Las acciones de ACS han caído un 4% este lunes, el mayor descenso en dos meses, tras la presentación de unos resultados trimestrales que, a pesar del crecimiento, defraudaron las expectativas del mercado. La constructora presidida por Florentino Pérez vio cómo los inversores castigaban el valor con un volumen de negociación muy por encima de la media, una señal de que la sesión de hoy ha dejado tocada la confianza en el gigante de las infraestructuras.
Los números, remitidos a la CNMV en el hecho relevante de la mañana, muestran un incremento del beneficio neto del 21,5% hasta los 987 millones de euros, frente a los 812 millones del mismo trimestre de 2025. La cartera de proyectos, sin embargo, fue lo que más llamó la atención: 99.800 millones de euros al cierre de marzo, rozando ya la barrera psicológica de los 100.000 millones. Un hito que, según analistas de XTB.com y otras fuentes del mercado, la compañía llevaba meses anticipando gracias a su agresiva expansión en Estados Unidos.
Resultados sólidos pero con matices
El problema no fue tanto la cifra absoluta como las expectativas creadas. Varias casas de análisis habían fijado el beneficio por encima de los 1.000 millones para este trimestre, de acuerdo con datos recopilados por Cinco Días. Al quedarse ligeramente por debajo, el mercado reaccionó con ventas generalizadas. A ello se sumó un deterioro del margen operativo, que pasó del 8,2% al 7,9% lastrado por el aumento de los costes laborales y de las materias primas, costes que ACS no ha podido repercutir íntegramente a pesar de su política de transferencia de riesgo.
El contexto geopolítico tampoco ayudó. La crisis en el estrecho de Ormuz y la inestabilidad en Oriente Medio siguen siendo un lastre para las compañías con intereses en la región. ACS, a través de su filial Turner, gestiona contratos en Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos que, si la tensión escala, podrían sufrir retrasos significativos. Incluso con los sobrecostes blindados contractualmente, la interrupción de ingresos futuros es un riesgo que el mercado empieza a descontar.
El blindaje de Florentino Pérez ante la tormenta global
Florentino Pérez ha sido muy explícito durante los últimos consejos de administración: el riesgo en los nuevos grandes proyectos debe recaer sobre los clientes, no sobre el balance de ACS. Una estrategia que, según desveló Economía Digital, se ha convertido en la seña de identidad del grupo ante la creciente volatilidad mundial. La compañía ha logrado que los clientes asuman los sobrecostes derivados de la inflación y las disrupciones logísticas, protegiendo así su rentabilidad.
Sin embargo, los inversores parecen interpretar este blindaje como la confirmación de que la propia empresa percibe peligros reales en el horizonte. La dependencia del mercado estadounidense —más del 60% de la nueva contratación procede de suelo norteamericano— introduce otro factor de incertidumbre ante el posible cambio de ciclo político tras las elecciones de mitad de mandato. Además, la cartera récord, que tanto costó construir, podría convertirse en un arma de doble filo si la ejecución se complica.
¿Por qué cae ACS si la cartera marca récords?
A la vista de los números, el desplome del 4% parece excesivo. ACS venía de subir casi un 15% en lo que va de año, y su valoración bursátil actual no recoge por completo el valor de la cartera de proyectos, que equivale a más de dos veces su capitalización. Pero la bolsa opera por delante de los balances, y la combinación de un beneficio que no batió récords, un entorno geopolítico caliente y la duda sobre la ejecución de los megaproyectos ha bastado para que muchos inversores decidieran embolsarse plusvalías.
La incógnita, ahora, es si el castigo ha ido demasiado lejos. La sesión del martes será clave para ver si el valor encuentra suelo o si continúa la sangría. A los precios actuales, ACS ofrece una cartera de proyectos que ningún analista discute, pero en mayo de 2026 el miedo manda más que la codicia. El tiempo dirá si el mercado sobreactúa ante la la incertidumbre y si los fundamentales acaban imponiéndose, como ha ocurrido tantas veces en el sector de la construcción.




