Iberdrola no necesita pedir prestado. Los inversores hacen cola para prestarle.
La utility vasca cerró este martes una emisión de bonos verdes por importe de 1.500 millones de euros con una demanda que, según fuentes financieras, duplicó la oferta. Un éxito que confirma el apetito del mercado por la deuda sostenible y engrasa la maquinaria inversora de la mayor eléctrica española por capitalización bursátil.
La colocación, adelantada por Forbes España, se enmarca en el programa de financiación verde que Iberdrola ha convertido en seña de identidad desde que en 2014 emitiera el primer bono corporativo de este tipo en el mundo. Ahora, con los tipos aún elevados pero la demanda institucional disparada, la compañía presidida por Ignacio Sánchez Galán vuelve a demostrar que el mercado le compra cualquier cosa con la etiqueta ESG.
Una emisión con sobredemanda: el apetito por los bonos verdes de Iberdrola
Los bonos verdes obligan a destinar los fondos a proyectos con impacto ambiental positivo. Iberdrola los ha utilizado para financiar desde parques eólicos marinos en el Báltico hasta plantas fotovoltaicas en Extremadura. La cartera de renovables de la compañía supera ya los 44.000 megavatios de capacidad instalada en todo el mundo y requiere un flujo constante de inversión.
En esta ocasión, la emisión se colocó entre inversores institucionales europeos y asiáticos, con una demanda que fuentes próximas a la operación sitúan por encima de los 3.000 millones de euros. Ese exceso de peticiones permitió a la empresa ajustar el precio al alza y cerrar la operación en condiciones muy ventajosas. Iberdrola no ha detallado el cupón ni el vencimiento, pero la referencia del mercado secundario apunta a un diferencial inferior a los 90 puntos básicos sobre el mid-swap.
La operación se produce apenas dos semanas después de que la agencia S&P Global reiterara el rating ‘BBB+’ con perspectiva estable para la deuda senior de la compañía, destacando su perfil de negocio diversificado y la visibilidad de sus ingresos regulados.
Con los tipos aún altos y la incertidumbre geopolítica de fondo, que Iberdrola coloque 1.500 millones en verde y reciba peticiones por el doble dice más de su solvencia que cualquier roadshow de inversores.
Mientras tanto, el mercado primario de bonos ESG sigue engordando. Según la Climate Bonds Initiative, la emisión global de deuda verde, social y sostenible acumuló en el primer trimestre de 2026 un volumen un 18% superior al del mismo periodo del año anterior. Iberdrola, con varios miles de millones emitidos en la última década, es uno de los emisores recurrentes que marca la pauta.
El dividendo flexible confirma la fortaleza del accionista
El éxito de la emisión verde coincide con otro movimiento financiero de la compañía que refuerza la confianza de los inversores: la ampliación de capital liberada ligada al dividendo flexible. Según el consejo de administración, el valor de mercado de esa operación se ha fijado en un rango de entre 2.700 y 3.060 millones de euros, dentro del límite máximo aprobado de 3.150 millones.
Los accionistas de Iberdrola pueden elegir entre recibir acciones nuevas, cobrar 0,427 euros por título en efectivo o vender los derechos de asignación gratuita. La elección de una opción anula las otras dos sobre los mismos títulos, aunque es posible combinarlas si se dividen los paquetes de acciones. El calendario de la operación, ya comunicado a la CNMV, prevé que el 3 de julio sea el último día de negociación con derecho al dividendo y que el pago en efectivo se realice el 27 de julio.
Si se suma este dividendo complementario al ya abonado en febrero —0,253 euros brutos por acción—, la remuneración total con cargo al ejercicio 2025 alcanza los 0,68 euros por título, un 18% más que el año anterior. Con el extremo alto de la ampliación, el desembolso máximo para la compañía rozaría los 4.760 millones de euros entre los dos pagos.
No es habitual que una utility del Ibex 35 combine una emisión de deuda verde de gran tamaño con un dividendo flexible que puede disparar la retribución al accionista hasta casi los 5.000 millones. El mensaje implícito es que la caja aguanta y que la estrategia de crecimiento en renovables no va a penalizar la remuneración al inversor.

El mercado premia al pionero verde
El fervor inversor por los bonos verdes de Iberdrola no es casual. La compañía lleva años construyendo una reputación de emisor fiable y de asignación transparente de los fondos, que se auditan externamente. Ese historial reduce la prima de riesgo que los grandes fondos exigen a las emisiones ESG y, de paso, abarata el coste de financiación de todo el grupo.
Con todo, conviene no perder de vista que la demanda disparada también está condicionada por la escasez de activos que aúnen rentabilidad con un mínimo de seguridad. La deuda soberana alemana a diez años apenas rinde un 2,5% en el momento de escribir estas líneas, mientras que un bono corporativo de Iberdrola con etiqueta verde ofrece entre 30 y 50 puntos básicos más sin añadir un riesgo de crédito excesivo.
En este punto, creo que el mercado está premiando a Iberdrola no solo por su perfil financiero, sino por haber entendido antes que sus competidores que la transición energética es, ante todo, un negocio de capital. Mientras otras eléctricas europeas siguen reordenando sus carteras de generación, la empresa vasca ha blindado su acceso a la financiación verde y ha creado un círculo virtuoso que pocos pueden replicar a corto plazo.
El riesgo, como siempre, está en los tipos de interés. Si el BCE mantiene el tono restrictivo más de lo previsto, los cupones de las próximas emisiones volverán a subir y encarecerán el servicio de una deuda que ya ronda los 45.000 millones de euros en el balance del grupo. No obstante, el diferencial favorable con el que Iberdrola ha cerrado esta colocación sugiere que, al menos por ahora, los inversores siguen viendo más sombras en la economía europea que en el balance de la eléctrica.
En cualquier caso, la pregunta relevante no es si Iberdrola va a seguir emitiendo bonos verdes —sería un error no hacerlo—, sino hasta qué punto puede mantener el diferencial de precio frente a sus rivales cuando el mercado ESG madure y la diferenciación sea más difícil.




