MiCA no basta: Bybit pide más licencias para ganar en Europa

Ben Zhou, CEO del exchange Bybit, sostiene que el reglamento europeo MiCA no cubre los servicios más rentables y obliga a tramitar autorizaciones nacionales adicionales. Una crítica que cuestiona la promesa de armonización regulatoria de Bruselas.

El reglamento europeo de criptoactivos, conocido como MiCA, prometía un mercado único: una sola licencia para operar en los 27 países de la Unión. Pero el consejero delegado de Bybit, uno de los mayores exchanges del mundo, acaba de poner el dedo en la llaga. Ben Zhou ha dicho en voz alta lo que muchos directivos del sector murmuran en privado: con MiCA sola no se gana dinero en Europa.

Zhou ha explicado que las plataformas necesitan sumar licencias adicionales país por país para que el negocio sea rentable. Una afirmación que, si se confirma como tendencia, deja en entredicho una de las grandes promesas de Bruselas: la armonización regulatoria que iba a convertir a Europa en un terreno de juego homogéneo para los exchanges (las plataformas donde se compran y venden criptomonedas).

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Qué ha dicho exactamente el CEO de Bybit

En declaraciones recogidas por CoinDesk, Zhou ha sostenido que el régimen de MiCA, plenamente operativo desde finales de 2024, cubre lo básico pero deja fuera servicios que generan ingresos clave. Para ofrecerlos, las plataformas tienen que pedir autorizaciones nacionales adicionales en mercados como Alemania, Francia o España, cada uno con su propio supervisor, sus tiempos y sus tasas.

Eso encarece la operación. Y mucho. Bybit, que obtuvo su licencia MiCA a través de un registro en un país miembro, sigue tramitando aprobaciones específicas en varios estados para poder ofrecer derivados, servicios de custodia avanzada o productos vinculados a staking (el mecanismo por el que un usuario bloquea sus monedas en una red para recibir recompensas, parecido a un depósito a plazo en un banco). Estos son, justamente, los productos con mejores márgenes.

La queja de Zhou no es trivial. Bybit es un actor global con volúmenes diarios de miles de millones, y si su CEO admite que MiCA no basta para ser rentable, el problema escala más allá de un caso aislado.

Por qué esto afecta al usuario europeo y al inversor medio

El razonamiento es directo. Si operar en Europa sale más caro de lo previsto, los exchanges pueden hacer tres cosas: subir comisiones, recortar el catálogo de productos disponibles o, directamente, salir de mercados secundarios donde no compense el esfuerzo regulatorio. Cualquiera de las tres opciones penaliza al usuario final.

De hecho, varias plataformas han ajustado ya su oferta en Europa desde la entrada en vigor de MiCA. Algunos tokens han desaparecido de los listados europeos, y ciertas stablecoins (criptomonedas diseñadas para mantener un valor estable, normalmente vinculado al dólar) han visto restricciones específicas para usuarios con residencia en la UE. Para quien invierte desde España, eso significa menos opciones que un usuario en Estados Unidos o Asia.

El otro efecto, menos visible, es la concentración. Si solo los gigantes pueden permitirse el coste de licencias múltiples, los exchanges medianos quedan fuera. Una paradoja: una norma pensada para abrir competencia podría acabar reduciéndola.

licencia cripto España

Una promesa de armonización que se va matizando

Conviene situar el momento. MiCA se aprobó en 2023 y se desplegó en dos fases, completándose a finales de 2024. Bruselas lo vendió, con razón, como el primer marco regulatorio integral para criptoactivos en una jurisdicción importante, adelantándose a Estados Unidos y al Reino Unido. La idea era simple y potente: una passport, una sola autorización válida para los 27 países, igual que ocurre desde hace años con bancos y gestoras bajo MiFID II.

El precedente regulatorio europeo apuntaba a que esa armonización funcionaría. En el sector financiero tradicional, el pasaporte único ha funcionado razonablemente bien para fondos UCITS o para entidades de pago. Pero el cripto introduce capas que MiCA no resuelve del todo: derivados sobre criptoactivos, productos de rendimiento como el staking institucional, o la custodia para clientes profesionales. Esos huecos los rellenan los reguladores nacionales, cada uno a su manera.

En España, por ejemplo, la CNMV ha mantenido competencias específicas y un registro propio que se solapa parcialmente con el régimen europeo. Y la ESMA, la autoridad europea de mercados, sigue afinando guías técnicas que llegan con cuentagotas. El resultado es que un exchange con licencia MiCA aún tiene que negociar caso por caso con cada supervisor nacional para los servicios que más facturan.

El riesgo de fondo es político. Si los grandes operadores empiezan a decir abiertamente que el marco europeo no funciona para hacer negocio, se reabre el debate sobre si Europa será un mercado atractivo o una jurisdicción que el sector evita. Y eso ocurre justo cuando Estados Unidos avanza, bajo la nueva administración, hacia un marco propio que muchos perciben como más amigable. La SEC ha relajado parte de su postura adversarial del bienio anterior, y eso compite directamente por captar a las plataformas que hoy dudan dónde poner su sede europea.

La pregunta que queda abierta es si Bruselas reaccionará. La revisión técnica de MiCA tiene fechas previstas para los próximos años, y el debate sobre una posible MiCA II ya está sobre la mesa en círculos especializados. Mientras tanto, el lector que invierte desde España conviene que asuma una realidad: aunque vea el sello ‘autorizado bajo MiCA’ en su exchange favorito, eso no garantiza que tenga acceso a todos los servicios, ni que las comisiones sean homogéneas con las de un usuario alemán o francés. La armonización, de momento, es más una aspiración que un hecho.


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