La ola de calor dispara la demanda eléctrica en España al nivel más alto en cinco años

Red Eléctrica registró 813 GWh el 8 de julio, la segunda cifra más alta desde enero de 2021. El uso masivo de aire acondicionado tensiona la red, dispara los precios y anticipa un verano de alto voltaje energético en toda Europa.

La ola de calor ha disparado la demanda eléctrica en España hasta rozar máximos de los últimos cinco años. El pasado 8 de julio, el sistema peninsular absorbió 813 GWh en un solo día, la segunda cifra más alta desde enero de 2021, según el balance diario de Red Eléctrica.

Las temperaturas extremas, con máximas de hasta 42 °C en los valles del Ebro, Extremadura y Andalucía, dispararon el uso de aire acondicionado y convirtieron la climatización en el motor oculto del consumo. La Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) había activado avisos por calor en media docena de comunidades, y la demanda eléctrica respondió de inmediato.

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El dato supone un salto de casi el 9 % respecto al mismo día del año anterior y deja atrás los registros de veranos previos. Solo un pico aislado en enero de 2021, en plena ola de frío, había empujado la demanda a niveles comparables. La diferencia ahora es que el verano se ha convertido en la nueva temporada de estrés para la red.

El calor extremo dispara el consumo eléctrico peninsular

La curva de demanda del 8 de julio mostró un perfil en dientes de sierra, con un crecimiento especialmente agudo entre las 14:00 y las 18:00 horas, franja en la que la generación renovable suele perder fuerza. La coincidencia de altas temperaturas con una menor aportación solar y eólica amplificó la tensión sobre el sistema.

Red Eléctrica tuvo que activar el servicio de respuesta activa de la demanda, el mecanismo que permite reducir consumos industriales en momentos críticos para salvaguardar la estabilidad. Es la primera vez que se recurre a esta herramienta en un mes de julio desde su implantación, lo que refleja la excepcionalidad del episodio.

El 8 de julio no fue un día récord, pero confirma que las olas de calor han convertido el aire acondicionado en el mayor factor de estrés para la red eléctrica en verano.

Europa replica el patrón: precios y redes al límite

La previsión de ENTSO-E, la red europea de operadores de transporte, para el verano de 2026 apunta a un incremento de la demanda del 2,5 % en el conjunto continental, pero sitúa a España a la cabeza con un repunte estimado del 8,9 %. El país se ha convertido en uno de los termómetros de un fenómeno que se repite desde Bruselas hasta Berlín.

Los precios mayoristas han reflejado esa presión de forma inmediata. Bélgica llegó a superar los 933 €/MWh en horas críticas, Países Bajos los 799 €/MWh y Alemania los 665 €/MWh. En España, el mercado diario OMIE marcó picos por encima de los 230 €/MWh durante la ola de calor, más del doble de la media del mes anterior.

El paralelismo es directo: la demanda de climatización se concentra en horas en las que la generación renovable aún no ha alcanzado su madurez nocturna o ha empezado a decaer. El almacenamiento, el gran ausente en muchos sistemas, amplifica la volatilidad de precios y expone la fragilidad del modelo de transición cuando falla la previsión.

Análisis: las lecciones de un sistema que se recalienta

El episodio de julio deja al descubierto varias debilidades estructurales del sistema eléctrico español y europeo. Por un lado, la red física ha mostrado señales de fatiga: en zonas urbanas de Italia, el noroeste de Francia y algunos puntos de Cataluña y Levante se registraron interrupciones de suministro tras el colapso de transformadores sometidos a demanda continua en condiciones de calor extremo.

La capacidad de transporte de las líneas de alta tensión se reduce con el calor, justo cuando más se necesita, y la electrificación del parque de viviendas y de la movilidad añade una presión adicional que no existía hace una década. El caso español es paradigmático porque la climatización ya supone cerca del 14 % del consumo eléctrico residencial, según la OCU, y esa proporción sigue creciendo.

Sin embargo, los operadores del sistema cuentan con herramientas que aún están infrautilizadas. La gestión inteligente de la demanda, el autoconsumo con baterías y la digitalización de los contadores permitirían modular los picos de consumo y evitar sobresaltos en el mercado mayorista. El problema no es tecnológico, sino regulatorio y de incentivos: todavía no se retribuye adecuadamente la flexibilidad que un consumidor puede aportar al sistema.

La ola de calor de julio de 2026 no será la última. La frecuencia e intensidad de estos episodios aumenta con el cambio climático, y la Agencia Internacional de la Energía ya advierte de que la demanda de electricidad para refrigeración podría duplicarse en Europa antes de 2040. El debate no es si volverá a ocurrir, sino si el sistema estará preparado para absorber el choque sin que el consumidor lo pague en el recibo y en la continuidad del suministro.


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