Mercadona gana 2,84 euros por cada 100 que vende. Las cuentas de 2024, las últimas completas disponibles, sitúan ese margen neto muy por debajo de la mayoría de sus competidores directos en España. Sin embargo, la compañía de Juan Roig cerró ese mismo ejercicio con un beneficio de 1.009 millones de euros, una cifra que ninguna otra cadena de distribución alimentaria logra en el mercado español. La paradoja es el centro de todo: menor rentabilidad unitaria, pero mayor rentabilidad total.
Este fenómeno se explica en una sola palabra: rotación. Y en el mundo del gran consumo, rotar rápido el inventario vale más que un margen abultado sobre cada producto.
La paradoja del margen: menos es más
Para entender la brecha conviene comparar con cifras sectoriales. Carrefour España, por ejemplo, declaró en sus últimas cuentas un margen neto cercano al 4%, un punto completo por encima del de Mercadona. Lidl y Aldi, con estructuras más ligeras, también operan con márgenes superiores en el canal español, aunque su escala de ventas es notablemente inferior. DIA, tras su reestructuración, se mueve en una horquilla parecida a la de Mercadona en rentabilidad sobre ventas, pero su facturación total apenas supera los 7.000 millones, frente a los 35.527 millones de la cadena valenciana.
El dato decisivo no está en el porcentaje, sino en el volumen absoluto. Mercadona ingresa mucho más y, pese a ganar menos por euro, el resultado final supera al de cualquiera. El año pasado, de hecho, ese beneficio neto de 1.009 millones representó aumentar en un 40% las ganancias de 2023, según la propia compañía.
Traducido al lenguaje del lineal: Mercadona prefiere vender diez veces un producto con 2 céntimos de ganancia a venderlo una sola vez con 4. Y logra hacerlo porque la gente llena la cesta muchas más veces al mes en sus tiendas que en las de la competencia.
La eficiencia como ventaja competitiva
Ahí entra el concepto de rotación de de inventario, el verdadero motor oculto. Mientras que la media del sector en España rota su stock entre 8 y 10 veces al año, Mercadona supera con holgura las 15 rotaciones anuales, según estimaciones de analistas que siguen la distribución. Cada metro cuadrado de tienda vende más y más rápido, reduciendo los costes de almacenaje y la merma de producto fresco.
Esa velocidad se apoya en una logística afinada durante décadas. La práctica totalidad de los productos viaja desde los bloques logísticos directamente al lineal, con mínima estancia en almacenes intermedios. Además, el surtido reducido —unos 8.000 artículos frente a los 30.000 que puede ofrecer un hipermercado— elimina complejidad: menos referencias, reposición más rápida, menos roturas de stock y menos capital inmovilizado.
El coste laboral también juega a favor pese al incremento salarial decidido por la empresa. Mercadona paga por encima del convenio, pero la productividad por empleado —otra métrica que rara vez aparece en los titulares— es más alta que en cualquier cadena comparable gracias a la formación continua y a la automatización de procesos administrativos. La combinación de estos factores es lo que realmente pulveriza la rentabilidad del rival que compite en precio.
Una lección para el sector: no todo es margen bruto
El caso Mercadona pone en cuestión la obsesión histórica del retail por proteger los porcentajes de ganancia. Muchas cadenas sacrificaron volumen en los últimos años para sostener márgenes, especialmente cuando la inflación disparó los costes de aprovisionamiento. Esa estrategia permitió cuadrar las cuentas a corto plazo, pero fue cediendo terreno frente a modelos que apostaron por absorber parte del alza de costes para mantener el flujo de clientes. Mercadona lo hizo y ganó cuota.
Es cierto que el entorno actual no es igual para todos. La cadena valenciana cuenta con una ventaja de escala que ningún otro súper alcanza en España: más de 1.600 tiendas que en 2024 recibieron más de 6 millones de visitas diarias. Pero esa ventaja se refuerza precisamente con la eficiencia operativa; no es solo un regalo del tamaño. Quien no consiga girar el stock a doble dígito, por mucho margen que defienda en cada producto, se quedará atrás cuando el consumo se enfríe.
Creo que la lección va más allá del supermercado. Sectores con gran capilaridad logística, desde la distribución farmacéutica hasta los marketplaces, llevan años discutiendo si prima el margen o la velocidad. En 2026, con los tipos de interés aún lejos del cero y la financiación de inventario encarecida, la rotación se convierte en una ventaja financiera de primer orden. No se trata solo de ganar más por producto, sino de cuántas veces puedes ganar esa cantidad en un mismo año sin quedarte sin caja.
La pregunta que deja abierta esta cuenta de resultados no es si Mercadona mantendrá el liderazgo —parece probable—, sino si algún competidor está dispuesto a renunciar voluntariamente a parte de su margen unitario para disputarle la rotación. La historia reciente dice que el que mueve el lineal más rápido, al final, se lleva todo el carro.




