Hay entrenadores personales y luego está Iván Perujo. Durante más de veinte años, este exdeportista ha trabajado en las sombras de los grandes, moldeando los cuerpos y escuchando los silencios de quienes lo tienen todo. Futbolistas del Real Madrid en su época más gloriosa, presidentes de gobierno, ministros, empresarios del top tres de Forbes en España y miembros de familias reales de Emiratos Árabes han decidido entrenar con el. Su historia no es la de un entrenador de élite al uso; es la de alguien que aprendió que el físico importa mucho menos de lo que parece.
Perujo no llegó a ese universo por casualidad ni por un golpe de suerte. Lo construyó despacio, con lealtad y discreción como únicos pasaportes. Primero llegó al mundo del arte, luego a la música, después al empresarial y finalmente al político. Cada escalón fue el resultado de la confianza que nunca traicionó, aunque le ofrecieran cheques en blanco para hablar.
El secreto de entrenar a los más poderosos: psicología antes que músculo

Cuando se le pregunta qué le diferencia del resto de profesionales del sector, Perujo no se atribuye ningún don especial. Asegura que la clave no es ser el mejor entrenador del mundo, sino saber leer a las personas antes de pedirles una sentadilla. Con el superequipo del Real Madrid que formaban Bale, Cristiano, Ramos, Casillas y Casemiro, entrenó durante varios años en Valdebebas. Llegó porque Guti y Carvajal avalaron su perfil ante Walter Di Salvo, el preparador físico italiano del club. A partir de ahí, todo fue un proceso de pruebas, adaptación y confianza ganada a pulso.
Lo que aprendió en esos años lo trasladó después a empresarios que aparecen en portadas de revistas financieras y a políticos que toman decisiones que afectan a millones de personas. Con todos ellos, la dinámica era parecida: llegaba dispuesto a entrenar y en ocasiones terminaba sentado en la punta de la cama mientras el cliente se tomaba el café y decidía que ese día no tenía ganas.
«Hago de saco de boxeo», admite entre risas. «Les cuento mis películas, me preguntan adónde voy, con quién entreno, y se salen un rato de su mundo». La conclusión que sacó después de dos décadas es tan sencilla como demoledora: la gente poderosa no busca un objetivo físico cuando decide entrenar; busca una fuga.
Metodología y alimentación: la fórmula de entrenar que consigue resultados reales
Más allá del plano emocional, Perujo trabaja con una estructura muy concreta a la hora de entrenar. Toda colaboración arranca con una valoración inicial que combina pruebas físicas, informes médicos y un análisis nutricional. A partir de ese diagnóstico tridente, diseña programas trimestrales que se revisan cada quince días. Esa periodicidad no es caprichosa: la eligió porque la gente es cortoplacista por naturaleza, y darle objetivos lejanos equivale a perderla antes de empezar.
Su método más reconocido para entrenar es el Reto 60 días, un programa que ha aplicado a más de cinco mil personas con un porcentaje de éxito del noventa y siete por ciento. Quien abandona no falla por el esfuerzo físico, sino por la exigencia mental que implica resistir durante dos meses. Para quienes lo completan, los resultados son siempre los mismos: pérdida de peso, mejora del contorno y una calidad de piel notablemente diferente.
Sobre la alimentación, Perujo es tajante. Sostiene que la sobreestimulación de alimentos es el principal enemigo del bienestar moderno y que comemos, como mínimo, el doble de lo que necesitamos. Su propuesta es una base proteica sólida con carne magra y pescado, mucha hidratación, aguacate como grasa saludable y una estructura de lunes a viernes sin escapatoria.
El fin de semana cede algo de margen porque sabe que exigir la misma intensidad los siete días es la manera más rápida de fracasar. «El que me falla de lunes a viernes ya me está diciendo que el ochenta por ciento del reto no lo va a cumplir», explica.
Entrenar con Iván Perujo no es solo mover el cuerpo. Es, en muchos casos, el único momento del día en que alguien que vive en una jaula de oro puede bajar la guardia y hablar sin miedo. Eso, con todo el dinero del mundo, resulta imposible de comprar en otro lugar.






