El investigador y analista del ecosistema Ethereum, William Mougayar, ha salido en defensa de la Ethereum Foundation (EF) en un momento en el que las críticas sobre su gestión arrecian. En un reciente pronunciamiento, Mougayar afirmó que quienes atacan a la fundación lo hacen porque la están midiendo con la vara equivocada. “La EF no está diseñada para inflar el precio de ETH ni para cortejar a las instituciones”, sostuvo. “Está haciendo exactamente su trabajo”.
Las palabras del investigador, conocido por su libro The Business Blockchain y por su participación temprana en la gobernanza de Ethereum, llegan en un contexto en el que una parte de la comunidad exige a la fundación un papel más activo en la promoción del ether y en la captación de inversores institucionales. Tras la llegada de los ETFs spot de ETH y la entrada de grandes gestoras como BlackRock, algunos esperaban que la EF actuara casi como un departamento de marketing para el activo. Pero Mougayar lo niega con claridad.
Las críticas a la Ethereum Foundation vienen de lejos
No es la primera vez que la Ethereum Foundation recibe ataques. Desde hace años, voces dentro del ecosistema le reprochan opacidad en el gasto, lentitud en las decisiones y una supuesta falta de conexión con los usuarios y los inversores. En los últimos meses, con el precio de ETH estancado en comparación con bitcoin y con la competencia de nuevas blockchains de capa 1, estas quejas se han intensificado. Algunos inversores minoristas lamentan que la fundación no haga más por sostener la cotización de ether, mientras que ciertos analistas piden una estrategia de relaciones institucionales más agresiva.
La realidad es que la Ethereum Foundation fue concebida como una organización sin ánimo de lucro dedicada a financiar la investigación, el desarrollo del software base y la coordinación de la comunidad. No tiene accionistas, no reparte dividendos y su mandato original es mantener la red descentralizada, segura y abierta. Su presupuesto se destina a becas para desarrolladores, eventos como Devcon, auditorías de seguridad y el mantenimiento de clientes críticos.
La defensa de Mougayar: medir con la vara correcta
Mougayar señala que los críticos utilizan parámetros empresariales —capitalización bursátil, número de patrocinios o campañas publicitarias— para juzgar a una entidad que responde a métricas completamente distintas. “La EF debe medirse por la diversidad de clientes, la resiliencia de la red y la salud del ecosistema de desarrolladores”, argumentó, en declaraciones recogidas por la prensa especializada. De hecho, bajo el paraguas de la fundación, Ethereum ha financiado múltiples clientes como Geth, Nethermind, Erigon y Besu, y ha apoyado investigaciones que han dado lugar a mejoras como la Prueba de Participación, la fragmentación de datos (blobs) o las pruebas de conocimiento cero.
Mougayar recordó además que la fundación nunca prometió ganancias a corto plazo ni se comprometió a ser un agente de relaciones públicas. “Su trabajo es garantizar que Ethereum siga funcionando como un bien público digital”, subrayó. Y puso un ejemplo: si la EF hubiera priorizado el precio de ETH, quizá no habría destinado fondos a investigar rollups o a retirar poder a los mineros durante The Merge, decisiones que en su momento fueron impopulares pero que fortalecieron la arquitectura de la red.
La Ethereum Foundation no está diseñada para inflar el precio de ether, sino para asegurar que la red siga siendo descentralizada, resiliente y abierta.
En su opinión, el debate actual refleja una tensión entre quienes ven Ethereum como un activo financiero y quienes lo entienden como una infraestructura tecnológica. La EF, por su naturaleza, debe inclinarse hacia el segundo grupo. No obstante, Mougayar admite que la comunicación podría mejorar, algo en lo que coinciden incluso algunos miembros de la propia fundación. Pero separa claramente la transparencia comunicativa de la misión última de la entidad.
Análisis: por qué la EF no puede ser lo que algunos le piden
El pulso entre las expectativas del mercado y el diseño institucional de la Ethereum Foundation ilustra una paradoja que recorre todo el ecosistema cripto. A medida que ether se ha convertido en un producto con envoltorio regulado (ETFs, derivados, fondos cotizados) crece la presión para que sus promotores originales actúen como lo haría un emisor corporativo. Pero si la EF diera ese paso, pondría en riesgo su propia supervivencia legal y el equilibrio de gobernanza que sostiene la red. Por un lado, una fundación que persigue el precio podría perder su estatus de entidad sin ánimo de lucro en muchas jurisdicciones; por otro, actuar como agente de marketing de un activo volátil podría atraer la atención de reguladores como la SEC, que ya ha mostrado interés por clasificar el staking como valor financiero.
Mantener una estricta neutralidad es, por tanto, una estrategia defensiva tanto como un principio fundacional. Además, el camino hasta ahora ha dado frutos: Ethereum es la plataforma con más desarrolladores del mundo cripto, el mayor ecosistema de aplicaciones descentralizadas y la que más valor bloquea en contratos inteligentes. Esos datos no provienen de una campaña de relaciones públicas sino de años de inversión en I+D y de una red de contribuyentes independientes, muchos financiados por la EF.
Sin embargo, el resquemor que expresan algunos inversores minoristas no es infundado. La EF ha sido opaca en la publicación de sus cuentas y no siempre ha comunicado con claridad el destino de los fondos. En la última conferencia Devcon, por ejemplo, se pidieron informes financieros más detallados. La mejora de la transparencia es una asignatura pendiente que, de resolverse, podría acallar muchas críticas sin necesidad de alterar la hoja de ruta técnica. O, en otras palabras, la EF podría abrir más sus ventanas sin por ello dejar de ser un laboratorio.
Lo que está en juego es si Ethereum logra mantener su singularidad frente a blockchains más centralizadas pero también más ágiles en el corto plazo. La defensa de Mougayar apunta a que la fundación debe seguir jugando el partido largo, aquel en el que la descentralización y la seguridad son los activos más valiosos. El tiempo dirá si esa apuesta convence también a los mercados.




