Petróleo en Ormuz: los ataques y las dudas cotizan el Brent en 100 dólares

Los ataques de Estados Unidos en Ormuz y la incertidumbre sobre un pacto con Irán mantienen al Brent alrededor de los 100 dólares. La factura energética de los hogares y las empresas españolas absorbe la peor parte de una volatilidad que no se disipa.

El petróleo Brent cotiza este martes en el entorno de los 100 dólares, en una sesión que condensa la incertidumbre que sacude los mercados desde hace semanas. Ni la amenaza militar de Estados Unidos en el estrecho de Ormuz ni la posibilidad de un pacto con Irán consiguen fijar una dirección clara: el crudo sube y baja a golpe de titular.

La semana pasada, el barril europeo llegó a desplomarse más de un 7% en una sola jornada, arrastrado por los rumores de que Washington y Teherán habrían acercado posturas para evitar peajes o bloqueos en el paso marítimo por el que circula una quinta parte del suministro mundial. Pero el lunes, la artillería cambió el guion.

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Varios ataques atribuidos a fuerzas próximas a Irán contra posiciones estadounidenses en la región, y la respuesta inmediata de la administración norteamericana, devolvieron la prima de riesgo al mercado. El Brent saltó un 4% en cuestión de horas, devolviendo el precio al umbral de los 100 dólares, el nivel que muchos analistas consideran la nueva zona de confort para el barril mientras dure la crisis.

Las informaciones que llegan de la zona son contradictorias. Por un lado, fuentes diplomáticas filtran avances en una tregua que limitaría las inspecciones a buques tanque; por otro, las imágenes de drones y lanchas rápidas en aguas del Golfo alimentan la percepción de que el conflicto está lejos de apagarse.

Esta dualidad se traduce en una volatilidad intradía pocas veces vista fuera de un shock de oferta concreto. Los operadores de materias primas consultados por esta redacción describen un mercado en el que cada rumor mueve el precio un 2% o un 3% en minutos, dificultando cualquier cobertura razonable para las empresas que dependen del diésel o la gasolina.

El impacto en España es directo. El país importa más del 90% del crudo que consume y, con los precios actuales, la factura energética de los hogares y del transporte se encarece de forma apreciable. De de acuerdo con estimaciones del sector, un barril a 100 dólares supone unos quince euros más por cada depósito lleno de un vehículo diésel medio en comparación con los 80 dólares que se registraban hace doce meses.

El Brent en 100 dólares no es una anomalía puntual: es la prima de riesgo que el mercado asigna a un estrecho que maneja el 20% del crudo mundial y donde cada declaración dispara un algoritmo.

Las pequeñas y medianas empresas de logística sienten ya la presión en sus márgenes. Las que trabajan con contratos indexados al precio del combustible ven cómo las revisiones trimestrales disparan sus costes operativos. Y no es solo el gasóleo: la subida del crudo arrastra al gas natural licuado y a los fletes marítimos, elevando el precio de casi cualquier mercancía que entre por los puertos españoles.

La montaña rusa del Brent: del desplome del 7% al repunte del 4%

En apenas cinco sesiones, el Brent ha experimentado movimientos que normalmente se ven en un trimestre. El pasado miércoles, los rumores de que Irán aceptaría un mecanismo de inspección internacional sin contrapartidas militares hicieron caer el precio hasta los 93 dólares, el nivel más bajo en dos meses. Pero el ataque del fin de semana, en el que varios drones kamikaze impactaron cerca de una base estadounidense en Bahréin, devolvió la cotización a tres dígitos.

La narrativa que domina ahora es la de una guerra de baja intensidad en la que ninguna de las partes quiere ceder, pero tampoco busca un cierre total del tráfico marítimo. Al fin y al cabo, la economía global no resistiría un bloqueo prolongado de Ormuz sin entrar en recesión, y tanto Washington como Teherán lo saben. Sin embargo, la mera posibilidad de un incidente que se les vaya de las manos mantiene a los fondos de inversión con posiciones largas en crudo como principal cobertura.

Por qué España siente cada escalada más que sus vecinos

A diferencia de Alemania o Francia, donde el gas natural tiene más peso en la cesta energética, la dependencia española del petróleo sigue siendo muy alta en el transporte y en sectores como la agricultura o la pesca. Cada euro que sube el barril se traslada con rapidez al surtidor, y eso empuja al alza el IPC de los carburantes, que en abril ya repuntó un 1,2% intermensual tras varios meses de calma.

El Banco de España advirtió en su último informe trimestral de que un escenario de petróleo por encima de 100 dólares durante más de dos meses añadiría entre tres y cinco décimas a la inflación general, retrasando así la senda de bajada de tipos que el BCE ha comenzado este mismo año. Las familias con menos renta son las más expuestas, porque el transporte supone un porcentaje mayor de su gasto.

No sorprende que las asociaciones de transportistas hayan vuelto a pedir al Gobierno que reactive los descuentos al combustible profesional. La última ronda de ayudas se agotó en diciembre, y ahora, con el Brent rondando los 100 dólares, el sector reclama un mecanismo similar al que se aplicó tras la invasión de Ucrania.

De hecho, las cuentas son fáciles: un camión que recorre 120.000 kilómetros al año consume unos 35.000 litros de gasóleo. Si el litro se encarece 15 céntimos, el coste extra anual supera los 5.000 euros por vehículo. Un agujero que muchas pymes no están en condiciones de absorber.

La geopolítica del estrecho: el nudo que enreda a las economías europeas

Que el Brent cotice en 100 dólares no es solo un problema de precios: es el síntoma de un orden energético que Europa creyó superado tras la crisis de 2022, pero que vuelve con otro formato. Entonces fue el gas ruso; ahora es el petróleo que pasa por Ormuz. El patrón se repite, y la dependencia de un chokepoint volátil vuelve a poner a prueba la capacidad de los gobiernos para proteger a hogares y empresas sin disparar el déficit público.

Yo creo que el mercado está valorando más el riesgo de un shock puntual que el coste de un conflicto prolongado. No hay ningún informe serio que prevea un cierre indefinido del estrecho, pero tampoco hay nadie que pueda descartar un cierre de 48 horas por un incidente armado. Esa incertidumbre binaria –pasa o no pasa– explica por qué los 100 dólares se han convertido en un suelo y no en un techo.

La Agencia Internacional de la Energía señaló en su boletín de mayo que las existencias comerciales de crudo en los países de la OCDE están por debajo de la media de los últimos cinco años, lo que resta margen para absorber cualquier interrupción. En ese contexto, cada ataque cerca de Ormuz añade una prima que ya no se descuenta rápido. Los operadores saben que el riesgo no desaparece cuando se firma un comunicado, sino cuando los barcos dejan de ser noticia.

La próxima cita relevante es la reunión de la OPEP+ prevista para dentro de dos semanas. Si el cártel decide mantener los recortes de producción, el Brent podría consolidar los 100 dólares como nuevo equilibrio. Si, por el contrario, anuncia un aumento de oferta para calmar los ánimos, veremos una corrección rápida. En cualquiera de los dos casos, las empresas españolas harían bien en revisar sus coberturas energéticas: el crudo ya no se mueve por la oferta y la demanda, sino por un tablero de ajedrez en el que Madrid no tiene piezas, pero sí muchas fichas expuestas.


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