La apuesta de RTVE por situar a Mercedes Milá en La 1 apenas ha durado una emisión. La televisión pública ha retirado de su parrilla principal ‘Me meto en un jardín’, el espacio de entrevistas que la veterana periodista estrenó la semana pasada. Los datos de audiencia han sido demoledores: un 4,5% de cuota de pantalla y 171.000 espectadores, según las cifras de Kantar. La cifra es inferior a la media de la cadena en esa franja y, lo que resulta más significativo, incluso peor que la registrada en su debut en La 2. La reacción del ente público no se ha hecho esperar. Esta noche, el segundo programa de Milá no verá la luz en el canal principal. En su lugar, La 1 emitirá un documental del veterano espacio ‘Imprescindibles’ dedicado a Rocío Dúrcal.
Hace apenas siete días, la corporación había trasladado el programa desde La 2 a La 1 con la intención de darle mayor visibilidad y reforzar un bloque de entrevistas que ya contaba con ‘La revuelta’ y ‘Al cielo con ella’. La decisión se interpretó como un voto de confianza. Sin embargo, el estreno en la cadena principal, alrededor de las 00:40 horas, no convenció a la audiencia. El dato fue tan pobre que los responsables de programación decidieron rectificar de inmediato, sin dar una segunda oportunidad al formato en ese horario.
Un batacazo de audiencia que frustra la apuesta por la entrevista nocturna
El 4,5% de share supone un mínimo histórico para un programa de La 1 en esa banda horaria. Con esos números, el coste de oportunidad de mantenerlo era demasiado alto. La rápida respuesta de RTVE evidencia una estrategia de programación mucho más reactiva de lo que suele ser habitual en la televisión pública. No ha habido tiempo para rediseños ni promociones adicionales: el programa ha desaparecido del canal de mayor audiencia tras una sola emisión.
El hecho de que el formato hubiera funcionado en La 2 —donde sí había dejado buenas sensaciones— no ha servido como red de seguridad. La 1 tiene otras exigencias y la comparativa con la oferta de las privadas es directa. La noche del martes se ha convertido en un campo de pruebas para RTVE, que busca una combinación de entretenimiento y cultura capaz de retener al espectador sin renunciar a su mandato de servicio público.
RTVE se refugia en la cultura: ‘Imprescindibles’ y la ranchera de Rocío Dúrcal
En lugar de regresar a la oferta cinematográfica que ocupaba esa franja los martes —’El cine que somos’—, la corporación ha optado por uno de sus formatos culturales más consolidados: ‘Imprescindibles’. El documental elegido, ‘La ranchera inesperada’, repasa la trayectoria de Rocío Dúrcal, una artista que trascendió fronteras y se convirtió en leyenda de la música española e hispanoamericana. La producción, realizada con material del Archivo RTVE, encaja en la línea de homenajes que la cadena viene impulsando a grandes figuras de la cultura popular.

El giro hacia lo cultural no es casual. ‘Imprescindibles’ funciona como comodín de programación cuando las apuestas más arriesgadas no terminan de cuajar. Su coste es menor que el de una producción nueva y la respuesta del público suele ser, al menos, estable. Además, cumple con el objetivo de divulgar el legado cultural español, un perfil de contenido que la televisión pública necesita mantener para justificar su financiación.
La velocidad con la que RTVE ha replegado el programa de Milá dice más de la presión por los datos que de la calidad del formato.
La estrategia de programación de RTVE: reacción exprés y cultura como refugio
Que una cadena pública rectifique en menos de siete días habla de un nerviosismo poco común. RTVE está experimentando con su parrilla casi semana a semana, algo que antes parecía reservado a las privadas. El fracaso de ‘Me meto en un jardín’ en La 1 no implica la cancelación del programa —Mercedes Milá mantiene intacta su presencia en La 2—, pero sí deja en evidencia la fragilidad de cualquier apuesta cuando los datos son la única métrica que importa.
El movimiento también refleja la paradoja de la televisión pública actual. Por un lado, se le exige que compita en audiencia con las privadas; por otro, se le pide que ofrezca contenidos culturales y de servicio público. RTVE intenta navegar entre ambas aguas con ajustes tácticos, pero la apuesta por Milá en La 1 era, en realidad, una pieza más de ese rompecabezas: buscaba enganchar a un público más amplio con un formato de entrevistas cercano y con firma reconocible. El batacazo obliga a recolocar las fichas.
La cultura, en forma de documental, se convierte así en un salvavidas recurrente. Funciona porque no genera rechazo y mantiene la imagen de cadena comprometida con el legado artístico. Pero a largo plazo, RTVE necesita construir una identidad de programación que no dependa de saltos bruscos cada vez que un dato de share pincha. La pregunta es si la corporación será capaz de encontrar una fórmula que combine riesgo y estabilidad sin que cada tropiezo se convierta en una rectificación exprés. Por ahora, Rocío Dúrcal ocupará el hueco de Milá. Y el público dictará sentencia, una noche más.




