IFEMA Palacio de Congresos

El Palacio de Congresos y Exposiciones de Madrid es un edificio emblemático de la capital. Su emplazamiento es único, en el Paseo de la Castellana, frente al Estadio Santiago Bernabéu. Pero si creyéramos en el mal fario podríamos decir que es un edificio maldito, o al menos, que le persigue la mala fortuna.

El edificio, presidido por un singular mural que diseñara Miró en 1980 sufrió un virulento incendio en 1995, que provocó el derrumbe de uno de sus dos auditorios. Fue el momento de la primera chapuza; durante casi 20 años el maltrecho Palacio de Congresos siguió funcionando, pero con la mitad de sus instalaciones tapiadas y cerradas al público. La zona quemada se cerró y jamás se arregló (¡alucinante!). Eso hace que una generación de madrileños crea que es mucho más pequeño de lo que es en realidad. Esa situación surrealista lejos de mejorar y solucionarse empeoró en 2012, ya que, con la tragedia del Madrid Arena reciente, un informe técnico del Ayuntamiento dictaminó que sus instalaciones no cumplían la normativas de seguridad, y así quedó clausurado en su totalidad. En principio era una medida excepcional y temporal, se cerraría “3 meses para acometer las reformas necesarias” para abrirlo de nuevo.

En la práctica ¡seis años después! esto no ha sucedido, siendo una vergüenza para todas las administraciones que en ello intervienen. Según denunciaba ‘El Confidencial’ en 2014, el coste de tener cerrado el edificio rozaba los 2 millones de euros anuales en el absurdo de mantener 28 puestos de trabajo sin ocupación alguna .

Desde el Ayuntamiento se exigió a Turespaña –organismo nacional de Turismo, que gestiona el recinto propiedad de Patrimonio Nacional–, un proyecto que cumpliera con el Código Técnico de la Edificación, por lo tanto, dada la deficiencia de sus instalaciones, una rehabilitación integral del edificio.

Madrid es una ciudad que necesita más y mejor turismo. Y muy especialmente turismo de compras de lujo y de congresos. La ciudad ocupa el quinto lugar en el ‘ranking’ mundial de celebración de congresos internacionales, pero se ve estancada en su crecimiento. Faltan infraestructuras. La cuota nacional es el 43% de las ferias internacionales que se celebran en España. En los últimos años apenas se ha mejorado y es necesario revitalizar ese posicionamiento atrayendo nuevas oportunidades. Hay mucho margen de mejora.

Ifema ha sido un motor histórico en este campo, pero en los últimos años ha aportado pocas novedades. La nueva gestión bajo la dirección de Clemente González Soler, ha demostrado capacidad para poder continuar con las ferias existentes en los recintos feriales, pero del mismo modo, no ha demostrado ser capaz de atraer a las grandes ferias internacionales que han ido apareciendo en la última década. Hoy, Ifema no sólo gestiona los recintos feriales, sino que además según ha declarado la Alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, se hará cargo del Palacio Municipal de Congresos de Campo de las Naciones. Este acuerdo se firmará por 25 años y dada su ubicación geográfica, junto a los recintos feriales, parece tener sentido.

Pero el Palacio de Congresos y Exposiciones en el Paseo de la Castellana tiene un atributo singular, diferente a los anteriores; su ubicación en pleno corazón financiero de Madrid. Esta ciudad no se puede permitir tener cerrado un generador de valor como este. Pero tampoco parece la mejor solución estar bajo el control de Ifema, siempre dependiente del mangoneo político de turno, como único gestor de las infraestructuras de ferias y Congresos, sin que haya competencia.

La competencia es básica para atraer nuevos eventos y generar riqueza, y Madrid está quedándose estancado en este campo. No hay que ir a Oxford para entender eso.

Los gestores de las administraciones públicas viven históricamente acomodados, podríamos decir que son “despachadores” de eventos. La empresa privada, a la que se impondría un canon por la infraestructura, tendría que salir a rentabilizar y vender, a traer nuevas ferias y acontecimientos a la ciudad, que anda necesitada de los mismos. Hay que rejuvenecer las ferias históricas, algunas de las cuales muestran signos de agotamiento sin que aparezcan otras que tomen el relevo.

El desastre de la gestión de Turespaña

En 2015, Turespaña elaboró junto el Ayuntamiento del Partido Popular un plan para revitalizar el proyecto. Se diseñaría un nuevo y ambicioso Palacio de Exposiciones y Congresos, de 4 plantas en altura y cinco subterráneas, y como colofón un emblemático hotel de cinco estrellas y 17 plantas. Sí, un rascacielos en frente del Bernabéu. Un proyecto bonito pero absurdo, era una chapuza de tal calado que se saltaba toda normativa vigente. Alteraba la protección del edificio vigente desde el año 2004. Por ese motivo fue denunciado por una simple comunidad de vecinos cercana, y el Tribunal Superior de Justicia de Madrid lo tumbó definitivamente en 2016. La chapuza había sido tan evidente, que no era ni defendible, por lo que Turespaña, bajo la dirección de la secretaria de Estado de Turismo, Matilde Pastora Asían González no quiso siquiera recurrir la sentencia.

Para la gestión del Palacio de Exposiciones y Congresos de Madrid han manifestado interés al menos dos entidades. Se trataba de Ifema y del Grupo francés GL Events, (que gestiona 40 instalaciones similares en todo el mundo y factura con ello más de 950 millones al año). Los dos operadores competían por quedarse la gestión de la icónica infraestructura.

Lo razonable en estos casos, sería un concurso público internacional, abierto no sólo a los dos contendientes, sino a los mejores operadores por todo el mundo. Pero de manera lamentable, se han acabado por confirmar las sospechas que circulaban por la capital durante meses. Se estaba jugando con las cartas marcadas: había un ganador previo, y este era Ifema. Turespaña no tenía el más mínimo interés de que hubiera una competición limpia y que la infraestructura pudiera caer en manos que no controla.

Era un secreto a voces que Turespaña, con nocturnidad y alevosía, había decidido entregar el Palacio de Exposiciones y Congresos a Ifema sin que hubiera concurso público

Y el ganador es… ¡nuestros amigos de Ifema!

El pasado día 18, en el marco de Fitur, es decir, en Ifema, el ministro del ramo, Alvaro Nadal, se congratulaba del acuerdo y presentaba a Ifema como gestor durante ¡los próximos 50 años! de la infraestructura. Eso nos deja en una posición surrealista en un hipotético escenario de mala gestión. Si Ifema lo hace mal (en el Palacio de Congresos de Campo de las Naciones no parecen estar demostrando lo contrario), tendremos que aguantar su gestión en esa infraestructura 25 años y 50 en la nueva del Paseo de la Castellana. Todo muy limpio, muy ético y muy razonable.

La “noticia” ha sido celebrada por el Ayuntamiento de Madrid, la Comunidad, CEIM y el Ministerio de Turismo. Políticos alegrándose de que el control quede en manos de políticos, no de la empresa privada. Las pocas voces críticas contra “el dedazo” han llegado de la sociedad civil, en concreto de Madrid Foro Empresarial

Se trata de un error descomunal, un atentado contra el libre mercado y la competencia. Y eso es posible porque al ser Ifema un consorcio público-privado (Ayuntamiento de Madrid, la Comunidad de Madrid, la Cámara de Comercio e Industria y la Fundación Obra Social y Monte Piedad de Madrid), se le puede designar como gestor sin necesidad de concurso público. Desde el Ministerio de Turismo por lo tanto no había interés en hacerlo de otra manera. Siempre es cómodo dárselo a dedo a tus primos hermanos.

Sí, aunque parezca increíble, vivimos en un escenario en el que para licitar el papel higiénico de un ministerio por más de 18.000 Euros debe haber un concurso público. Pero se puede dar a dedo, de forma arbitraria durante medio siglo una infraestructura pública que debería generar cientos de empleos, y cientos de millones de euros de beneficios tanto para su operador, como para la ciudad. Que este tipo de conchaveo sea legal, no quiere decir que sea ético, coherente ni mucho menos bueno para los madrileños. ¿Qué es mejor, que el Palacio de Congresos sea gestionado por la misma empresa de siempre, o que venga alguien -sea quién sea-, y eso incremente la variedad y la competencia?

Para los madrileños, y para el desarrollo económico de la ciudad, la respuesta es evidente. Parece que nuestras autoridades políticas lo ven de otra manera y se frotan las manos ante la posibilidad, poco habitual últimamente, de licitar a dedo, como en los viejos tiempos, y sin afrontar problemas legales por ello, dada la singular condición de Ifema.

Todo ello consuma una enorme tomadura de pelo a los madrileños. Lo razonable, lo ético y lo mejor para la ciudad era convocar un concurso internacional, que se presentaran los mejores operadores a nivel mundial. Esta ciudad lo requería y lo merecía. Y por supuesto también debería haberse presentado Ifema, y debería haber competido en igualdad de condiciones con el resto de propuestas. Es una oportunidad perdida no haber podido determinar cuál es mejor proyecto para la ciudad y poder elegir entre las mejores condiciones. Con luz y taquígrafos. ¿Acaso no lo ha entendido, o es de eso de lo que se felicita el ministro Nadal?

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Ifema en los últimos años ha demostrado una gestión razonable de los recintos feriales, aunque meramente continuista. Ha aportado pocas novedades y generado pocas alegrías tras décadas de éxito al calor de la creación de las grandes ferias.

En cuanto a la gestión del Palacio Municipal de Congresos está siendo decepcionante y le queda mucho recorrido por delante. Con ese bagaje no tiene sentido alguno entregarles una nueva infraestructura, y mucho menos por un periodo tan absurdo. No se puede hacer presos a todos los madrileños de caprichos políticos a tan largo plazo.

Un Ifema más grande es más presupuesto, más gasto e indirectamente más posibilidades de colocar alguna cara amiga en un puesto de consejero, calentito y magníficamente remunerado. Los mismos que hoy deciden entregárselo a Ifema por el artículo 33, en los próximos años podrían estar premiados trabajando para el consorcio, o en el mismo Palacio de Congresos, y eso, legal o no, es además de previsible lamentable. Y lo peor de todo, es que sucederá. Tiempo al tiempo.

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