Hay algo que se siente en el ambiente, aunque no siempre se diga en voz alta. Esa especie de “espera indefinida” en la que viven muchos jóvenes, como si la vida adulta estuviera a un paso… pero ese paso nunca terminara de darse.
Habitaciones que no se vacían, maletas que no se hacen, planes que se quedan en conversaciones de domingo por la tarde.
Los datos de la Encuesta de Condiciones de Vida del Instituto Nacional de Estadística lo confirman. En 2025, el 67,1% de los jóvenes entre 18 y 34 años sigue viviendo con sus padres. Sí, más de la mitad. Bastante más.
Y luego están los detalles, que a veces dicen más que el titular. Entre los 18 y los 25 años, el porcentaje sube hasta un 93,4%. Casi todos. Literalmente.
Pero lo que de verdad pesa es lo otro: que entre los 26 y los 34 años, cuando en teoría ya “tocaría” haber volado, un 44,3% sigue en casa.
Además, hay diferencias curiosas. Más de la mitad de los hombres (50,8%) sigue viviendo con sus padres, frente al 37,5% de las mujeres. No es solo un número, es una historia detrás. ¿Más precariedad? ¿Más dependencia? ¿Decisiones distintas? Probablemente un poco de todo.
No es que no quieran irse… es que no pueden

Aquí es donde el relato cambia de tono. Porque no estamos hablando de comodidad. Estamos hablando de límites.
Casi la mitad de los jóvenes de entre 26 y 34 años (47,3%) sigue en casa por una razón muy simple: no le salen las cuentas.
Y cuando lo desglosas, es todavía más claro: el 34,6% no puede pagar un alquiler y el 12,7% ni siquiera se plantea comprar.
Solo un 1,9% dice quedarse porque quiere. El resto… bueno, el resto hace lo que puede con lo que tiene.
El dinero no lo es todo… pero aquí manda

Siempre se dice que el dinero no da la felicidad. Vale. Pero en este caso sí marca, y mucho, las posibilidades.
Entre los jóvenes que ganan menos de 6.000 euros al año, más de la mitad (55,5%) sigue viviendo con sus padres. Y ahorrar… casi ni entra en la ecuación: solo un 2,9% lo consigue.
En cambio, cuando los ingresos superan los 24.000 euros, el panorama cambia bastante. Solo un 29,4% sigue en casa y uno de cada cuatro ya está ahorrando para independizarse.
Es curioso: no se trata solo de querer, sino de cuánto puedes permitirte querer.
Y luego está la formación. Aquí hay un matiz interesante. El porcentaje de jóvenes que vive con sus padres es parecido entre universitarios y no universitarios. Pero el “por qué” cambia.
Unos hablan de estrategia, de esperar un poco más para hacerlo mejor. Otros hablan de bloqueo, de no poder ni empezar.
Buscar casa y sentir que no juegas en la misma liga

Porque claro, incluso cuando decides dar el paso… no siempre hay camino.
Un 7,6% de la población buscó vivienda el último año y no encontró nada. Entre los jóvenes, el dato sube al 9,6%. Buscar y no encontrar. Intentarlo y volver al punto de partida.
El principal problema lo resume todo: el 67,2% señala el precio como el gran obstáculo.
Pero no es solo eso. Un 9,3% reconoce que no cumple los requisitos para acceder a una vivienda. Avales, contratos, ingresos mínimos… condiciones que, sobre el papel, suenan razonables. En la vida real, muchas veces son un “no” disfrazado.
No es igual en todas partes… pero el problema es el mismo
Luego está el mapa. Hay zonas donde todo esto aprieta más: Baleares, Madrid, Canarias… lugares donde encontrar vivienda se ha convertido casi en una carrera de obstáculos.
En otras comunidades, como Extremadura o Castilla-La Mancha, parece haber algo más de aire. Pero solo un poco. Porque al final, mires donde mires, el problema se parece demasiado: el precio. Siempre el precio.
Y hay otra capa más, que a veces pasa desapercibida. El origen.
Entre las personas nacidas fuera de la Unión Europea, un 13,7% no logra encontrar vivienda pese a buscarla. Más del doble que entre quienes nacieron en España.
Al final, todo esto no son solo estadísticas. Son pequeñas historias que se repiten. Conversaciones de cocina, cuentas que no cuadran, decisiones que se aplazan sin fecha.
Y una sensación que, si te paras a pensar, pesa bastante: estar listo para empezar tu vida… pero no encontrar todavía dónde empezar.




