Si Alejandro Magno se topó en la India con el primer «no» a su dominio, China lleva años acostumbrando al mundo a decir «sí» a todo lo que sale de sus fábricas. Lo cuenta VisualPolitik en su último análisis: el gigante asiático controla porcentajes abrumadores de la producción y refinado de minerales críticos, desde el 90 % de las tierras raras hasta el 68 % del cobalto, pasando por más de la mitad del acero mundial y un dominio casi absoluto en energía solar y baterías. Contra ese telón de fondo, Estados Unidos ha lanzado un plan con un nombre que evoca una nueva era: Pax Silica.
Pax Silica, la OTAN de las cadenas de producción
En diciembre de 2025, Washington puso en marcha la iniciativa con seis socios iniciales: Australia, Israel, Japón, Corea del Sur, Singapur y Reino Unido. Desde entonces, se han sumado países como India, Finlandia, Suecia, Emiratos Árabes y Filipinas. La lógica, según el canal, es simple: construir una cadena de suministros alternativa a Pekín para la industria tecnológica, en especial los semiconductores de última generación. No es un tratado militar, sino una alianza industrial que aspira a cubrir cada eslabón: desde la minería de minerales críticos hasta el diseño y la defensa cibernética.
India y Australia, los cimientos de la nueva minería estratégica
Australia ya es el mayor productor de tierras raras fuera de China; la India, por su parte, atesora entre 6,9 y 8,5 millones de toneladas de esos minerales, casi el 6 % de las reservas mundiales. Sin embargo, su producción apenas cubre el 10 % de la demanda global y Nueva Delhi depende en un 90 % de Pekín para abastecerse. VisualPolitik apunta que Pax Silica busca precisamente dar la vuelta a esa ecuación: desarrollar la capacidad extractiva india con inversión extranjera, aprovechando además un mercado gigantesco y un capital humano tecnológico que ya ha atraído a Google (15.000 millones de dólares en centros de datos) y Microsoft (17.500 millones en infraestructura de nube e inteligencia artificial) en los últimos meses. De la mano de Australia y la India, el plan promete una base mineral segura, sin pasar por Pekín.
Japón y Corea del Sur: del producto químico a la memoria que alimenta la IA
De los minerales hay que pasar a los componentes, y ahí Tokio es insustituible. Las firmas japonesas dominan los productos químicos de altísima pureza que requieren las máquinas de litografía ultravioleta y controlan una porción vital del mercado de obleas. Corea del Sur, con Samsung y SK Hynix a la cabeza, se ha convertido en el guardián de las memorias de alto ancho de banda (HBM), sin las cuales las GPU de inteligencia artificial se quedan sin datos que procesar. El canal recuerda que la propia China ya impuso restricciones de tierras raras en 2010 y que Tokio lleva años intentando reducir su dependencia; ahora, con la explosión de la IA, la colaboración entre ambos países y Washington se antoja imprescindible. De hecho, el índice Kospi coreano se encamina hacia una subida del 76% en 2026, impulsado por esa fiebre tecnológica.
En la red también encajan Reino Unido –con los omnipresentes diseños de ARM– e Israel, especializado en inteligencia artificial para defensa y ciberseguridad, dos patas que completan un ecosistema con ambiciones globales.
‘Estados Unidos reconoce que no puede ganar por sí solo la carrera de la inteligencia artificial’
— VisualPolitik
El plan se completa con el Proyecto Bolt, una reserva de minerales valorada en casi 12.000 millones de dólares que Washington activó en febrero de 2026 como seguro nacional. VisualPolitik recuerda que aún faltan dos fichas decisivas, Taiwán (TSMC) y Países Bajos (ASML), ausentes como signatarios pese a estar presentes en la cumbre inaugural.
Filipinas: el ‘nodo dorado’ con soberanía estadounidense
La última pieza del engranaje es la más sorprendente. En la isla de Luzón, Estados Unidos, Japón y Filipinas han lanzado el Corredor Económico de Luzón, que une antiguas bases militares como Subic y Clark con los puertos de Manila. Pero el salto cualitativo llega con el proyecto del «nodo dorado» en New Clark City, Tarlac: un enclave industrial de 1.600 hectáreas que operará bajo jurisdicción y normativa de Estados Unidos, con inmunidad diplomática y sin haber pagado un solo dólar por el terreno. Filipinas es el segundo productor mundial de níquel –cada cuatro toneladas exportadas, una sale de allí– y posee yacimientos de cobre, cromita y cobalto, además de un potencial sin explotar en tierras raras. Sin esos minerales critcos, la cadena se quedaría sin base. A eso se suma una tradición de ensamblaje y pruebas de semiconductores (más de la mitad de sus exportaciones) y, ahora, la promesa de fábricas automatizadas para inteligencia artificial.
La respuesta de Pekín y un estatus legal con muchas dudas
China, por supuesto, no se ha quedado de brazos cruzados. Pekín ha calificado el bloque de «perturbador del comercio internacional» y, en los últimos meses, ha respondido con ejercicios con fuego real en aguas cercanas a Luzón. No es casualidad: el gobierno chino ha financiado infraestructuras estratégicas en la misma isla, como la presa de Kaliwa, y ve el proyecto estadounidense como una amenaza directa a su influencia regional. A las tensiones geopolíticas se suma la incertidumbre jurídica. Algunos analistas advierten, recuerda el canal, que el estatus de inmunidad diplomática y la aplicación del derecho estadounidense podrían chocar con la constitución filipina y desencadenar recursos ante la Corte Suprema. Sin una seguridad jurídica sólida, el capital privado difícilmente va a apostar por una zona sometida a tantas controversias.
VisualPolitik se muestra, con todo, escéptico. Como suele ocurrir con los grandes planes nacidos en los despachos, la realidad económica y política puede dar al traste con las mejores intenciones. Aun así, la iniciativa supone un experimento inédito: un territorio bajo jurisdicción de una potencia extranjera pensado para blindar la cadena de suministro tecnológica. ¿Apoyarías que en tu país se crearan enclaves semejantes? El debate queda servido.
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