El puerto de Tenerife se convirtió este domingo en el epicentro de una operación multinacional sin apenas parangón. Más de 90 pasajeros del crucero de lujo MV Hondius fueron evacuados en un despliegue que requirió la cooperación de 23 países y que, según los reportes de DW Español, ha puesto a prueba los protocolos sanitarios globales tras un brote de hantavirus que costó la vida a un matrimonio a bordo.
Una misión de 23 países para repatriar a los viajeros
Hasta ahora, los aproximadamente 150 pasajeros y tripulantes habían permanecido confinados mientras las autoridades evaluaban el riesgo de transmisión. El domingo, los primeros grupos empezaron a desembarcar con mascarillas y trajes de protección, en lanchas que los llevaban en pequeños grupos hasta el muelle. Desde el puerto, autobuses los trasladaron al aeropuerto de Tenerife, donde aviones de distintos países aguardaban para repatriarlos. DW Español subrayó que la escala de la operación —23 naciones implicadas— refleja la complejidad de gestionar una emergencia sanitaria en aguas internacionales.
Los primeros en abandonar la isla fueron 14 pasajeros españoles, que aterrizaron en Madrid y fueron conducidos al Hospital Gómez para iniciar una cuarentena de al menos una semana. A continuación, un vuelo procedente de los Países Bajos trasladó a ciudadanos alemanes y griegos, mientras que un último avión con destino Australia se programó para el lunes. Uno de los evacuados, de nacionalidad francesa, presentaba síntomas del virus.
Madrid blinda a los repatriados: test, aislamiento y vigilancia
La corresponsal de DW Español en Madrid, situada a las puertas del Hospital Gómez, detalló que los 14 españoles ingresaron en una planta especial con ventilación independiente, donde se les realizaron pruebas PCR. La ministra de Sanidad confirmó que todos los pasajeros estaban asintomáticos en el momento del ingreso, pero el periodo de incubación —que puede alargarse varias semanas— obliga a mantener un control estrecho. “En caso de que alguien desarrolle síntomas, será trasladado a otra planta habilitada para monitorizar su evolución”, explicó la periodista.
El dispositivo desplegado en Tenerife incluyó a más de 350 efectivos extras entre personal médico, fuerzas de seguridad y equipos de desinfección. Los grupos se movieron en circuitos cerrados, sin contacto con la población local, y se cambiaron los trajes de protección en varias ocasiones para minimizar cualquier fisura en la contención.
¿Un riesgo global o un miedo local? Las dos caras del brote
Pese a las garantías de los expertos, la preocupación en la isla canaria persiste. Comerciantes locales consultados por el equipo de DW Español notaron un repunte en la venta de mascarillas y gel hidroalcohólico. “Hay gente que nos ha comentado que prefiere irse a otro lado de la isla”, confesó un vecino, aunque reconoció que la alarma no es comparable a la de los primeros compases de la pandemia de COVID-19. El temor, según el reportaje, se alimenta más de la memoria reciente que de un peligro real de expansión comunitaria.
‘El riesgo para el público es bajo, también para las personas en las Islas Canarias.’
— Fuente sanitaria en el vídeo de DW Español
La Organización Mundial de la Salud ha sido rotunda al trazar una línea entre este suceso y la crisis del coronavirus. “Esto no es otra pandemia”, insistió el organismo, recordando que el hantavirus no se transmite con la misma facilidad entre humanos. Para los responsables sanitarios, la operación era un ejercicio de precaución extrema con contactos de alto riesgo, no una amenaza para la población general.
El enigma del origen: ¿cómo llegó el hantavirus al Hondius?
Los científicos todavía tratan de reconstruir la cadena de contagio que permitió que un virus típicamente asociado a roedores —y cuya transmisión persona a persona es rara— se introdujera en un crucero de lujo. El matrimonio fallecido es, por ahora, el único desenlace mortal confirmado, pero la presencia de al menos otro pasajero sintomático ha acentuado la necesidad de esclarecer lo sucedido. DW Español indicó que el navío permanecerá bajo investigación mientras los laboratorios analizan las muestras y se rastrean los contactos a bordo.
Este brote, aunque limitado, vuelve a poner sobre la mesa la vulnerabilidad de los grandes buques turísticos frente a agentes infecciosos inesperados. La multiplicación de viajes en espacios cerrados y la conectividad aérea inmediata convierten cualquier foco remoto en un reto logístico y diplomático de primer nivel, como ha demostrado la evacuación del Hondius.
Lecciones en alta mar: cooperación y transparencia
El episodio, sin ser otra pandemia, ha servido como prueba de estrés para la arquitectura sanitaria internacional post-COVID. Las imágenes de lanchas neumáticas acercando a los pasajeros a tierra, los aviones medicalizados y el cordón sanitario tejido por más de una veintena de gobiernos serán material de estudio para futuros protocolos. Para la población canaria, la experiencia ha dejado una sensación agridulce: el alivio de que el riesgo real sea bajo, combinado con el eco inquietante de los titulares.
Mientras los repatriados inician sus cuarentenas y la investigación avanza, la pregunta que flota es si el sector de los cruceros —y las autoridades que los regulan— ha interiorizado por completo las lecciones de los últimos años. El caso del MV Hondius sugiere que, al menos en capacidad de reacción, se ha dado un paso adelante. Puedes ver el reportaje completo a continuación:





