En Miss World España 2026 está pasando algo que rompe un prejuicio muy extendido

- Tres candidatas de Miss World España 2026 rompen estereotipos y ponen el foco en talento, ciencia y compromiso social.

Hay ideas que envejecen sin hacer ruido. Se quedan ahí, como muebles antiguos que nadie se plantea mover. Durante años, los certámenes de belleza han cargado con esa etiqueta simplista: solo imagen, solo apariencia. Pero algo se está moviendo. La participación de tres candidatas en Miss World España 2026 vuelve a recordarnos que la belleza, hoy, también piensa, investiga… y tiene cosas que decir.

El certamen lleva tiempo girando hacia ese concepto de “belleza con propósito”. Y no es solo un eslogan bonito. Ahora importa lo que hay detrás: la cabeza, las ideas, el compromiso real. Ya no vale con posar bien en una foto, pero sobre todo se trata de aportar, de construir algo que deje huella. Y ahí aparecen nombres como Nuria Jiménez, Ana Paredes y Elisabet Cid Vasylenko. Tres perfiles distintos, tres caminos… y una misma sensación: esto ya no va de encajar, sino de romper moldes.

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Nuria Jiménez: cuando la ciencia también cuenta historias

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Nuria no es el típico perfil que uno imaginaría hace unos años en un certamen así. Biotecnóloga, con máster en Genética, formación en inteligencia artificial y doctora en Ciencias de la Salud. Dicho rápido, impresiona. Pero lo interesante no es solo el currículum, es lo que hay detrás.

Su trabajo gira en torno a interpretar información genética para mejorar diagnósticos en enfermedades complejas. Suena técnico, pero en el fondo habla de algo muy humano: intentar que la gente tenga respuestas antes, mejores tratamientos… más oportunidades.

Y luego está su historia personal. Porque no todo ha sido fácil. Durante el colegio, sufrió acoso por destacar en los estudios y, a la vez, encajar en ciertos estándares físicos. Como si una cosa tuviera que anular a la otra.

Su objetivo en el certamen va justo por ahí: acercar la medicina preventiva a la gente y despertar vocaciones científicas. Porque, al final, lo que no ves, lo que no conoces… ni siquiera se te ocurre que puede ser para ti.

Ana Paredes: lo que empieza en casa cambia el mundo

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Ciencia, educación y comunicación unidas para transformar la sociedad. Fuente: IA

La historia de Ana tiene algo muy reconocible. Estudiante de Ingeniería Aeroespacial, sí, pero sobre todo alguien que decidió dar un paso por algo que vio de cerca. Su hermana pequeña llegó a dudar de sí misma por falta de apoyo educativo. Y eso duele más cuando ocurre dentro de casa.

De ahí nace “Star of Knowledge”, un proyecto que impulsa junto a Google y la Comunidad de Madrid. La idea es sencilla y poderosa: dar herramientas a niños con menos recursos y, sobre todo, ofrecer referentes reales a niñas que miran hacia la ciencia.

Porque, seamos sinceros, todos hemos necesitado alguna vez ver a alguien parecido a nosotros para creer que era posible. Ana lo resume así: una oportunidad a tiempo puede cambiar una vida entera.

Elisabet Cid Vasylenko: comunicar también es transformar

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Tres historias distintas con un objetivo común: inspirar y cambiar miradas. Fuente: IA

Elisabet llega desde otro ángulo, pero encaja igual de bien en este nuevo enfoque. Graduada en Lenguas Modernas y cursando un máster en Relaciones Internacionales, tiene claro que la comunicación no es solo hablar… es conectar.

Para ella, este tipo de certámenes son una plataforma exigente, donde hay que estar preparada de verdad. No basta con estar; hay que saber defender ideas, tener criterio, saber escuchar.

Su visión es bastante clara: hoy se buscan mujeres completas, con inquietudes, con voz propia. Y eso, bien llevado, puede tener mucho más impacto que cualquier discurso aprendido.

Un cambio que ya está aquí

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Romper estereotipos también es abrir camino a quienes vienen detrás. Fuente: IA

Al final, lo curioso es que vienen de mundos muy distintos: ciencia, ingeniería, relaciones internacionales… y, sin embargo, coinciden en lo esencial. 2026 no es un año cualquiera, es un momento para hacerse oír.

Para cuestionar lo que parecía fijo. Para inspirar, sí, pero también para remover un poco las cosas.

Porque quizá el cambio no está en el certamen en sí. Está en cómo lo miramos.


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