Ese ‘chollo’ de la gasolinera en realidad te sale caro, si haces esto

Echar gasolina es una de esas tareas cotidianas, casi un automatismo en la vida del conductor moderno, que apenas suscita reflexión. Llegas, aparcas junto al surtidor, seleccionas el combustible, llenas el depósito y pagas; un trámite más en la rutina semanal o quincenal. Sin embargo, hay momentos y situaciones que convierten este acto aparentemente inocuo en una potencial fuente de problemas mecánicos, y uno de los más desconocidos, pero no por ello menos perjudicial, ocurre precisamente cuando creemos estar accediendo al producto más fresco posible recién llegado a la gasolinera.

Pocos conductores reparan en la presencia del camión cisterna que rellena los grandes tanques subterráneos de la estación de servicio, o si lo hacen, quizás piensan que es un buen momento para repostar, asegurándose así el carburante más nuevo. Craso error. Esa coincidencia, esa supuesta suerte de llegar en el momento justo de la descarga, puede transformarse en una visita inesperada y costosa al taller mecánico, convirtiendo el supuesto ‘chollo’ de la gasolina recién llegada en una factura que nadie desea afrontar, demostrando que las prisas o la casualidad no siempre juegan a nuestro favor en la carretera.

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‘POSOS’ INDESEADOS: EL CÓCTEL DE SUCIEDAD QUE TE CUELAN

Fuente Pexels

Los sedimentos que habitan en el fondo de los tanques de una gasolinera son una mezcla heterogénea de partículas indeseables. Podemos encontrar desde diminutas esquirlas de óxido desprendidas de las paredes del propio tanque, especialmente si este tiene ya cierta antigüedad, hasta tierra o arena que haya podido filtrarse mínimamente con el tiempo, pasando por lodos formados por la degradación natural de ciertos componentes del combustible. Además, la condensación de agua es un fenómeno común en estos grandes recipientes, y esa agua, más densa que la gasolina, también tiende a acumularse en el fondo, pudiendo incluso favorecer el crecimiento de ciertas bacterias en el caso del gasóleo.

Aunque tanto los surtidores de la gasolinera como los propios vehículos disponen de filtros diseñados para retener impurezas, estos sistemas tienen una capacidad limitada y están pensados para lidiar con niveles ‘normales’ de contaminación. Cuando repostamos justo en el momento en que el camión cisterna está removiendo todo el fondo del tanque, la concentración de sedimentos aspirada por la bomba del surtidor es anormalmente alta, superando en muchos casos la capacidad de filtración tanto de la estación como la del filtro de combustible de nuestro coche, permitiendo que parte de esa ‘basura’ llegue a nuestro depósito.


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