Muere Miguel Ollero, cofundador de Merlin Properties y artífice de la mayor socimi

El director de operaciones construyó la maquinaria interna que permitió a la socimi alcanzar los 13.000 millones en activos. Su papel fue clave en la fusión con Testa y en el giro hacia el negocio logístico.

El sector inmobiliario español pierde a una de sus figuras más discretas pero determinantes. Miguel Ollero, cofundador y director de operaciones de Merlin Properties, ha fallecido dejando tras de sí la mayor socimi del país, una compañía que hoy gestiona más de 13.000 millones de euros en activos y cotiza en el IBEX 35.

Ollero no era el rostro mediático de Merlin. Ese papel lo ocupaba Ismael Clemente, consejero delegado y voz pública de la compañía. Pero quienes conocen la intrahistoria del grupo saben que sin Ollero no habría existido la estructura operativa que permitió a Merlin crecer desde cero hasta convertirse en el gigante inmobiliario que es hoy.

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El arquitecto silencioso de Merlin Properties

Miguel Ollero llegó al proyecto fundacional de Merlin en 2014, cuando un grupo de profesionales del sector decidió aprovechar el nuevo régimen fiscal de las socimis para crear un vehículo de inversión inmobiliaria cotizado. La idea era sencilla en concepto y brutal en ejecución: comprar activos de calidad a precios de crisis y gestionarlos con disciplina institucional.

Ollero se encargó de lo segundo. Como COO, diseñó los procesos internos, negoció con proveedores, supervisó las reformas de los activos y construyó el equipo técnico que hoy opera oficinas, centros comerciales y naves logísticas por toda España y Portugal. Un trabajo que no genera titulares pero sin el cual las adquisiciones millonarias no valen nada.

La primera gran prueba de fuego llegó en 2015 con la fusión con Testa, la filial inmobiliaria de Sacyr. Aquella operación multiplicó por cuatro el tamaño de Merlin y obligó a integrar culturas corporativas muy distintas. Ollero lideró la integración operativa, según fuentes del sector, y lo hizo en plazos que sorprendieron al mercado.

Una trayectoria marcada por la discreción

A diferencia de otros ejecutivos del IBEX, Ollero evitaba las entrevistas y las apariciones públicas. No hay apenas declaraciones suyas en los archivos de prensa económica española. Prefería el trabajo de campo: visitar los activos, reunirse con los equipos de gestión, revisar los números de ocupación.

Esa filosofía se reflejaba en los resultados. Merlin ha mantenido tasas de ocupación por encima del 90% en la mayoría de sus segmentos, incluso durante los peores meses de la pandemia. Los inversores institucionales valoraban esa solidez operativa tanto como el atractivo de los activos en cartera.

Ollero también fue clave en la apuesta logística del grupo. Cuando el comercio electrónico empezó a transformar el sector, Merlin pivotó parte de su estrategia hacia naves de última milla y centros de distribución. Hoy el segmento logístico representa casi un tercio del valor neto de los activos, según los últimos informes de la compañía.

El legado en una socimi que marcó época

Merlin Properties no inventó el modelo socimi en España, pero sí lo llevó a otra escala. Antes de su irrupción, las inmobiliarias cotizadas españolas eran vehículos modestos o filiales de grupos mayores. Merlin demostró que se podía construir un landlord institucional al estilo anglosajón partiendo de cero.

El mérito de esa transformación se reparte entre varios nombres: Clemente en la estrategia y las relaciones con inversores, Ollero en la máquina operativa, y un consejo que supo atraer capital internacional en momentos críticos. Pero si algo distinguía a Merlin de sus competidoras era la capacidad de ejecución. Comprar un edificio es relativamente fácil si tienes dinero. Gestionarlo para que genere rentas estables año tras año requiere otra cosa.

Creo que el sector tardará en calibrar lo que supone esta pérdida. Los ejecutivos que construyen la infraestructura invisible de las compañías no reciben el reconocimiento que merecen hasta que faltan. Ollero pertenecía a esa categoría de profesionales que hacen funcionar las cosas mientras otros se llevan los aplausos.

La compañía no ha detallado aún cómo reorganizará sus funciones ejecutivas. Merlin cuenta con un equipo directivo sólido, pero el hueco que deja Ollero no se cubre con un nombramiento. Se cubre, si acaso, con años de rodaje y una cultura corporativa que él contribuyó a crear. El próximo informe de resultados, previsto para el segundo semestre de este año, será la primera prueba de que esa cultura sigue intacta.


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