Hay problemas de piel que no se resuelven con cremas. Eccemas que vuelven, acné que persiste, psoriasis que ningún corticoide logra calmar del todo. La doctora María Dolores de la Puerta lleva años estudiando por qué ocurre esto y la respuesta, según ella, hay que buscarla mucho más adentro: en el intestino.
Autora de los libros Un intestino feliz y La microbiota estresada y una de las mayores referencias en microbiota intestinal en España, la doctora De la Puerta ha tratado a cientos de pacientes con disbiosis, sibo y patologías autoinmunes de la piel. En una reciente entrevista, compartió las claves de su enfoque y desmontó varios mitos sobre alimentación, higiene cutánea y hábitos cotidianos que afectan directamente a la salud de la piel.
Lo que comes se ve en tu piel: el mapa de la inflamación que nadie te explica
Cuando una persona llega a la consulta de la doctora De la Puerta con un problema dermatológico activo, lo primero que hace es escucharla durante una hora completa. No solo pregunta por los síntomas sino por el trabajo, el sueño, la alimentación y la gestión emocional. Desde ese primer encuentro, traza un mapa de inflamación que luego guiará el tratamiento.
En la fase inicial, con inflamación importante, los tres alimentos que salen siempre de la dieta son los lácteos de vaca, el gluten del trigo blanco refinado y el azúcar. Sobre este último no hay matices posibles: «El azúcar blanco no vale para nada. Son calorías llenas y vacías de valor nutricional». No obstante, la doctora no es partidaria de las restricciones absolutas ni de los edulcorantes artificiales. Prefiere que el paciente que necesita algo dulce opte por miel de colmena, panela o dátiles antes que por cualquier sustituto procesado.
Con los lácteos el enfoque es más gradual. Los de vaca son los inmunológicamente más reactivos y los primeros en retirarse. Los fermentados de cabra u oveja como el kéfir o la cuajada pueden mantenerse o reintroducirse progresivamente porque aportan microorganismos acidolácticos que la microbiota agradece. El proceso de reintroducción se hace de uno en uno y separando las pruebas cada tres días para identificar con precisión qué genera inflamación y qué no.
El alcohol destilado es otro factor que impacta directamente en la piel. Las bebidas fermentadas como el vino o la cerveza tienen un efecto menor aunque no son inocuas y en el contexto de un tratamiento activo deben reducirse al mínimo. «No es para siempre», insiste la doctora. «Es una ventana de tu vida en la que tienes que cambiar cosas para recuperar algo que llevas tiempo perdiendo».
El intestino como espejo: por qué tu piel habla de lo que ocurre dentro de la microbiota

Una investigación publicada en 2025 en la revista Gut Microbes confirma la existencia de un eje de comunicación bidireccional entre el intestino y la piel. Para la doctora De la Puerta esto no es una sorpresa sino la validación científica de lo que observa en consulta desde hace años.
Cuando la microbiota está desordenada, el patrón de señalización inmunitaria se altera y la pared intestinal pierde su capacidad de filtrar correctamente lo que debe o no atravesarla. Esa hiperpermeabilidad genera un estímulo inmunitario que termina reflejándose en la piel en forma de eccema, rosácea o psoriasis.
Las causas de ese desorden son múltiples y acumulativas. La alimentación ultraprocesada y los refinados empobrecen la diversidad bacteriana. El sedentarismo es proinflamatorio. Un sueño de mala calidad interfiere en los mecanismos nocturnos de mantenimiento de la microbiota. El estrés crónico genera moléculas proinflamatorias encabezadas por el cortisol. Y la higiene mental, concepto que la doctora trabaja específicamente con sus pacientes, también determina si el escenario interno favorece o perjudica el equilibrio de ese ecosistema.
En cuanto al cuidado externo de la piel, las recomendaciones son igualmente precisas. Los jabones arrastran la capa de cobertura natural donde habita la microbiota cutánea. El agua caliente en exceso agrava las patologías atópicas. Las esponjas dañan esa barrera protectora.
La doctora recomienda duchas breves, agua fría cuando sea posible y una cosmética que no seque en exceso. El exfoliante puede usarse en piel sana siempre que se hidrate bien a continuación pero debe evitarse en pieles con patología activa.
El destino final del tratamiento es la dieta mediterránea como estilo de vida sostenible: verdura, fruta, legumbre, lácteos fermentados y ese conjunto de intangibles como la sobremesa en familia o el paseo al sol de tarde que van mucho más allá de lo que se pone en el plato. Porque sanar la piel, como explica la doctora De la Puerta, es en realidad sanar todo lo demás.





