¿Europa podría reducir su dependencia del gas importado?

Europa importa menos gas que antes, pero lo suficiente para alterar los precios energéticos. Las nuevas tecnologías podrían ser un avance pero afrontan aún demasiadas dificultades.

La guerra de Irán ha tenido un efecto directo en los precios del gas en Europa, disparando, por ello la última nota de ING apunta varias soluciones para enfrentar esta situación, que pasan por reducir la demanda, fomentar las renovables y la energía nuclear. Aún así para alcanzar una Europa independiente de la molécula importada, hay muchos desafíos y riesgos en las alternativas energéticas para hacerlas viables.

Europa importa menos gas que antes

Según apunta ING, la demanda de gas en Europa ha experimentado un descenso claro de un 20% desde la crisis energética de la guerra de Ucrania. A pesar de este progreso, Europa sigue importando alrededor del 70% de su gas (poco más de 300 bcm anuales), lo que la deja expuesta a riesgos de suministro.

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Sectores como la construcción o la industria son los que más lento avanza en su descenso en el uso de gas, concretamente desde la crisis energética de 2022 han descendido un 8 y 22% respectivamente, debido a la adopción de las bombas de calor y al cierre de plantas químicas. Por lo que son sectores que avanzan lentamente hacia un futuro verde. 

En cambio, el sector energético y la calefacción urbana, han sido los que más han mejorado con un descenso en la demanda de gas ha caído de un 30% respecto a los niveles previos a la crisis. Aunque la demanda eléctrica cayó solo un 3%, el sector energético logró reducciones más profundas de gas al pasar a las renovables.

Por lo que, para evitar estar expuestos a crisis energéticas en Europa, desde ING estudian si una de las soluciones pasaría por la diversificación del suministro. En este sentido, el informe recuerda que al inicio del conflicto entre Rusia y Ucrania, el 40% del gas natural de la UE provenía de Rusia, pero a finales de 2025, esta cifra bajó al 13%. Mientras que algunos países dependían menos, Alemania obtenía más del 55% de su gas de Rusia antes de 2022, bajando a cero importaciones de gasoductos en 2025.

¿La guerra de Irán impulsará el hidrógeno verde?

Noruega es ahora el principal proveedor de la UE (31% en 2025, frente al 25% en 2020), seguida por un aumento del gas natural licuado (GNL) estadounidense (26%, frente al 5%). Argelia aumentó su cuota al 12%, mientras que, Reino Unido y Qatar aportan cada uno casi el 5% del total de las importaciones de gas de la UE, lo que subraya su papel continuado pero menor en la mezcla energética de la región.

No obstante, a pesar de que a día de hoy Europa tiene más proveedores que nunca, sigue estando expuesta. Ejemplos recientes como las amenazas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump de cortar el suministro de gas natural licuado (GNL), que envía a Europa hacen patentes que el continente debe buscar mientras tanto otras soluciones más allá de cambiar de proveedor.

En este sentido, el informe apunta al papel de las renovables como motor de crecimiento de la independencia estratégica ya que en plena coyuntura ucraniana, lograron sustituir parte de la demanda del gas. Según la encuesta energética global de DNV de 2026, el 71 % de los profesionales senior del sector energético cree que expandir las energías renovables es clave para la seguridad energética. Sin embargo, la expansión adicional de las renovables es ahora considerablemente más difícil en comparación con 2022 debido a la congestión de la red. 

Redes electricas europeas Fuente Merca2 Merca2
Redes eléctricas europeas. Fuente: Merca2

Por lo que, a ojos de ING, las renovables son un buen paso, pero requieren de una inversión en redes elevada para que pasen de una propuesta a una realidad

Lo mismo ocurre con el renovado interés en la energía nuclear que ha florecido en Europa. Según sostiene el informe, extender el ciclo de vida de las centrales nucleares existentes y de bajo coste es una política interesante; pero que, es probable que pasen muchos años antes de que Europa pueda ampliar significativamente su capacidad nuclear, debido a dos desafíos clave.

En primer lugar, los intentos recientes de construir nuevas centrales nucleares en Europa han resultado complejos y costosos. Proyectos emblemáticos como Flamanville, Olkiluoto y Hinkley Point C han sufrido retrasos significativos y sobrecostes considerables, lo que pone de manifiesto los considerables obstáculos que aún quedan para una expansión nuclear a gran escala.

En segundo lugar, aunque el interés por los Reactores Modulares Pequeños (SMR) está creciendo, su despliegue aún está en fases iniciales. Actualmente, solo dos SMR están operativos actuamente (uno en Rusia y otro en China) con dos unidades adicionales en construcción en Canadá y Estados Unidos. Además, Europa se enfrenta a riesgos geopolíticos mayores con los SMR porque estos reactores dependen de combustible nuclear avanzado, que se obtiene principalmente de Rusia. Esta dependencia podría complicar los esfuerzos para adoptar la tecnología SMR y aumentar la vulnerabilidad a las interrupciones en el suministro.

Así que, a pesar del resurgimiento de la energía nuclear, es una estrategia poco probable para Europa.

En definitiva, la independencia estratégica de Europa sigue siendo un objetivo a alcanzar pero enfrenta múltiples problemas que pasan más hacia ajustes estructurales y no coyunturales y por lo tanto hacia un largo plazo. Aún así, los expertos insisten en la urgencia de llegar a proyectos realistas para solucionar esta situación de vulnerabilidad.


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