BlackRock y Fidelity compran Grifols mientras Kintbury dispara su apuesta bajista

Cuatro gigantes de Wall Street compran Grifols al mismo tiempo que Kintbury Capital eleva su apuesta bajista hasta el 2,15% del capital. La farmacéutica catalana se ha convertido en el campo de batalla más disputado del parqué español, con BlackRock, Fidelity, Goldman Sachs y Bank of America reforzando posiciones largas mientras el fondo británico especializado en posiciones cortas intensifica su ataque.

El movimiento simultáneo de los mayores gestores del mundo en direcciones opuestas no es habitual. Cuando ocurre, suele anticipar un catalizador inminente: resultados, operación corporativa o cambio regulatorio. En el caso de Grifols, la tensión lleva meses acumulándose y ahora parece alcanzar un punto de inflexión.

Publicidad

BlackRock lidera las compras en plena presión bajista

La gestora estadounidense ha incrementado su participación en Grifols hasta situarse entre los principales accionistas institucionales de la compañía. No está sola. Fidelity, Goldman Sachs y Bank of America han seguido el mismo camino en las últimas semanas, según los registros de la CNMV consultados por esta redacción. Las compras se han producido en un contexto de precios deprimidos, lo que sugiere que estos fondos ven valor donde otros ven riesgo.

Lo llamativo es el timing. BlackRock y Fidelity gestionan conjuntamente más de 15 billones de dólares en activos, y sus equipos de análisis del sector salud son de los más sofisticados del mundo. Que ambos aumenten exposición a Grifols mientras Kintbury aprieta desde el lado corto indica que hay una divergencia fundamental en las tesis de inversión. Alguien se equivoca.

Goldman Sachs y Bank of America, por su parte, operan tanto como intermediarios como con libro propio. Su entrada refuerza la percepción de que hay demanda institucional genuina por el valor, más allá de movimientos tácticos de corto plazo.

Kintbury duplica su ataque corto contra la farmacéutica

En el lado opuesto, Kintbury Capital ha elevado su posición corta hasta el 2,150% del capital social de Grifols. El fondo británico, especializado en apuestas bajistas contra compañías con balances tensos, lleva meses construyendo esta posición. La última ampliación confirma que no piensa retirarse.

Las posiciones cortas declaradas en Grifols superan ya el 4% del capital si sumamos todos los fondos con apuestas bajistas activas. Es un nivel elevado para una empresa del Ibex 35, aunque lejos de los máximos que vimos en 2024 cuando la presión bajista llegó a superar el 7%. Eso sí, Kintbury es ahora el bajista más agresivo, por delante de otros nombres que han ido reduciendo exposición.

El fondo no ha publicado ningún informe detallando su tesis, a diferencia de lo que hizo Gotham City Research en su momento. Pero el sector interpreta que las dudas giran en torno a la estructura de deuda de la compañía, la evolución del negocio de plasma y la capacidad de generar caja suficiente para desapalancarse al ritmo prometido.

BlackRock Fidelity Grifols | Foto de Pavel Danilyuk en Pexels
Foto de Pavel Danilyuk

Qué revela esta batalla sobre Grifols

Lo que observamos aquí es un choque de visiones que va más allá de la táctica de trading. Los fondos alcistas —BlackRock, Fidelity y compañía— parecen apostar por un escenario de normalización: que Grifols cumpla sus objetivos de reducción de deuda, que el negocio de plasma recupere márgenes y que la acción refleje eventualmente un múltiplo más acorde con sus comparables europeos. Es una tesis de valor, paciente, que requiere fe en la ejecución del equipo gestor.

Kintbury, en cambio, apuesta a que algo saldrá mal antes de que esa normalización se materialice. Puede ser un trimestre flojo, una refinanciación más cara de lo esperado o simplemente que el mercado pierda la paciencia. Las posiciones cortas ganan dinero con el tiempo en su contra: cuanto más tarda en caer la acción, más les cuesta mantener el préstamo de títulos. Que Kintbury esté ampliando ahora sugiere que esperan un evento negativo próximo.

En nuestra lectura, el factor diferencial es la liquidez. Grifols ha demostrado acceso a los mercados de deuda y ha refinanciado vencimientos, pero los tipos altos complican el escenario. Si la Reserva Federal y el BCE mantienen los tipos elevados más tiempo del previsto, la presión sobre el balance se intensifica. Los alcistas apuestan a que la compañía aguanta; los bajistas, a que no.

Hay un elemento adicional que nos parece relevante: la estructura accionarial. La familia Grifols controla la compañía a través de acciones de clase B con derechos de voto reforzados. Esto limita el potencial de una opa hostil pero también genera fricciones con inversores institucionales que preferirían una gobernanza más estándar. Algunos fondos pueden estar comprando precisamente porque descuentan un eventual cambio en esta estructura, sea por presión del mercado o por necesidades de capital.

El precedente de Gotham City sigue pesando. Aquel informe bajista de 2024 provocó un desplome bursátil y una batalla legal que aún colea. La CNMV investigó, la compañía demandó y el daño reputacional fue considerable. Que ahora haya nuevos bajistas activos —aunque con métodos más discretos— mantiene el estigma sobre el valor. Esto disuade a ciertos inversores institucionales con mandatos ESG estrictos, que prefieren evitar la polémica.

Los próximos catalizadores en el horizonte

La resolución de esta batalla dependerá de datos concretos. El próximo informe trimestral, previsto para finales de abril, será el primer test. Si Grifols muestra mejora de márgenes y generación de caja positiva, los alcistas se verán reforzados y Kintbury tendrá que decidir si recorta pérdidas. Si los números decepcionan, la acción podría perder los soportes actuales y la posición corta parecerá clarividente.

Más allá de los resultados, el mercado vigilará cualquier movimiento corporativo. Los rumores de una posible privatización por parte de la familia —con o sin socio financiero— han circulado durante meses. Una oferta a prima resolvería el debate de forma abrupta, castigando a los bajistas. Pero mientras no haya nada oficial, sigue siendo especulación.

Lo que sí podemos afirmar es que Grifols no dejará indiferente a nadie en los próximos meses. Con los mayores fondos del mundo posicionados en ambos lados, la volatilidad está garantizada. El desenlace dependerá, como casi siempre, de si la realidad operativa de la compañía se acerca más a la visión de BlackRock o a la de Kintbury.


Publicidad