El precio de la luz en España se dispara un 15% y alcanza los 69 €/MWh

El precio de la luz en España sube un 15% en una sola jornada y se sitúa en 69,33 euros por megavatio hora. Es el salto más pronunciado en lo que llevamos de abril y devuelve el mercado mayorista eléctrico a niveles que no veíamos desde febrero.

La cifra, publicada este miércoles por el operador del mercado ibérico, llega en un momento especialmente incómodo. Las tensiones geopolíticas han vuelto a encarecer el petróleo, y el gas natural —que sigue marcando el precio marginal en demasiadas horas— arrastra consigo a la electricidad. No es una sorpresa, pero tampoco deja de ser preocupante.

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Un mercado mayorista eléctrico que no encuentra estabilidad

El incremento del 15% sitúa el MWh en territorio incómodo para los consumidores sin contrato fijo. OMIE, el operador que gestiona el mercado ibérico, había registrado precios medios en torno a los 60 euros durante las últimas semanas. La subida de este miércoles rompe esa relativa calma.

¿Qué ha cambiado? Varios factores confluyen. El encarecimiento del crudo en los mercados internacionales presiona sobre toda la cadena energética. El gas natural cotiza al alza en el TTF holandés. Y la generación renovable, aunque sigue siendo robusta, no ha bastado para compensar la demanda en las horas punta.

Cabe recordar que el mecanismo de precio marginal —por el cual la tecnología más cara que entra en el mix de generación fija el precio para todas— sigue siendo el talón de Aquiles del sistema. Cuando el gas sube, sube todo. Da igual cuántos megavatios vengan del viento o del sol.

La factura de la luz en abril de 2026: qué esperar

Para el consumidor doméstico con tarifa regulada (PVPC), la traducción es directa. Un precio mayorista de 69 €/MWh se traslada casi íntegro a la factura, con los correspondientes peajes y cargos encima. Quien tenga contrato fijo respira aliviado, al menos hasta la próxima renovación.

El problema es la volatilidad. En lo que va de año, el precio medio ha oscilado entre los 45 y los 85 euros por MWh. Esa incertidumbre dificulta cualquier planificación, tanto para hogares como para pymes. Muchas empresas intensivas en energía llevan meses exigiendo mecanismos de cobertura más accesibles.

El Gobierno mantiene activo el tope al gas —la llamada excepción ibérica—, aunque su efectividad real sigue siendo objeto de debate entre analistas. Lo que parece claro es que, sin él, el precio de este miércoles habría sido sensiblemente mayor.

Tensiones geopolíticas y un barril de crudo que no da tregua

El contexto internacional no ayuda. El petróleo Brent ha superado los 88 dólares por barril esta semana, según datos de Bloomberg, impulsado por recortes de producción en varios países exportadores y por la incertidumbre en Oriente Medio. El gas, aunque lejos de los picos de 2022, acumula un repunte del 12% en abril.

España importa prácticamente todo el gas que consume. Eso significa que cualquier tensión en los mercados internacionales se traduce, con escaso retardo, en precios más altos para la electricidad. La dependencia energética sigue siendo el elefante en la habitación de la política española.

No es solo una cuestión de precios. La volatilidad genera incertidumbre inversora en proyectos renovables, complica la electrificación de la industria y erosiona la competitividad de sectores como el cerámico o el siderúrgico, especialmente expuestos al coste energético.

Una subida que obliga a mirar más allá del corto plazo

El salto del 15% en el precio de la luz es, en sí mismo, un dato puntual. Mañana puede bajar. Pero la tendencia de fondo merece atención. Llevamos años hablando de transición energética, de soberanía, de desacoplamiento del gas. Y, sin embargo, cada vez que el crudo sube en Rotterdam o el gas se tensa en Países Bajos, la factura eléctrica española lo refleja casi al instante.

La pregunta incómoda es cuánto tardaremos en construir un sistema donde el precio de la luz dependa, sobre todo, de lo que producimos aquí. España genera ya más del 50% de su electricidad con renovables, según datos de Red Eléctrica. Pero el mecanismo de fijación de precios sigue anclado en una lógica de combustibles fósiles.

Creo que el debate sobre la reforma del mercado eléctrico europeo —estancado en Bruselas desde hace meses— volverá a la agenda con fuerza si episodios como el de hoy se repiten. El problema es que las reformas estructurales llevan tiempo, y los recibos llegan cada mes.

Por ahora, toca vigilar. El próximo dato relevante será el precio medio de abril, que se conocerá a principios de mayo. Si la tendencia alcista se consolida, habrá presión política para ampliar o reforzar las medidas de contención. Si baja, el tema volverá al cajón. Así funciona esto.


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