En doce meses, 19 fundadores de startups de inteligencia artificial especializada han amasado una fortuna conjunta de 59.300 millones de dólares (unos 54.600 millones de euros). La segunda ola del oro digital ya no la protagonizan los modelos generalistas como OpenAI o Anthropic, sino agentes verticales, infraestructura de despliegue y etiquetado de datos.
Claves de la operación
- Los agentes de IA verticales crean 19 nuevos multimillonarios en un año. La cifra total de riqueza acumulada supera la capitalización bursátil de Telefónica y duplica con creces la de Indra, prueba del poderío de estas startups frente a los conglomerados digitales tradicionales.
- Los fundadores rompen el molde del emprendedor clásico. En la lista hay un poeta, tres becarios de Peter Thiel sin título universitario y un argentino autodidacta: el talento en IA brota de ámbitos insospechados.
- España se queda fuera del reparto pese a contar con mimbres en salud digital, legaltech y cloud. Ninguna compañía española figura entre los nuevos unicornios personales, una alerta que urge a acelerar la inversión en inteligencia artificial especializada.
Agentes de IA que programan, diagnostican y litigan
Según los datos de Bloomberg la fortuna conjunta de los 19 nuevos millonarios asciende a 59.300 millones de dólares (unos 54.600 millones de euros). Reflection AI, fundada por Ioannis Antonoglou y Misha Laskin, ejemplifica el paradigma: sus agentes de IA programan, depuran y entienden código con una autonomía casi humana. La empresa ha catapultado a sus dos creadores a una riqueza individual de 4.000 millones de dólares, apoyándose en la experiencia de Antonoglou, que formó parte del equipo de DeepMind que desarrolló AlphaGo.
En el ámbito jurídico, Harvey ha transformado la revisión de contratos y la redacción de documentos legales en tareas casi automáticas. Sus creadores, el abogado Winston Weinberg y el investigador Gabe Pereyra, se conocieron compartiendo piso y hoy atesoran 1.600 millones de dólares cada uno. La herramienta, bautizada en honor al personaje de la serie Suits, ya trabaja para grandes despachos y empresas, demostrando que los servicios profesionales de alto valor también se conquistan con IA.
OpenEvidence, impulsada por Daniel Nadler, ha llevado el asistente médico a otro nivel. El fundador, que ya vendió Kensho a S&P Global por 550 millones, ha logrado que su plataforma acumule más de 100 millones de consultas en el sector sanitario. La valoración se disparó un 300% en solo seis meses, alcanzando los 12.000 millones de dólares, y la fortuna personal de Nadler ronda los 7.200 millones a principios de 2026.
De becarios de Thiel a poetas: el nuevo perfil del millonario IA
Mercor es la historia menos esperada. Brendan Foody, Adarsh Hiremath y Surya Midha se conocieron en un debate escolar, abandonaron la universidad para unirse a la prestigiosa Beca Thiel —que paga 250.000 dólares a jóvenes para que dejen los estudios y emprendan— y pivotaron desde una plataforma de reclutamiento hacia el etiquetado de datos para gigantes como OpenAI. El año pasado esos tres jóvenes sin título generaron 1.000 millones de dólares en ingresos, diez veces más que en 2025, y llevaron la valoración de la empresa a 10.000 millones. Cada uno acumula ya 1.900 millones.
La infraestructura también tiene su triunfador: Guillermo Rauch, argentino autodidacta que aprendió inglés leyendo manuales de programación, ha convertido Vercel en la plataforma de referencia para desplegar aplicaciones basadas en IA. Su patrimonio se estima en más de 1.900 millones de dólares, lo que confirma que la segunda ola de riqueza abarca desde el código hasta la nube.
El talento para la IA ya no se mide por títulos, sino por la capacidad de identificar un dolor concreto en un sector y resolverlo con agentes especializados.
Lo que España debe aprender (y lo que corre el riesgo de perder)
La nueva hornada de millonarios irrumpe en un momento en que el ecosistema tecnológico español se juega su posición en la competitividad digital europea. Aunque contamos con startups de salud digital, legaltech y plataformas en la nube, ninguna ha escalado hasta valoraciones de diez cifras ni ha generado fortunas equiparables. Los 59.300 millones de dólares de riqueza creada equivalen a más del doble de la capitalización bursátil de Telefónica y multiplican por quince la de Indra según datos de mercado de 2025.
La ausencia de apuestas decididas en agentes de IA especializados para la sanidad, el derecho o la logística podría deberse a la fragmentación del capital riesgo local y a la escasez de perfiles técnicos hiperespecializados. Las lecciones de Mercor y Harvey demuestran, sin embargo, que los fundadores no necesitan doctorados: basta con combinar conocimiento sectorial y competencias en inteligencia artificial.
Desde Merca2 observamos un riesgo doble: que los fondos internacionales capturen las promesas españolas en fases tempranas sin que se genere valor local a largo plazo, y que la regulación europea —aunque protege al consumidor— ralentice la experimentación en verticales sensibles como la salud o las finanzas. La próxima ventana de oportunidad se abrirá con la plena aplicación del Reglamento de IA de la UE, un entorno que exigirá agilidad a quien aspire a competir con los 19 nuevos barones.




