Ese ‘chollo’ de la gasolinera en realidad te sale caro, si haces esto

Echar gasolina es una de esas tareas cotidianas, casi un automatismo en la vida del conductor moderno, que apenas suscita reflexión. Llegas, aparcas junto al surtidor, seleccionas el combustible, llenas el depósito y pagas; un trámite más en la rutina semanal o quincenal. Sin embargo, hay momentos y situaciones que convierten este acto aparentemente inocuo en una potencial fuente de problemas mecánicos, y uno de los más desconocidos, pero no por ello menos perjudicial, ocurre precisamente cuando creemos estar accediendo al producto más fresco posible recién llegado a la gasolinera.

Pocos conductores reparan en la presencia del camión cisterna que rellena los grandes tanques subterráneos de la estación de servicio, o si lo hacen, quizás piensan que es un buen momento para repostar, asegurándose así el carburante más nuevo. Craso error. Esa coincidencia, esa supuesta suerte de llegar en el momento justo de la descarga, puede transformarse en una visita inesperada y costosa al taller mecánico, convirtiendo el supuesto ‘chollo’ de la gasolina recién llegada en una factura que nadie desea afrontar, demostrando que las prisas o la casualidad no siempre juegan a nuestro favor en la carretera.

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DEL SURTIDOR AL MOTOR: LA RUTA DESTRUCTIVA DE LOS RESIDUOS

Fuente Freepik

Una vez que esa mezcla de combustible y sedimentos entra en el depósito de nuestro vehículo, comienza un viaje potencialmente dañino hacia el corazón del motor. El primer damnificado suele ser el filtro de combustible del propio coche, cuya misión es precisamente atrapar estas partículas antes de que lleguen a componentes más delicados. Sin embargo, una avalancha repentina de suciedad puede saturarlo prematuramente, obstruyéndolo parcial o totalmente y provocando síntomas como pérdida de potencia, tirones al acelerar, dificultad en el arranque o incluso que el motor se cale inesperadamente. Una visita a cualquier gasolinera en el momento equivocado puede iniciar esta cadena.

Si las partículas son lo suficientemente pequeñas para atravesar un filtro ya saturado, o si la cantidad es tal que consigue pasar, el siguiente destino son los sistemas de inyección. En los motores modernos, especialmente los diésel de inyección directa o los gasolina con sistemas similares, los inyectores trabajan con tolerancias mínimas y presiones muy elevadas; la presencia de partículas abrasivas o agua puede causar daños irreparables en ellos, averías que se traducen en reparaciones que fácilmente superan los mil euros. La bomba de combustible también puede sufrir un desgaste acelerado o averiarse al trabajar forzada por un filtro obstruido o al bombear líquido contaminado.


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