¿Alguna vez te has parado a pensar que quizás no estamos hechos para este mundo tan acelerado? La tecnología, la comida rápida, el ritmo vertiginoso de la vida moderna… todo nos lleva a preguntarnos si realmente nuestro cuerpo está preparado para tanto cambio. Y, al parecer, no lo está. Eso es lo que nos quiere hacer entender Inés Moreno, traumatóloga y autora de Homo Imperfectus, un libro que nos invita a mirar más allá de las comodidades y reflexionar sobre cómo la desconexión con nuestra biología está afectando nuestra salud de formas que quizás ni imaginamos.
El salto de lo natural a lo artificial

Parece que fue ayer cuando todo era más sencillo. Hace unas pocas décadas, vivir saludable no requería pensarlo tanto. Todo era natural: el trabajo era físico, caminábamos más, comíamos alimentos frescos y no había tanta procesada ni ultraprocesada a cada esquina. Pero hoy, no solo tenemos ascensores a la puerta de casa, sino también comida lista en minutos, y todo es más cómodo y fácil. ¿Y en qué momento dejamos de movernos lo suficiente? En el momento en que la comodidad se volvió la norma. Nos hemos metido en un mundo que, aunque parece diseñado para facilitarnos la vida, realmente está desajustado con lo que nuestros cuerpos necesitan.
La comida moderna: ¿por qué seguimos eligiendo lo que nos hace daño?
Es un dilema que todos conocemos. La comida rápida y ultraprocesada siempre está ahí, esperando. Sabemos que lo mejor es comer productos frescos, pero seguimos cayendo en la tentación de lo fácil. ¿Por qué? Inés tiene la respuesta: nuestros cuerpos están diseñados para desear lo que antes era raro, como el azúcar, la sal y las grasas. En tiempos antiguos, esos nutrientes eran la supervivencia. Actualmente, esos nutrientes, iguales, están en todos los sitios, y aunque sabemos que no nos hacen bien, seguimos queriéndolos.
El cuerpo humano: imperfecto pero increíble

Por más que queramos, nuestro cuerpo no es perfecto. De hecho, Inés habla de una de las limitaciones más evidentes: la estrechez de nuestra pelvis, que hace que el parto en los humanos sea mucho más complicado que en otros animales. Mientras que los primates pueden parir sin tanta dificultad, en los seres humanos esa estrechez anatómica nos obliga a necesitar ayuda externa. Y, aunque en la actualidad algunos defienden los partos “naturales” en lugares remotos, Inés se hace una pregunta interesante: «Si de verdad defendemos lo natural, ¿tendría sentido ir a parir sola en el campo?» Pues no, la verdad es que no. A veces, la naturaleza no es tan perfecta como la pintan, y la ayuda médica es más que necesaria. Hay que aceptar que, aunque nuestra biología es maravillosa, no todo lo que es natural es necesariamente lo mejor para nosotros.
El ejercicio: lo que olvidamos hacer cada día

Antes no teníamos que pensarlo. El ejercicio formaba parte de nuestra vida diaria, aunque solo fuera por el hecho de caminar al trabajo o hacer tareas físicas. Pero hoy, nos hemos acomodado. Vivir una vida sedentaria parece sencillo pero no es lo más saludable. Inés nos recuerda que nuestro cuerpo no fue hecho para estar quieto, y el ejercicio es fundamentalpara mantenernos en forma. No es solo estética; es una necesidad biológica. Si no nos movemos, nuestros huesos no reciben el estímulo que necesitan, y eso afecta nuestra salud a largo plazo. ¿Lo peor de todo? No es que no sepamos lo que necesitamos, sino que nos hemos olvidado de escucharnos.




