El mundo consume hoy 1,1 millones de barriles diarios menos de petróleo que en 2025. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) acaba de añadir 700.000 barriles diarios al recorte de su previsión de demanda para 2026, culpando al cierre del estrecho de Ormuz y al encarecimiento del crudo por la guerra entre Estados Unidos e Irán.
En su informe mensual publicado esta semana, la AIE explica que la demanda global se reducirá en 1,1 millones de barriles diarios este año respecto al anterior, arrastrada por la escalada de precios que detonó el conflicto el 28 de febrero y el bloqueo de la principal arteria petrolera del mundo. El recorte adicional de 700.000 barriles diarios frente a las previsiones de mayo da la medida de un deterioro que pocos anticipaban.
El golpe de Ormuz: oferta y reservas en caída libre
El cierre del estrecho ha hundido la oferta mundial en 5 millones de barriles diarios durante el segundo trimestre, el primer descenso trimestral desde 2020. En mayo, apenas salieron al mercado 94,5 millones de barriles diarios, un 4,8% menos que en abril y 13,6 millones menos que antes del estallido del conflicto.
Las reservas se desplomaron en mayo en 143 millones de barriles —el equivalente a 4,6 millones de barriles diarios—, tras los 74 millones perdidos en abril. La AIE subraya que el colapso de la oferta ha sido tan brusco que ha superado incluso las proyecciones más pesimistas del mes pasado.
El impacto no se ha corregido todavía. Las refinerías asiáticas y europeas están quemando inventarios a un ritmo insostenible, lo que mantiene la presión sobre los precios y las primas por interrupción de suministro.
El colapso de la oferta en mayo fue equivalente a borrar del mapa la producción de Irak y Kuwait juntos. No se veía un desplome tan brusco desde los confinamientos de 2020.
La AIE anticipa un repunte en 2027… si el acuerdo resiste
Con el acuerdo de paz que debe formalizarse este viernes en Suiza, la AIE dibuja una senda de recuperación gradual. En el tercer trimestre la demanda seguirá siendo 1,7 millones de barriles diarios inferior a la de hace un año, pero en el cuarto se espera que los volúmenes superen por fin los de 2025, con un alza de 1,1 millones de barriles diarios.
Esa tendencia debería afirmarse en 2027. La agencia calcula que la producción saltará en 8 millones de barriles diarios después de haber caído 3,9 millones en 2026, situándose en 102,4 millones de barriles diarios de media anual. La demanda, por su parte, podría crecer en 2 millones de barriles diarios conforme los flujos del golfo Pérsico se normalicen y los precios bajen.
Sin embargo, la AIE insiste en que estas cifras llevan incorporada una dosis de fe. El documento advierte de que quedan puntos oscuros por negociar, desde el desminado del estrecho de Ormuz —cuya magnitud nadie ha cuantificado todavía— hasta la garantía de un alto el fuego duradero. La incertidumbre, en particular la circulación por el estrecho, es lo que mantiene en vilo a los mercados.

Lo que el mercado aún no sabe: daños colaterales y confianza
Más allá de los titulares sobre el crudo, la crisis de Ormuz ha dejado al descubierto una vulnerabilidad que el Sudeste Asiático y buena parte de la industria europea venían ignorando. La dependencia de una sola ruta marítima para el 20% del petróleo mundial no era un riesgo teórico: se ha materializado con una velocidad demoledora y sin alternativa logística inmediata.
El daño económico ya es tangible. La destrucción de inventarios en plena primavera —tradicionalmente una temporada de acumulación— sugiere que la economía global ha tenido que tirar de ahorros de crudo para mantener la actividad. No sabemos todavía cuánto crecimiento se ha perdido por el camino. La AIE lo deja claro: si hubiera nuevas interrupciones, la recuperación sería más lenta tanto en producción como en demanda.
La pregunta que ningún informe responde es cómo reaccionarán los compradores cuando Ormuz se reabra. El trauma del bloqueo no desaparece con la firma de un acuerdo. Muchas refinerías han empezado a diversificar suministros hacia el Atlántico y el Mediterráneo, lo que podría alterar los flujos comerciales del crudo durante años. La prima de riesgo geopolítico, que había estado dormida desde la crisis de los misiles de 2019, ha vuelto para quedarse.
La recuperación, si llega, no será instantánea. La gasolina y el diésel seguirán caros mientras los tanqueros vuelven a cruzar Ormuz.
Yo creo que 2026 pasará a la historia como el año en que la geopolítica recordó al mercado quién manda. La AIE ha puesto las cifras; ahora falta que los políticos conviertan el alto el fuego en una solución duradera. Si algo hemos aprendido, es que la confianza energética tarda mucho más en volver que un petrolero en zarpar.




