La estafa del «precio por llamada» que está costando 50€ mensuales a miles de españoles

La última estafa que vacía los bolsillos de los españoles no necesita de complejos virus informáticos ni de engañosas páginas web, sino de un simple gesto que todos hacemos a diario: descolgar el teléfono. Lo que se presenta como la puerta de entrada a un concurso televisivo, un servicio de adivinación o una línea de atención al cliente se convierte en realidad en una sangría económica silenciosa que, frase a frase y minuto a minuto, puede superar los cincuenta euros mensuales por una simple llamada. Miles de personas están siendo víctimas de los números de tarificación especial, como los prefijos 905 y 803, sin ser plenamente conscientes del coste real que se esconde tras ellos.

El engaño reside en una letra pequeña que a menudo ni siquiera existe o se muestra de forma tan fugaz que es imposible de leer. La promesa de un premio suculento o de una solución inmediata a un problema nubla el juicio del consumidor, que marca el número sin dudar. Lo que la mayoría desconoce es que la facturación de estas llamadas no empieza cuando alguien responde al otro lado, sino que el simple hecho de escuchar un tono de espera ya está inflando la factura a un ritmo desorbitado. Esta práctica, que se mueve en los límites de la legalidad, ha encontrado un terreno abonado en la confianza y, en ocasiones, en la desesperación de la gente.

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El funcionamiento de este timo es de una simpleza abrumadora, y es precisamente ahí donde radica su diabólica eficacia. Todo comienza con un cebo atractivo presentado en un anuncio de televisión, una revista o una página de internet, que puede ser la participación en el televoto de un programa de máxima audiencia, la posibilidad de ganar un coche de alta gama o la consulta con un supuesto experto tarotista. Para el consumidor, el cebo suele ser un premio irresistible o la promesa de un servicio exclusivo que justifica la acción inmediata de llamar, sin darle tiempo a reflexionar sobre las posibles consecuencias económicas que esa decisión impulsiva puede acarrear en su próxima factura telefónica. Esta es una cuidada puesta en escena que oculta la verdadera naturaleza de la estafa.

Una vez que la víctima ha mordido el anzuelo y marca el número de tarificación especial, el contador del gasto se pone en marcha de manera implacable desde el primer segundo. No importa si la llamada está en espera, si se escucha una melodía o si una grabación automática pide paciencia, la tarificación por minuto se activa en el instante en que la llamada se establece, sin que exista un interlocutor humano al otro lado. Los responsables de estas líneas lo saben y diseñan los sistemas para alargar deliberadamente esos tiempos muertos, maximizando sus beneficios a costa del desconocimiento del usuario, que cree estar simplemente aguardando a ser atendido sin sospechar que cada segundo de espera es dinero que se esfuma de su cuenta.

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