Estée Lauder ha solicitado a JPMorgan una línea de financiación de 5.000 millones de euros para estudiar el lanzamiento de una OPA sobre Puig, según fuentes financieras consultadas por Expansión. La operación, de confirmarse, supondría la mayor adquisición en el sector cosmético europeo de la última década.
JPMorgan evalúa la financiación mientras Puig cotiza en mínimos
El banco estadounidense está analizando la viabilidad de estructurar un paquete de deuda que permitiría al gigante de Nueva York lanzar una oferta pública de adquisición sobre la totalidad del capital flotante de Puig. La compañía española, que debutó en bolsa en mayo de 2024, acumula una caída superior al 40% desde su estreno bursátil, lo que ha reducido su capitalización hasta los 9.800 millones de euros aproximadamente.
Las acciones de clase B —las únicas que cotizan— han sufrido especialmente el castigo del mercado. La estructura de doble clase accionarial que la familia Puig diseñó para su salida a bolsa otorga a los títulos de clase A, en manos del núcleo familiar, derechos de voto reforzados. Esto complica cualquier operación hostil. Pero no la descarta.
De hecho, una OPA amistosa pactada con la familia sería la única vía realista. Los Puig controlan más del 70% de los derechos de voto a través de sus acciones de clase A. Sin su beneplácito, Estée Lauder no podría hacerse con el control efectivo aunque adquiriese todo el free float.
El interés estratégico: marcas españolas con proyección global
¿Qué busca Estée Lauder en Puig? La respuesta está en el portafolio. Charlotte Tilbury, Paco Rabanne, Jean Paul Gaultier, Carolina Herrera. Marcas que el grupo español ha sabido posicionar en el segmento de lujo accesible, precisamente donde Estée Lauder necesita reforzarse frente a L’Oréal y LVMH.
La compañía americana atraviesa un momento delicado. Sus ventas en China —históricamente su segundo mercado— han caído un 11% en el último ejercicio fiscal, según sus propios informes trimestrales. El travel retail asiático, motor de crecimiento durante la década pasada, no termina de recuperar los niveles prepandemia. Estée Lauder necesita diversificar geografías y rejuvenecer su cartera de marcas.

Puig ofrece ambas cosas. Su exposición a Europa y América Latina es significativamente mayor que la de los grandes conglomerados del lujo. Y sus marcas de moda y fragancia atraen a un consumidor más joven que el cliente tradicional de Estée Lauder, cuyo público principal supera los 45 años.
Los obstáculos de una operación sin precedentes
Dicho esto, la operación presenta obstáculos considerables. El primero es la propia familia Puig. Marc Puig, presidente ejecutivo, ha reiterado en múltiples ocasiones que la salida a bolsa no buscaba liquidez para los accionistas históricos, sino capital para seguir creciendo de forma independiente. Vender ahora, con la acción en mínimos, sería reconocer el fracaso de esa estrategia apenas dos años después del debut.
El segundo obstáculo es regulatorio. Una adquisición de esta magnitud requeriría la aprobación de las autoridades de competencia europeas. Puig tiene una cuota significativa en el mercado de fragancias de lujo en España, Francia e Italia. Bruselas examinaría con lupa cualquier concentración que sumase las carteras de ambos grupos.
El tercero, y quizá el más relevante a corto plazo, es la propia situación financiera de Estée Lauder. La compañía cerró su último ejercicio con una deuda neta de 8.200 millones de dólares, según sus estados financieros auditados. Añadir 5.000 millones de euros adicionales —unos 5.400 millones de dólares al tipo de cambio actual— elevaría su apalancamiento a niveles que las agencias de rating podrían cuestionar.
¿Por qué ahora? El contexto que explica el movimiento
La debilidad bursátil de Puig ha abierto una ventana que no existía hace un año. En su debut, la compañía catalana se valoró en más de 15.000 millones de euros. Hoy cotiza con un descuento cercano al 35% sobre aquel precio de colocación. Para un comprador con visión a largo plazo y capacidad de financiación, el momento tiene lógica industrial.
Creo que Estée Lauder está tanteando el terreno más que preparando una oferta inminente. Solicitar financiación a JPMorgan no equivale a lanzar una OPA. Significa estudiar si la operación es viable, a qué precio tendría sentido y qué respuesta cabría esperar de la familia Puig y del mercado. Es un primer paso, no un compromiso.
La pregunta que queda abierta es si los Puig estarían dispuestos a negociar. Hasta ahora, todas las señales apuntan a que no. Pero el castigo bursátil prolongado cambia los cálculos. Si la acción sigue cayendo, los accionistas minoritarios —fondos institucionales que entraron en la OPV— presionarán para que la familia considere alternativas. Una oferta con prima sustancial sobre el precio actual podría ser difícil de rechazar sin una justificación estratégica muy sólida.
El sector cosmético europeo no ha visto una operación de este calibre desde que Coty adquirió parte del negocio de belleza de Procter & Gamble en 2016. Entonces, como ahora, la consolidación parecía inevitable. La diferencia es que Puig ha construido algo que pocos grupos tienen: marcas con identidad clara y un posicionamiento distintivo en el segmento de lujo. Eso tiene un precio. La cuestión es si Estée Lauder está dispuesta a pagarlo.




