Las compañías energéticas fuerzan el ritmo para llevar a cabo la transición energética. Los compromisos para reducir emisiones son cada vez mayores, y si de paso ahorran costes, mejor. Por este motivo, Iberdrola ha solicitado la autorización del cierre de dos centrales de carbón al Ejecutivo de Mariano Rajoy.
En concreto se trata de las centrales térmicas de Lada (Asturias) y Velilla (Palencia), que de manera conjunta suman una potencia de 874 MW. De este modo, según aclaró la compañía en un comunicado, la decisión ratifica su compromiso de reducción de la intensidad de emisiones de CO2 en un 50% en el año 2030 respecto a los niveles de 2007 y de ser neutra en carbono en 2050.
Tras esta acción de la compañía presidida por Ignacio Sánchez Galán se esconde un pequeño pulso al Gobierno. Y es que el Ministerio de Energía estaba preparando una normativa para que el Ejecutivo pudiera decidir el proceso por el cual se irían cerrando las centrales activas en España. Pero todavía no había nada concreto.
No obstante, la decisión de que Iberdrola pueda o no cerrar las centrales está en manos de Competencia y de Red Eléctrica de España (REE). Entre otros factores porque el operador eléctrico deberá asegurarse de que las regiones aledañas no sufran ningún tipo de desabastecimiento energético tras el supuesto cierre.
Iberdrola acelera con el ‘verde’
En el comunicado, Iberdrola, hace una llamada de atención a que ya cuenta con 28.778 MW de capacidad operativa a través de fuentes renovables de producción de energía, fundamentalmente eólica, tanto terrestre como marina (15.902 MW), e hidroeléctrica (12.756 MW).
En esta línea, señala la energética, junto a otras relevantes compañías eléctricas europeas, Iberdrola ha pedido a la Comisión y Parlamento Europeo que apruebe unos objetivos medioambientales más ambiciosos para el año 2030, incrementando la cuota de energías renovables hasta el 35% frente a la propuesta actual del 27%.
Tras el cierre de las últimas plantas de carbón operativas de Iberdrola, que no incidirá en la seguridad del suministro eléctrico -la compañía cuenta con 5.695 MW de capacidad de respaldo en ciclos combinados de gas-, el porcentaje de la capacidad de producción de electricidad libre de emisiones del grupo quedará en el 68%, elevándose en España hasta el 76%.
En el caso concreto de las centrales de Lada y Velilla , su cierre no afectará al empleo, ya que Iberdrola recolocará al 100% de la plantilla -90 empleados en Lada y 80 en Velilla- tanto en las labores de desmantelamiento de ambas plantas, que se extenderán durante cuatro años desde la fecha de aprobación de cierre por parte del Ministerio de Energía y supondrán una inversión cercana a los 35 millones de euros, como en otras instalaciones de la empresa.
Y con otro ojo en Brasil
Al margen del solicitado cierre, Iberdrola ha tenido una semana movida. Neoenergia, el gigante energético brasileño filial de la compañía presidida por Sánchez Galán, ha dado el paso definitivo para su salida a Bolsa en Brasil mediante la presentación del folleto para colocar un 14,7% de su capital.
Según el folleto informativo de la oferta pública de acciones (IPO, por sus siglas en inglés), la compañía pretende colocar un total de 170,34 millones de títulos, representativos del 14,7% del capital, de los cuales 68,9 millones serán emitidos de manera primaria. La horquilla de precios fijada ha sido de entre 15,02 reales (unos 3,97 euros) y 18,52 reales (unos 4,9 euros) por título, lo que supone valorar el 100% de la compañía en un mínimo de unos 4.600 millones de euros y un máximo de unos 5.685 millones de euros.
El acuerdo de fusión de Neoenergia y Elektro, las dos compañías participadas por Iberdrola de las que surgió el nuevo grupo, ya incluía el compromiso de la multinacional española de sacar a Bolsa el grupo cuando Previ y Banco do Brasil, sus socios en Neoenergia, lo estimaran oportuno. La operación se lanzó con vistas a llevarse a cabo a finales de octubre, aunque finalmente se aplazó a diciembre.
Iberdrola es el socio mayoritario de Neoenergia, con una participación del 52,45%, mientras que un 38,21% del capital corresponde a Previ y un 9,35% está en manos de Banco do Brasil.
Esta salida a Bolsa tiene como principales objetivos levantar recursos nuevos para la energética, así como para los accionistas Banco do Brasil y Previ, fondo de pensiones de la entidad financiera brasileña.




