La estafa del «precio por llamada» que está costando 50€ mensuales a miles de españoles

La última estafa que vacía los bolsillos de los españoles no necesita de complejos virus informáticos ni de engañosas páginas web, sino de un simple gesto que todos hacemos a diario: descolgar el teléfono. Lo que se presenta como la puerta de entrada a un concurso televisivo, un servicio de adivinación o una línea de atención al cliente se convierte en realidad en una sangría económica silenciosa que, frase a frase y minuto a minuto, puede superar los cincuenta euros mensuales por una simple llamada. Miles de personas están siendo víctimas de los números de tarificación especial, como los prefijos 905 y 803, sin ser plenamente conscientes del coste real que se esconde tras ellos.

El engaño reside en una letra pequeña que a menudo ni siquiera existe o se muestra de forma tan fugaz que es imposible de leer. La promesa de un premio suculento o de una solución inmediata a un problema nubla el juicio del consumidor, que marca el número sin dudar. Lo que la mayoría desconoce es que la facturación de estas llamadas no empieza cuando alguien responde al otro lado, sino que el simple hecho de escuchar un tono de espera ya está inflando la factura a un ritmo desorbitado. Esta práctica, que se mueve en los límites de la legalidad, ha encontrado un terreno abonado en la confianza y, en ocasiones, en la desesperación de la gente.

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NÚMEROS MALDITOS: LA LETRA PEQUEÑA DE LOS 905 Y 803

Fuente: Freepik

Los números que empiezan por 905 y 803 no son ilegales en sí mismos, pero su uso fraudulento los ha convertido en una pesadilla para muchos consumidores españoles. Los prefijos 905 se asocian habitualmente a servicios de televoto y concursos, mientras que la serie 800 (803, 806 y 807) está reservada para servicios prestados por profesionales, como líneas para adultos, tarot o servicios de ocio. El problema principal es que, su coste no está incluido en las tarifas planas de las operadoras telefónicas, facturándose siempre de manera independiente y a un precio muy superior al de una llamada convencional. Esta ambigüedad es el caldo de cultivo perfecto para que una práctica legal se convierta en una estafa encubierta para el ciudadano de a pie.

La normativa vigente exige que se informe al usuario del coste de la llamada de forma clara y previa al establecimiento de la comunicación, pero este es el punto que los defraudadores sistemáticamente incumplen. La información sobre el precio por minuto, si aparece, lo hace en caracteres minúsculos, durante una fracción de segundo en pantalla o mediante una locución tan rápida y confusa que resulta incomprensible para el oído. En muchos casos, ni siquiera se molestan en cumplir este requisito legal, confiando en que el usuario no se percatará del cargo hasta recibir la factura. La omisión deliberada de esta información es el pilar de esta extendida estafa.


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