y Rusia, y gracias a su posición geográfica ha descubierto «el arma más poderosa que tiene en la mesa de negociación»: el control del estrecho de Ormuz. Si el conflicto terminara hoy, Irán saldría más fortalecido que antes del 28 de febrero, comenta Ayestarán.

Israel y la pesadilla de los drones de Hezbolá

Netanyahu y sus ministros más radicales ven en cualquier tregua una trampa que podría atarles las manos en Líbano. El goteo de bajas por drones de Hezbolá ha llevado al ejército a querer «cambiar la ecuación», y las declaraciones del ministro de Seguridad Nacional sugiriendo derribar diez edificios en Beirut por cada ataque con dron reflejan la escalada retórica. La estrategia israelí de arrasar el sur del Líbano casa por casa, similar a la empleada en Gaza, no ha bastado para neutralizar la amenaza.

Ayestarán advierte de que si las hostilidades se reanudan a gran escala, la respuesta iraní podría ser aún más brutal que la de los primeros 40 días de guerra: ataques con misiles contra Israel y acciones asimétricas contra todas las bases estadounidenses en Oriente Medio. «Estados Unidos a quien sí ha defendido desde el primer momento es a Israel; al resto de aliados los ha dejado al descubierto», resume.

Trump añade más incertidumbre con los Acuerdos de Abraham

Un último giro ha llegado de la Casa Blanca. Donald Trump condicionó la firma del pacto con Irán a que otros países de la región, como Pakistán, Arabia Saudí, Qatar y Turquía, se adhieran a los Acuerdos de Abraham y normalicen relaciones con Israel. La portavocía paquistaní ya ha rechazado esta imposición, y Ayestarán considera que «añade más incertidumbre al pacto». Para los países musulmanes, normalizar a Israel mientras continúa la devastación en Líbano es «imposible en las calles», recuerda.

La incógnita sobrevuela la región: ¿prevalece el pragmatismo de las monarquías del Golfo, que desean que se reabra Ormuz y se acabe la guerra, o la presión popular y la desconfianza hacia Washington frustran cualquier salida negociada? Por ahora, las armas dictan los tiempos, mientras Qatar se aferra a la diplomacia en la sombra.

El conflicto irrumpió el 28 de febrero de 2026 y en solo 40 días dejó un reguero de destrucción desde el Golfo Pérsico hasta el Mediterráneo. El estrecho de Ormuz, por donde transita un tercio del crudo mundial, se ha convertido en el eje sobre el que pivota la economía global y la paciencia de las potencias.

Implicaciones para el lector: la escalada reaviva el riesgo de interrupciones en el suministro energético que se traducen en precios más altos en los surtidores, pero también dibuja un Oriente Medio donde las alianzas tradicionales se tambalean. Los países del Golfo, que albergan bases estadounidenses, han comprobado que Washington solo defiende a Israel, y el creciente protagonismo de mediadores como Catar sugiere un reequilibrio de influencias que tardará años en asentarse.

Las armas han vuelto a hablar, pero la diplomacia sigue abierta en Doha. Las próximas horas mostrarán si Irán opta por una represalia masiva o si el pragmatismo catarí consigue una nueva pausa. Como advierte Mikel Ayestarán en su intervención para DW Español, «cuando se retoman las hostilidades después de un alto el fuego temporal, la cosa suele ser aún más brutal». El mundo contiene el aliento.

Puedes ver el análisis completo del equipo de DW Español en este vídeo:


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