Socavón de la L9 en Barcelona: vecinos del Putxet no volverán hasta el 17 de julio

Los técnicos realizan comprobaciones edificio a edificio antes de un retorno escalonado. El Ayuntamiento mantiene un dispositivo fijo de Bomberos y atención en el centro cívico del barrio.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Un socavón de ocho metros durante las obras de la L9 en el Putxet (Barcelona) ha obligado a desalojar ocho fincas.
  • ¿Quién está detrás? La Generalitat de Cataluña, a través del Departament de Territori, y el Ayuntamiento de Barcelona gestionan la emergencia.
  • ¿Qué impacto tiene? Los vecinos no podrán regresar hasta el 17 de julio. La tuneladora avanza a velocidad mínima y los técnicos inspeccionan inmueble a inmueble.

La Generalitat ha confirmado este viernes que los residentes de los ocho inmuebles desalojados por el socavón de ocho metros registrado en las obras de la línea L9 del metro de Barcelona, en el barrio barcelonés del Putxet, no podrán volver a sus hogares hasta el próximo viernes 17 de julio. La emergencia, provocada por el avance de la tuneladora de la prolongación de la línea, mantiene activos todos los servicios de asistencia y la monitorización constante de los edificios afectados.

Un socavón de ocho metros y la tuneladora a velocidad mínima

El socavón se produjo a principios de esta semana en plena calzada, cerca de la intersección con el carrer de Rubenstein. La aparición del agujero de ocho metros de diámetro obligó a desalojar de inmediato ocho fincas colindantes, cuyos vecinos llevan ya varios días alojados fuera de sus viviendas. Fuentes del Departament de Territori han señalado que, aunque los sistemas de seguridad aportan lecturas positivas, los expertos recomiendan una comprobación exhaustiva edificio a edificio antes de autorizar un retorno escalonado.

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Ramón Ramírez, director general d’Infraestructures, ha explicado esta mañana que “todos los movimientos de nuestros sistemas de seguridad son muy positivos”, pero ha insistido en que “los expertos recomiendan hacer comprobación edificio a edificio antes del retorno esglaonat dels veïns”. La tuneladora, que excava a la velocidad mínima, está a punto de alcanzar el carrer de Rubenstein y los técnicos continuarán monitorando los datos de forma mecánica y manual durante los próximos días. Sobre las posibles causas del incidente, Ramírez ha evitado especular: “Se están evaluando, pero todavía no podemos dar concreción”.

Atención a los vecinos y comercios

El Ayuntamiento de Barcelona mantiene desplegado un dispositivo que “se quedará hasta que haga falta”, según ha confirmado el teniente de alcaldía de Seguridad, Albert Batlle. En el Centre Cívic Vila Florida funciona un punto de atención a los desalojados, y un equipo de Bomberos de Barcelona permanece fijo durante todo el día para acompañar a los vecinos que necesiten recoger alguna pertenencia urgente de sus viviendas.

Los técnicos insisten: el retorno será escalonado y solo después de revisar cada inmueble. Es la máxima seguridad para los vecinos en esta emergencia subterránea.

Batlle ha detallado que el consistorio está en contacto con los comercios afectados para asesorarles y que ya se ha contactado con el Gremi d’Hotels por si fuera necesario, hipotéticamente, reubicar a algunos afectados. “Hay que trabajar día a día e ir modulando los servicios”, ha subrayado.

Hoja de Ruta: Claves del Viaje

El incidente del Putxet no es el primer sobresalto que sufren las obras de la L9, un proyecto que acumula años de retrasos y sobrecostes. En esta ocasión, el impacto inmediato es claro: 8 fincas desalojadas, una fecha de retorno fijada para el 17 de julio y una tuneladora que avanza a la mínima velocidad para no agravar la situación. La Generalitat apuesta por la prudencia y prioriza la seguridad sobre los plazos, una decisión que, aunque alarga la incertidumbre de los vecinos, refuerza la confianza en el proceso técnico.

La zona cero es el barrio del Putxet, pero la repercusión va más allá: la nueva fecha de retorno añade presión a un cronograma ya tenso y pone a prueba los protocolos de coordinación entre la administración autonómica y el Ayuntamiento de Barcelona. El dato clave es el propio socavón de ocho metros y las ocho fincas desalojadas, una cifra que evidencia la magnitud de la emergencia. La experiencia de otros episodios similares, como el hundimiento del Carmel en 2005, recuerda que la estabilidad del terreno en obras subterráneas de esta envergadura siempre exige una vigilancia extrema. La contradicción está en que la seguridad obliga a retrasar el regreso, pero cada día fuera de casa supone un coste humano y logístico que las administraciones deberán gestionar con agilidad. El próximo hito, el 17 de julio, será la primera prueba real de si la estrategia de comprobaciones edificio a edificio da resultado.


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