Trump quiere la cabeza de Powell en mayo si no baja tipos: la Fed afronta su mayor crisis de independencia en décadas. El presidente estadounidense ha intensificado su ofensiva contra Jerome Powell con una amenaza directa de cese que no tiene precedentes desde la creación del banco central en 1913. La declaración, realizada en medio de un ciclo de tipos elevados que Trump considera perjudicial para la economía, sacude los cimientos de la política monetaria global.
Lo que está en juego no es solo el puesto de un funcionario. Es la credibilidad de la institución que respalda la moneda de reserva mundial. Y eso, como analizamos a continuación, tiene implicaciones directas para los inversores europeos y españoles que mantienen exposición al dólar o a activos denominados en la divisa estadounidense.
Fed bajo presión de Trump
Donald Trump ha reconocido públicamente que estuvo a punto de destituir a Powell en varias ocasiones. «He evitado despedirlo hasta ahora», afirmó el presidente en declaraciones recogidas por medios internacionales. La frase resume una tensión que se arrastra desde el primer mandato de Trump, pero que ahora alcanza un punto de inflexión. El motivo es claro: Powell mantiene los tipos en el rango del 5,25%-5,50%, el nivel más alto en más de dos décadas.
Para Trump, esta política monetaria restrictiva frena el crecimiento económico y perjudica sus objetivos electorales. Para la Fed, bajar tipos prematuramente podría reavivar una inflación que aún no ha regresado al objetivo del 2%. El conflicto es estructural.
Lo relevante aquí es el mecanismo legal. La Reserva Federal Act establece que el presidente del país puede cesar a un gobernador de la Fed solo por causa justificada —negligencia o conducta inapropiada—, no por desacuerdo en política monetaria. Ningún presidente ha destituido jamás a un titular de la Fed. Intentarlo abriría una batalla judicial sin precedentes y, con toda probabilidad, una crisis de confianza en los mercados de deuda soberana estadounidense.
Yellen alerta de crisis institucional
Janet Yellen, ex secretaria del Tesoro y predecesora de Powell al frente de la Fed, ha sido contundente. Calificó las presiones de Trump como propias de una «república bananera». No es una exageración retórica: el término describe sistemas políticos donde las instituciones económicas se someten al poder ejecutivo sin contrapesos.
Yellen advirtió que cualquier intento de politizar la Fed tendría consecuencias devastadoras para la credibilidad del dólar como activo refugio. Los inversores internacionales —fondos soberanos, bancos centrales asiáticos, gestoras europeas— confían en que la política monetaria estadounidense responde a criterios técnicos, no a ciclos electorales.
El Financial Times ha documentado cómo esta incertidumbre ya se refleja en el mercado de bonos. El rendimiento del Treasury a 10 años ha repuntado 15 puntos básicos en las sesiones posteriores a las declaraciones de Trump, una señal de que los inversores exigen mayor prima de riesgo. No es un movimiento menor. Un aumento sostenido del coste de financiación estadounidense eleva automáticamente el suelo de los tipos globales.

Qué implica para inversores españoles
La tentación es pensar que esto es un problema interno de Estados Unidos. No lo es. Vemos tres canales de transmisión directa hacia el mercado español y europeo que merece la pena analizar con detenimiento.
Primero, el tipo de cambio. Una Fed sometida a presiones políticas pierde credibilidad antiinflacionaria. Eso debilita al dólar frente al euro, lo que a primera vista beneficia a los exportadores europeos pero encarece las importaciones de energía —aún denominadas mayoritariamente en dólares— y comprime los márgenes de las empresas españolas con filiales en EEUU. En nuestra lectura, el efecto neto es ambiguo, pero la volatilidad es segura.
Segundo, el mercado de renta fija. Si los treasuries pierden su estatus de activo libre de riesgo —incluso marginalmente—, los flujos de capital buscarán alternativas. El bund alemán y, en menor medida, los bonos españoles podrían atraer demanda adicional. Eso suena bien hasta que se considera que también aumentará la correlación entre la política monetaria de la Fed y los movimientos del BCE. Christine Lagarde ha insistido en la autonomía del banco central europeo, pero los mercados no distinguen matices cuando hay pánico.
Tercero, la renta variable. El Ibex 35 mantiene una correlación histórica superior al 0,7 con el S&P 500 en períodos de alta volatilidad. Una crisis institucional en EEUU arrastraria a los índices europeos, especialmente a los valores bancarios y a las utilities con exposición a tipos de interés. Bankinter, CaixaBank y Banco Santander cotizan parcialmente como proxies de tipos: si el mercado descuenta un escenario caótico en la Fed, el castigo será transversal.
Lo que nos parece especialmente relevante es que esta crisis no tiene resolución rápida. El mandato de Powell expira en mayo de 2026, no en mayo de 2025 como algunas lecturas apresuradas han sugerido. Eso significa que Trump tendría que forzar una destitución ilegal o esperar más de un año para nombrar a un sucesor afín. Mientras tanto, la incertidumbre se enquista.
Hay que decirlo: la probabilidad de que Trump ejecute realmente el cese es baja. El coste reputacional y judicial sería enorme. Pero el daño ya está hecho. La mera amenaza erosiona la percepción de independencia institucional, y en política monetaria la percepción es la realidad. Los bancos centrales funcionan sobre expectativas. Si los agentes económicos dudan de que la Fed actuará según su mandato técnico, ajustarán sus decisiones de inversión, consumo y financiación en consecuencia.
El próximo catalizador será la reunión del FOMC del 7 y 8 de mayo. Si Powell mantiene tipos —como anticipan el 90% de los analistas— y Trump responde con nuevas amenazas, veremos un test en tiempo real de hasta dónde puede llegar esta confrontación. Para los inversores españoles, la recomendación prudente es revisar la exposición a dólar y aumentar la diversificación geográfica hasta que el ruido institucional se disipe.




