5,05 euros. Esa es la cifra que los inversores institucionales tendrán que desembolsar para estrenarse en el capital de TSK desde el miércoles. La ingeniería asturiana ha fijado el precio definitivo de su Oferta Pública de Venta en el rango alto de la banda orientativa, lo que supone valorar la compañía en 580 millones de euros en su debut bursátil.
No ha habido sorpresas de última hora. El folleto registrado ante la CNMV ya avanzaba una horquilla entre 4,45 y 5,05 euros, y los datos que circulaban durante el roadshow apuntaban a una demanda sólida. Al final, el libro se ha cerrado en la parte superior del intervalo, un indicio de que los inversores no han regateado a la hora de apostar por una de las ingenierías medianas más internacionalizadas del país.
Un precio sin rebajas y una valoración que convence
Con ese precio, TSK se sube al parqué con una capitalización bursátil que roza los 580 millones. La operación, según la documentación remitida al supervisor, supone la entrada de nuevos accionistas a través de una ampliación de capital y la venta de un paquete de títulos por parte de los fundadores. El montante final ronda los 70 millones de euros, aunque la cifra exacta depende del ejercicio completo del green shoe.
No es una cifra menor para el mercado español. TSK no es una startup tecnológica que quema caja, sino una compañía industrial con proyectos en más de 40 países y una cartera de pedidos que supera los 1.000 millones. Su especialidad —plantas industriales, instalaciones energéticas, tratamiento de minerales y electrificación ferroviaria— la sitúa en una posición poco habitual para los inversores minoristas: una empresa predecible, con contratos a largo plazo y márgenes ajustados pero estables.
Lo que significa este debut para el ecosistema de las OPV en España
Más allá del caso concreto, que una ingeniería asturiana se atreva a dar el paso en un momento en que muchas compañías similares prefieren esperar es una señal. En los últimos dos años, las salidas a Bolsa en el mercado español han sido un goteo escaso y muy concentrado en el sector inmobiliario y las renovables. TSK rompe esa tendencia.
He seguido de cerca varios intentos de empresas de servicios industriales por acceder al mercado de capitales, y pocos han llegado a buen puerto. La mayoría se han quedado en sondeos preliminares o han optado por rondas privadas de financiación. Que TSK haya completado el proceso sin despeinarse —con el precio en el máximo y sin ampliar el período de prospección— demuestra que el inversor institucional español está dispuesto a mirar más allá de los sectores de moda si los números son sólidos.
Eso sí, el verdadero examen llegará después. El precio de salida es solo una foto fija; lo que importa es la evolución en los primeros meses de cotización. Y aquí, el historial reciente de las debutantes en el BME Growth es irregular: algunas han aguantado el tipo; otras han terminado corrigiendo por debajo del precio de la OPV. La clave para TSK será demostrar que su cartera de pedidos se traduce en ingresos recurrentes y que la internacionalización no diluye los márgenes.
Yo creo que lo conseguirá. Pero hasta que la acción no empiece a cotizar, solo tenemos un precio de partida y muchas expectativas. De momento, la asturiana ha hecho los deberes: ha elegido un precio que no es una ganga, pero tampoco una sobrevaloración que luego penalice a los nuevos accionistas. Y eso, en un mercado de estrenos tan exigente como el actual, ya es mucho.





