Regulación de stablecoins: bancos y defensores cripto chocan en el Senado de EE.UU.

El proyecto de ley GENIUS enfrenta a Wall Street con las fintech por el acceso directo a las cuentas de la Reserva Federal. La pugna puede reconfigurar el mercado global de pagos digitales y deja a la banca española entre dos modelos regulatorios, el europeo de MiCA y el que surj

Un mercado que roza los 200.000 millones de dólares en emisión global de stablecoins espera en el Senado de Estados Unidos el desenlace de una batalla que definirá durante años el reparto de poder entre el sector financiero tradicional y las criptoemergentes. El proyecto de ley GENIUS, que aspira a crear un marco federal para estas divisas digitales ancladas al dólar, se ha convertido en el campo de una pugna de última hora en la que la gran banca de Wall Street intenta asegurarse el control de las cuentas que alimentan el sistema.

Claves de la operación

  • La banca tradicional presiona para que las emisoras cripto no accedan a cuentas maestras de la Reserva Federal. Argumentan que solo las entidades que ya operan con licencia bancaria y seguros de depósito deberían gestionar las reservas de las stablecoins, lo que dejaría a las fintech fuera del circuito directo de la Fed.
  • El proyecto GENIUS abre la puerta a licencias federales de emisor sin necesidad de ser un banco convencional. Los defensores cripto temen que una enmienda de última hora entregue a la banca un derecho de veto sobre cualquier competidor digital.
  • Bruselas observa desde la barrera con MiCA ya plenamente en vigor. La pugna en Washington puede acelerar la competencia atlántica por la hegemonía en los pagos digitales y reconfigurar el mapa de alianzas de los grandes bancos europeos.

La pelea por las cuentas maestras de la Fed: ¿quién emite dinero digital?

Según ha informado Bloomberg, los grupos de presión de la banca estadounidense están moviendo ficha en el Senado para introducir cambios de última hora en el texto que se debate esta semana. La principal línea de fractura es la redacción de un artículo que podría permitir a las emisoras de stablecoins —como Circle con USDC o Paxos— solicitar cuentas maestras en la Reserva Federal para custodiar sus reservas sin pasar por un banco intermediario. Para los grandes bancos comerciales, esa es una línea roja que convertiría a las fintech en competidores directos con acceso al mismo balance que la entidad central.

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Los representantes del sector bancario tradicional insisten en que la estabilidad del sistema exige que los emisores depositen sus reservas en entidades sujetas a los mismos requisitos de capital que rigen para la banca convencional. “Sin esos requisitos, cualquier corralito en una stablecoin amenazaría la estabilidad del sistema de pagos”, replican fuentes próximas a las negociaciones, de acuerdo con el relato recogido por Bloomberg. La mayoría de los emisores cripto piensa que esa exigencia equivale a entregarles un monopolio de facto a JPMorgan, Citi o Bank of America sobre el nuevo patrón de pagos digitales.

El diablo está en los detalles, y en las enmiendas que se presenten en los próximos días. La Asociación de Banqueros de Estados Unidos ha dejado claro que sin la exigencia de que las reservas se depositen exclusivamente en cuentas bancarias aseguradas por la FDIC, la ley podría disparar el riesgo sistémico. Los abogados de la industria cripto, sin embargo, recuerdan que las cuentas maestras de la Fed ofrecen un respaldo aún más sólido, al estar directamente en el balance de la autoridad monetaria.

La sombra de FTX y la apuesta por una infraestructura financiera paralela

El debate no es solo técnico. El colapso de FTX y otros actores cripto en 2022 y 2023 dejó una desconfianza regulatoria que la banca tradicional utiliza ahora como principal argumento: si las stablecoins se convierten en la capa de liquidación del comercio digital, cualquier fallo de su emisor podría contagiar al conjunto del sistema financiero. Los defensores de la innovación responden que, precisamente por ello, necesitan un acceso directo a la Fed que elimine los riesgos de contraparte que introduce un banco comercial como intermediario.

En paralelo, el contexto internacional añade presión. La Unión Europea implementó MiCA en 2025, creando un pasaporte europeo para emisores de stablecoins que ya ha sido utilizado por entidades como Société Générale para lanzar su propio euro digital. Estados Unidos carece aún de una normativa federal y ha dependido de marcos estatales fragmentados. La aprobación del GENIUS Act representaría un salto cualitativo que podría reequilibrar la balanza atlántica.

El texto que maneja el Senado incluye requisitos de reservas uno a uno con activos líquidos de alta calidad, auditorías periódicas y límites de interoperabilidad. Pero la cláusula sobre el acceso a las cuentas de la Fed se ha convertido en el verdadero campo de batalla. Si sale adelante sin restricciones, sería la primera vez que entidades no bancarias obtienen un anclaje directo a la autoridad monetaria para emitir un pasivo de amplia circulación.

Lo que se debate en Washington no es solo una cuestión técnica de pagos: es quién controla la capa de liquidación del comercio digital de la próxima década.

España en la encrucijada: MiCA contra el GENIUS Act

El desenlace en el Senado estadounidense tiene implicaciones directas para el sistema financiero español. Mientras en EE.UU. la banca presiona para mantener el monopolio de las cuentas de la Fed, en Europa el reglamento MiCA ya ha abierto camino a emisores que pueden operar con pasaporte comunitario, incluida la posibilidad de ofrecer stablecoins referenciadas al euro. Entidades como Banco Santander —con una fuerte presencia en EE.UU. a través de su filial Santander US— observan el pulso con la cautela de quien opera en ambos lados del Atlántico.

Desde esta redacción entendemos que el modelo europeo, que obliga a las emisoras a mantener reservas en entidades de crédito autorizadas, se alinea más con lo que los bancos estadounidenses defienden. Sin embargo, MiCA también contempla excepciones para activos de dinero electrónico, lo que en la práctica podría permitir estructuras similares a las que las fintech reivindican en Washington. La diferencia es que en la Unión Europea el debate ya está cerrado, mientras que en EE.UU. se reabre cada vez que la industria bancaria huele riesgo de desintermediación.

El riesgo para la banca española no es menor: si el GENIUS Act acaba endureciendo las condiciones para los emisores cripto, la innovación en pagos digitales podría desplazarse hacia jurisdicciones más ágiles, incluida la europea, donde los competidores de las fintech ya tienen un marco claro. BBVA, que ha explorado proyectos con monedas digitales en Latinoamérica, podría ver reforzada su apuesta por el ecosistema del euro digital frente al dólar, si la fragmentación regulatoria persiste.

La votación final del comité del Senado está prevista para antes del verano de 2026. Hasta entonces, cada enmienda será una partida de ajedrez entre dos modelos de supervisión financiera. Los grandes bancos españoles, que arrastran décadas de experiencia en regulación bancaria transatlántica, saben que el resultado no solo definirá el futuro de las stablecoins, sino también el de su propio negocio de pagos internacionales.


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